ASÍ EN LA VIDA COMO EN LA ESCENA
Selva Alemán y Arturo Puig son uno de los matrimonios más sólidos de la comunidad artística, a tal punto que se animan a compartir un escenario. Ya lo hicieron anteriormente y no con un texto fácil como fue “Cristales rotos”, de Arthur Miller.
En esta oportunidad se arriesgan con “¿Quién le teme a Virginia Woolf?”, de Edward Albee, obra que marcó un hito en la dramaturgia contemporánea de la década del 60.
Se representó en otras oportunidades, pero siempre se recuerda el estreno en el país, en 1964, en el teatro Regina, en manos del Centro de Arte Dramático, con Miriam de Urquijo, Ignacio Quirós, Selva Alemán y Emilio Alfaro, en una adaptación de María Luz Regás y la dirección de Luis Mottura, y hubo otra versión, también en el Regina, con Juan Carlos Gené, Cipe Lincovsky, Ana María Picchio y Adrián Ghio, dirigidos en esa oportunidad por David Stivel.
En esta versión, cuyo estreno está previsto para abril o mayo, y también en el Regina, acompañan al matrimonio Alemán-Puig Eleonora Wexler y Juan Navarro Gil, con dirección de Luciano Suardi.
La pieza propone una visión de las relaciones humanas en su forma más compleja y destructiva. George y Marta son un matrimonio de mediana edad cuya virtud particular es destruirse el uno al otro, con las palabras y en los momentos precisos para hacerlo. Con unos recursos mínimos, todo transcurre casi por completo en una casa, en una noche, con cuatro personajes solamente.
La pieza de Albee, autor ya famoso en el momento de su estreno en Broadway gracias al éxito de “Historias del zoo”, dinamita las relaciones que un mundo deshumanizado amenaza cada vez más. Los juegos descarnados que el matrimonio de George y Marta deshilvana en una sucesión agónica, ante la joven pareja de Nick y Honey a lo largo de una auténtica noche de terror, dicen del desequilibrio no sólo de la vida aburrida e incolora de una universidad norteamericana, sino del modo en que la sociedad se acostumbró a derribar lo que las costumbres aseguran como valores sagrados frente a esa línea a veces delgada que separa al animal del hombre.
Ganador del premio Pulitzer por este drama en tres actos, Albee, junto a Ernest Lehman, fue tentado por Mike Nichols para realizar, en 1966, la versión cinematográfica, interpretada por Richard Burton, Elizabeth Taylor (Oscar a la mejor actuación femenina, el segundo de su carrera, por este papel), George Segal y Sandy Dennis.
Ni siquiera Hollywood, con su a veces edulcorada manera de releer los clásicos de la escena, pudo arrebatarle al ácido texto de Albee su calidad transgresora, su poder desacralizador, que toma el pretexto de una frase ligado al nombre de la célebre narradora inglesa, muestra otras maneras de suicidios. Bien podría decirse que sus personajes, como la autora de “Orlando”, entran a escena con los bolsillos llenos de piedras. Sólo les resta sumergirse en esa oleada de agresiones verbales y físicas que los dejará de igual forma aniquilados.
UNA PIEZA EMBLEMÁTICA
Para encarar el trabajo de ensayo, Selva Alemán tuvo primero que terminar con sus grabaciones en televisión para “Hombres de honor”.
La pieza, estrenada en Broadway en 1962, con Uta Hagen y Arthur Hill, también tuvo su nueva versión en marzo de 2005, con Kathleen Turner y Bill Irwin, en los papeles principales, los mismos que, a partir del 31 de enero de este año la están presentando en Londres (en el West End, el estreno se realizó en 1962, con David Suchet y Diana Rigg).
Aprovechando la reposición de la obra en Broadway, el matrimonio Alemán-Puig viajó a Nueva York para ver esta nueva versión. Luego volvieron y comenzaron con el trabajo de mesa (la lectura de la obra), para desentrañar los dobleces psicológicos de esta pareja tan particular.
Todo lleva a presuponer que su condición de matrimonio hace que los ensayos se extiendan al hogar, pero nada de eso sucede, como confirman los protagonistas.
“A veces comentamos el trabajo -anticipa Puig-, pero no significa que el ensayo continúe en casa.”
Obra difícil como pocas, no es fácil encontrar el elenco idóneo para dar vida a personajes que se distinguen por su grado de violencia, agresividad y destrucción.
Puig: -Es una obra que dio muchas vueltas y finalmente recayó en nosotros. En un principio nos había llamado Santo Biasatti para hacer una obra, pero finalmente compró los derechos de “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” y nos ofreció hacerla en lugar de la otra. Nos pareció bárbaro.
Alemán: -Recuerdo el estreno. Fue la reapertura del teatro Regina con la dirección de Luis Mottura. Ya han pasado casi cuarenta años. Para mí es un volver a vivir toda aquella experiencia, claro que ahora en el papel de Marta.
Curiosamente, Selva Alemán es una de las pocas actrices que puede jactarse de haber hecho dos veces la misma obra en distintos personajes, una de ellas fue Eva Franco en “Barranco abajo”, donde interpretó a la joven y a la madura.
“Por un lado es atractivo -reconoce la actriz-, pero por otro es un riesgo.”
-¿La obra tiene vigencia?
Selva: -Es una de las preguntas que nos hicimos.
Arturo: -Lo que pasa ahora, aunque antes también lo tenía, es que se ha convertido, en algunos momentos, en una obra muy divertida, porque es tal la agresión que se vuelca en el escenario que provoca risa. Especialmente por los bocadillos de mi personaje, y el público acepta el humor con naturalidad, aunque también se compromete en las partes emotivas. Bueno, lo que pasa es que la obra está escrita como los dioses.
Selva: -En definitiva, la obra es un muestrario de dos relaciones de pareja enfermas, muy belicosa. Pero esto también forma parte de las relaciones humanas.
Arturo: -George y Marta son brutales. Pocas veces encontré un personaje tan difícil como el de George.
Según anticipan los protagonistas, las acciones de “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” se desarrollan en los años 60, como en el texto original, pero no quita que tenga una lectura actual.
-¿Resulta difícil compartir la vida y el teatro?
Arturo: -No ahora.
Selva: -Al principio, sí.
Arturo: -En los primeros trabajos juntos nos peleamos tanto que después de reflexionar largo tiempo decidimos no hacerlo más.
Selva: -A partir de “Cristales rotos” nos llevamos muy bien. Bueno, ésa también es una obra…
Arturo: Ahora sólo trabajamos juntos cuando se trata de personajes que son pareja o matrimonio, porque si no pienso que la gente no se lo creería. Si se trata de otro tipo de relación, prefiero trabajar con otra actriz.
Selva: -La gente nos asocia tanto como marido y mujer que creemos que si la gente no nos ve como matrimonio perdemos credibilidad.
Arturo: -Somos un matrimonio maduro y actuamos en esos papeles.
Selva: -Así la gente pierde esa imagen de que somos un matrimonio perfecto, porque no lo somos. Nos peleamos como cualquier matrimonio normal porque son lógicas las discusiones, pero nos llevamos bien.
-¿Cómo llega Luciano Suardi a la dirección?
Selva: -Fue algo en conjunto. Tiene que ver con la experiencia de Arturo en “Panorama desde el puente” [dirigida por Luciano Suardi], donde me había gustado mucho el trabajo de Luciano. Ya había vistos otras puestas y además tenemos amigos en común que también trabajaron muy bien con él.
Arturo: -También fue una decisión del productor, que lo había visto en “Panorama desde el puente”.
Ahora empieza el tiempo de descuento, la cuenta regresiva que le llaman, y ambos, liberados de otros compromisos, entrarán en la piel de Marta y George para destrozarse noche a noche y luego encontrar el alivio que representa volver la armonía de una realidad que los mantiene juntos desde hace muchos años.
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