ASEGURAN QUE NO HAY BROTE DE MENINGITIS
El fallecimiento de tres chicos como consecuencia de meningitis en Buenos Aires preocupó a la población porteña y puso en alerta a muchos padres en todo el país.
En el hospital Orlando Alassia dos niños -de uno y dos años- fueron hospitalizados al comprobarse que poseían meningitis por haemophilus influenzae y por neumococo. “Los dos pacientes que tenemos internados no tenían la bacteria del meningococo que es la que está causando tanto ruido en Buenos Aires”, señaló el Dr. Miguel Candioti, director asociado del nosocomio santafesino, quien informó que hoy fue dado de alta uno de los niños.
El médico sostuvo que no se puede hablar de brote “ni mucho menos de epidemia” porque sólo hubo cuatro casos de meningitis bacteriana en lo que va del año. “Dos se dieron este mes y otras dos en enero y fueron por gérmenes distintos. Es decir, que no tienen ninguna relación entre ellas como para pensar que puede haber un brote”, aclaró Candioti.
De los 32 pacientes que llegaron al hospital con la enfermedad, 28 tenían meningitis de tipo viral que “no requieren de la realización de tratamiento antiviral y se los interna para controlar los síntomas con los que llegan: vómitos, temperatura o dolor de cabeza. Este tipo de meningitis es la más frecuente y la más benigna”, explicó el Dr. Gustavo Ezcurra, Jefe de Infectología.
La que sí puede generar consecuencias es la meningitis producida por bacterias. “El meningococo, que aparece en forma esporádica o en casos de epidemias, es la clase menos productora de secuelas pero puede generar una infección fulminante, provocando la mortalidad rápida. En el caso de que provoque secuelas, es un poco más frecuente en neumococo o en haemophilus influenzae, éstas pueden ser de tipo neurológicas (convulsiones, parálisis cerebral o retardo mental) o trastornos auditivos”, explicó el Dr. Gustavo Ezcurra, Jefe de Infectología del Hospital de Niños.
SÍNTOMAS Y RECOMENDACIONES
Tanto la meningitis viral como bacteriana producen algunos de estos síntomas: fiebre, vómitos, dolor de cabeza, rigidez en la nuca y en algunos casos la aparición de petequias (puntos en la piel).
“En el caso de los lactantes pueden tener decaimiento, rechazar el alimento o mostrarse desconectados del medio”, dijo el Dr. Candioti.
La recomendación es no alarmarse, “ya que también son síntomas de otras enfermedades”, y recurrir lo antes posible al médico.
De comprobarse que el niño ha contraído meningitis por meningococo o haemophilus influenzae “hay que actuar sobre los familiares y sobre quienes tuvieron contacto con el chico durante algunas horas haciendo un tratamiento con antibióticos durante dos o cuatro días. En el caso de la meningitis por neumococo no es necesario ningún tipo de profilaxis”, sostuvo Candioti.
Las bacterias se transmiten siempre “de persona a persona o a través de algo que vehiculice las secreciones de una persona hacia otra, pero no por los edificios. Esto de fumigar, cerrar la guardería, lavar con lavandina y todo este tipo de cosas son medidas que no hay que tomar. Los jardines se deben cerrar o restringirse el ingreso en caso de que haya un brote importante dentro de esa misma institución”, informó Candioti.
VACUNACIÓN
Ezcurra señaló que la única vacuna incluida en el Calendario Oficial para prevenir la meningitis es la cuádruple, que protege contra un solo tipo de bacteria (haemophilus influenzae) y que los chicos deben recibir a los dos, cuatro, seis y 18 meses. Gracias a esta política, la tasa de ocurrencia de la enfermedad descendió abruptamente en Santa Fe y el país. “En la Argentina la vacuna se incorporó al Calendario Oficial en 1998 y en el Hospital pasamos de tener 18 casos en 1996 a tener uno en el 2000, otro en el 2003 y uno en el 2006”, dijo Candioti. En tanto a nivel nacional las cifras cayeron de 1.000 casos en 1993 a menos de 200 en el 2004 y la tendencia continúa en descenso.
El titular del Programa de Epidemiología del Ministerio de Salud de la provincia, Dr. Nicolás Mocarbel, recordó cuáles son las vacunas correspondientes al Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) que permiten prevenir los diferentes tipos de meningitis que, en algunos casos, traen aparejadas ciertas enfermedades.
Explicó que la vacuna BCG cubre al recién nacido de la meningitis tuberculosa, que debe ser aplicada antes de que salga de la maternidad; la Sabín (contra la parálisis infantil) protege de padecer síndromes febriles neurológicos infecciosos agudos complementarios.
En tanto, reseñó que durante la segunda mitad de la década de 1990 se incorporó al Calendario Nacional de Vacunación la vacuna Triple Bacteriana (contra la difteria, el tétanos y coqueluche), que sumó la inmunización contra haemophilus influenzae tipo B, una de las meningitis bacterianas más frecuentes hasta entonces. Sin embargo, aseguró que -a partir de esa cobertura- esta enfermedad comenzó a convertirse en una rareza y se daba sólo esporádicamente, cuando un niño no estaba vacunado completamente o nunca había recibido las vacunas.
Por otra parte, Mocarbel planteó que, al año, los niños deben aplicarse la vacuna para prevenir la hepatitis A (que rara vez puede causar meningitis) y la Triple Viral (contra el sarampión y la parotiditis). En relación a esta última enfermedad (comúnmente llamada paperas), mencionó que puede hacer un cuadro agregado de meningitis o meningoencefalitis de causa viral.
En otro orden, el titular de Epidemiología precisó que el sarampión -enfermedad de la que no se dan casos en el país desde principios de 2000 gracias a la cobertura conseguida con la vacuna correspondiente- podía agregar al cuadro clínico una complicación con encefalitis, muy temida sobre todo entre los más pequeños.
Por otra parte, Mocarbel informó que -además del Programa Ampliado de Inmunizaciones- existen en el mercado otras vacunas preventivas de los diferentes tipos de meningitis (como la por neumococo), pero aclaró que “son selectivas y muchas pueden permitir dar inmunidad a las personas vulnerables, es decir, que tengan un riesgo particular de hacer un cuadro neurológico infeccioso por otra patología”.
Advirtió que “son muy costosas y no se justifica su utilización masiva en la población, ya que deben aplicarse en ciertas personas, motivo por el cual no hay posibilidades de ser incluidas en planes de vacunación globales”.
Por último, Mocarbel insistió en que “la principal prevención de estas enfermedades debe pasar por mantener buenos estándares de salud, sobre todo los niños, y evitar convivir en espacios con personas hacinadas, poco ventiladas”.
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