ATENCIÓN PRIMARIA EN LOS BARRIOS
Al año siguiente se puso en marcha el programa de la Dirección de Salud Mental denominado Clínica de la Subjetividad de Atención Primaria de la Salud (APS), con profesionales diseminados en más de 20 barrios de la ciudad -de los tradicionales y los que surgieron después de la catástrofe- y en Recreo.
Melisa Pianetti coordina el grupo de psicólogos y hace un reconocimiento al Estado por incorporar esta disciplina a la atención primaria, y a la comunidad que acompañó una propuesta que se nutre de una construcción permanente y consensuada.
La demanda es grande: medida en números, son más de 500 personas en tratamiento pero a diferencia de la clínica privada, esa cifra se vuelve muy relativa: “cuando se trabaja en APS se hace un trabajo clínico-comunitario, y cuando decimos 500 personas sabemos que la demanda es mucho mayor; no podemos dejar de lado otros dispositivos clínicos como grupos, escuelas” que terminan multiplicando esa cantidad.
“En estos años la comunidad se ha apropiado de nuestras prácticas y eso hace que podamos seguir construyendo”, explica Pianetti. Es que necesariamente el equipo se involucra en los problemas de la comunidad y ésta a su vez ajusta la demanda a lo que realmente necesita. Para que ello sea posible, se tiene en cuenta la idiosincrasia -y la cultura- de cada sector que se visita.
En voz alta
En el empeño periodístico por clasificar y encontrar denominadores comunes en la demanda de atención, Pianetti acepta que aparece la “violencia en diferentes contextos, abuso y maltrato, abandono, desnutrición infantil, cuestiones vinculares atravesadas por una conflictiva social importante”. Todos temas que demandan de una lectura, “no sólo desde lo psíquico sino también desde lo social”. La demanda desde las escuelas es grande, “pero no sólo para el consultorio sino para trabajar dentro de las instituciones”.
Además, situaciones que estaban “naturalizadas y silenciadas” comenzaron a ser dichas en voz alta, a través de distintas estrategias y actividades que permiten “mediar las prácticas”, como un taller o un telar.
La inundación sigue apareciendo en el discurso de los vecinos, “y va a seguir siendo así porque hace a sus historias” y a la historia del barrio en que viven.
En las prácticas de APS “el efecto terapéutico no es lo más buscado sino el lazo”, que recompone la vinculación de la persona con sus pares. “Trabajamos para que empiece a haber lugares, para que haya lazos también para las mujeres, una población que en muchos barrios no tienen una actividad fuera de ser mamá”.
Aunque no sea el objetivo primario, esa búsqueda de vínculos y ese fuerte acento en lo comunitario termina teniendo un efecto terapéutico. “En definitiva, también es prevención”.
Más demanda por idénticas razones
¿Creció la solicitud de atención psicológica en la ciudad? ¿Hay denominadores comunes en esa demanda? Ambas preguntas fueron respondidas por el Colegio de Psicólogos (1° circunscripción). Para el primer caso señala que la evolución de la facturación de obras sociales del 2001 al 2004 muestra un aumento -a pesar de una baja en el 2002 por la debacle económica de fines del 2001-: en 2004 se facturó un 50 % más que en 2002. Ahora bien, ¿cuáles son las razones de ese aumento y de qué manera se responde a la demanda?
“En el tema obras sociales, el problema de no tener convenio con Iapos deja sin cobertura a la mayoría de la población, lo que recarga aún más el servicio en los hospitales”, señala un informe elaborado por la Psic. Mónica Niel, del Colegio de Psicólogos. “Es un problema serio a encarar -añade- por lo cual es urgente la reglamentación de la Ley de Salud Mental de la provincia en pos de que haya equipos en todos los hospitales y posibilidad de internación en crisis de las patologías más graves”. De esta manera, aporta, se podría avanzar en el objetivo de la “descentralización de la atención, haciendo hincapié en la desmanicomialización del sufrimiento mental”.
En cuanto a las razones que motivan el aumento de demanda, “son las mismas que han hecho que se incrementen en todo el país: más consultas por estrés, depresión, angustia, fobias, adicciones dan cuenta de un malestar generalizado al cual contribuyen muchas cosas, la sobreexigencia de la vida moderna, las dificultades familiares, laborales, pero también a veces la obligación de estar bien, que hace que no se soporte nada de malestar”.
También el aumento de consultas tiene que ver con que “la comunidad ha dejado de relacionar al psicólogo con la locura, recurriendo a él ante crisis familiares, de parejas, vocacionales”.
En el caso de las consultas “numerosísimas” de niños derivados por las escuelas y de docentes, se unen razones positivas, “como mayor apertura a incluir la consulta psicológica para resolver dificultades, como otras más preocupantes, como un exceso de diagnosis y patologización de conductas que serían factibles de resolver en las instituciones educativas si, al discurso de aceptar las diferencias, se uniera el arbitrio de medios para que esto sea posible”, como capacitación, grados menos numerosos, creación de cargos de maestros auxiliares.
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