ASESINAN A UN JOVEN POR DÍA EN EL PAÍS
La creciente violencia juvenil, como la que hace una semana desembocó en la muerte de Matías Bragagnolo, en Palermo Chico, es un fenómeno que preocupa a las autoridades y a la sociedad en general.
Según figura en el último relevamiento elaborado por el Ministerio de Salud y Medio Ambiente de la Nación, los jóvenes de entre 15 y 24 años son los que tienen más posibilidades de morir por causa de la violencia.
En 12 meses fueron asesinados 832 chicos de esas edades, lo que representa el 30 por ciento de todos los homicidios registrados en la Argentina durante un año. En el informe oficial se señala que en el mismo período se registraron 654 muertes violentas de personas de entre 25 y 34 años.
Como Matías Bragagnolo, el joven de 16 años que murió en Palermo luego de ser perseguido por una patota, en 12 meses, 353 chicos de entre 15 y 19 años fallecieron por causas violentas.
La muerte de Matías, ocurrida hace siete días, conmocionó a la opinión pública, entre otras tantas razones, porque ocurrió en uno de los lugares más seguros de la Capital: Figueroa Alcorta y Ortiz de Ocampo y, también, por el perfil de los agresores: chicos de la misma edad que la víctima y que estudian en colegios privados, datos ellos que contradicen las estadísticas oficiales sobre el perfil del agresor juvenil.
Que 353 chicos de entre 15 y 19 años hayan fallecido en un año representa el 12,6% de todos los homicidios ocurridos en la Argentina durante 2003.
El último informe del Ministerio de Salud de la Nación, realizado con datos de 2003 y dado a conocer en 2005, discrimina las edades de las víctimas mortales de las agresiones a partir de datos aportados por todos los hospitales del país.
Por la muerte de Matías hay dos chicos de 16 y 17 años alojados en un instituto de menores, a disposición de la Justicia. La policía, en tanto, busca a otro menor, de 12, que habría intervenido en la gresca. La jueza de menores porteña María Teresa Salgueiro, a cargo de la investigación, apresó al policía de la comisaría 53a. que, según varios testigos, intentó llevarse detenidos a Matías y a uno de los chicos que había denunciado falsamente que la víctima le había robado un teléfono celular.
Si bien la magistrada caratuló la causa como “muerte dudosa”, Marcelo Bragagnolo, padre de Matías, insiste en que su hijo murió a causa de los golpes recibidos durante la pelea que tuvo como participante, en el último tramo, a un agente de la comisaría 53a. Según declararon algunos amigos de la víctima, el uniformado tomó a Matías y lo arrojó al piso violentamente.
En diálogo con LA NACION, un médico forense, que solicitó mantener su nombre en reserva, dijo respecto de la autopsia que se le realizó a Matías (en la que se asegura que murió por un edema pulmonar) que “un chico que gozaba de un perfecto estado de salud no pudo haber muerto por causas naturales. Hay que tener en cuenta que el edema pulmonar puede producirse por cuestiones externas. Constituye sólo una estrella en un universo de posibilidades”.
Según otro estudio, realizado por la Procuración General de la Nación, las causas penales en las que aparecen menores involucrados en los juzgados de la Capital representan el uno por ciento de la población de chicos menores de 18 años, pues el total en la ciudad es de 669.339 menores y la cantidad de expedientes es de 6619. El 40%, entre 16 y 17 años, y el 37% de quienes cometen delitos, entre 14 y 15 años. El 22% de esas 6619 causas que se instruyeron con menores imputados corresponde a hechos por lesiones dolosas (intencionales), mientras que el 48% de los sumarios corresponde a delitos contra la propiedad. Hubo un solo homicidio en los seis meses que duró ese estudio.
Según fuentes de la Policía Federal, la mayoría de esas lesiones se produce durante grescas ocurridas en zonas de grandes concentraciones de boliches a los que concurren los jóvenes. Allí se realizan operativos para reforzar la seguridad todos los viernes y sábados, especialmente en la zona de Nazca y Rivadavia; en la Costanera, en los arcos de Palermo, y en la esquina de Federico Lacroze y Alvarez Thomas.
“En nuestro país no hay pandillas juveniles, como en América Central, donde se conocen como «Maras» y cuyos integrantes son reclutados a los ocho años y tienen una expectativa de vida que no supera los 17 o 18. Estos grupos son utilizados por bandas de narcotraficantes o también se dedican a robar”, explicó un comisario de la Policía Federal con experiencia en violencia juvenil.
“En la Argentina, las patotas juveniles se forman a partir de los grupos de pertenencia. Por ejemplo, un colegio, un club de barrio o un lugar de encuentro como una plaza o una calle. Estos grupos no se forman necesariamente para cometer delitos, sino para ir a divertirse y desafiar a otros grupos similares para dilucidar a los golpes cuál es el más guapo”, agregó el jefe policial.
Uno de los casos más notorios sobre patotas juveniles apareció vinculado con la barra brava de San Lorenzo. Se trató de la banda de “la Butte”, que se juntaba en el pasaje Butteler, en Boedo. “En los grupos que se forman en nuestro país la agresión se puede masificar. Ninguno de los que interviene en la pelea quiere matar, pero pueden ocurrir casos fortuitos con consecuencias no deseadas. Como en el caso en el que murió Matías”, concluyó el comisario.
Sobre los motivos que pueden provocar una pelea hay una lista de excusas generalmente falsas, como que alguien intentó conquistar a la novia de uno de los chicos de la patota o como el robo de un celular. Tal como ocurrió con la patota que persiguió a Matías.
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