ASTORI GENERA LOS PRIMEROS ROCES DE LA IZQUIERDA URUGUAYA
Cuando falta menos de una semana para asumir el gobierno del Uruguay, la coalición de izquierda Frente Amplio comenzó a sufrir los roces internos de los grupos que integran la alianza política creada en 1971. Los problemas no se generan en torno a hechos de la gestión de gobierno que se inicia el 1° de marzo, sino en el contexto de las elecciones municipales que se realizarán el 8 de mayo en todo el país.
Ese día se eligirán los ejecutivos y legislativos de los 19 departamentos del país. Desde 1990, la izquierda gobierna la intendencia de Montevideo y este año aspira a ganar las elecciones en algunos departamentos del interior, por ejemplo, en Canelones (el segundo en importancia en población) y en Maldonado (que comprende Punta del Este y maneja una voluminosa recaudación de impuestos).
Aunque los roces entre los grupos de izquierda se expresan sobre alianzas electorales para mayo, en el fondo del debate está el giro al centro que ha dado el presidente electo, Tabaré Vázquez, al confiar la política económica al senador Danilo Astori, que lidera el espacio más moderado del Frente Amplio.
Por un lado, Astori encabeza la renovación de la izquierda y su programa económico no marca un quiebre drástico con las propuestas de los partidos tradicionales. Para el futuro ministro de Economía, la prioridad pasa por generar un ámbito propicio para la inversión privada, a fin de lograr crecimiento económico, y que las políticas sociales estén sujetas a un estricto control del gasto público.
Astori no está dispuesto a usar la política cambiaria para favorecer a los exportadores y tampoco es partidario de utilizar mecanismos de política comercial proteccionistas, salvo en casos de competencia desleal. Y como si esto fuera poco, es proclive a permitir la competencia en los mercados que operan las empresas públicas monopólicas, lo que para la izquierda han sido como “vacas sagradas” que no pueden tocarse, bajo el argumento de “la defensa del patrimonio nacional”. Incluso es partidario de la asociación con empresas privadas, algo a lo que la izquierda se opuso mediante el mecanismo constitucional de referéndum. Así, pudo impedir privatizaciones parciales impulsadas por los gobiernos de Luis Lacalle y Jorge Batlle.
Todo esto que impulsa Astori con entusiasmo no es fácil de tragar por parte de los sectores de la izquierda tradicional que durante décadas se opusieron a la desmonopolización, a la privatización de entes, y que reclamaron permanentemente aumento del gasto para atender a sectores como la educación, la salud, la Justicia y los ámbitos de investigación, entre otros. La protección a la producción local mediante impuestos a los bienes importados ha sido otro reclamo histórico, que incluso importantes dirigentes de la izquierda han hecho luego de la victoria electoral.
La línea moderada de Astori genera resistencia de los dirigentes de partidos marxistas y también del Movimiento Tupamaro, que en octubre tuvo la lista más votada del Frente Amplio. El malestar con Astori aumentó en las últimas semanas cuando éste armó su equipo económico con técnicos de su confianza e incluso vetó con firmeza la propuesta de un economista tupamaro para presidir el Banco República, la institución financiera más grande del país y 100% estatal.
La consecuencia de los roces políticos derivó en la conformación de un sublema electoral que en la interna de la izquierda se menciona como “todos contra Astori”. La alianza para las elecciones municipales incluye al Movimiento Tupamaro, el Partido Socialista, el Nuevo Espacio (del senador Rafael Michelini), la Corriente Popular (ex blancos), y aspira a incorporar al Partido Comunista.
Dirigentes de Asamblea Uruguay, el sector de Astori, dijeron que “es preocupante” lo que está ocurriendo en la izquierda y temen que esto repercuta en el gobierno nacional. A mediados de año comenzará la discusión en el Parlamento del presupuesto, y los sectores que discrepan con Astori quieren atender reclamos de aumentos de partida, que el futuro ministro no está dispuesto a conceder.
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