ATLÉTICO SUMÓ UN PUNTO CON SABOR A NADA FRENTE A LANÚS
Después de un alentador comienzo de Atlético, que le tiró el cuerpo encima a un sorprendido Lanús, con dos llegadas consecutivas, el que terminó aplicando el primer golpe fue el “granate”, que en una aparición de su jugador más criterioso, Rodrigo Díaz, encontró la posibilidad de cambiar por gol un penal que el internacional Horacio Elizondo le otorgó tras una acción que dejó margen para la duda, cuando el mediocampista local cayó en el área visitante ante el cruce de Carlos Araujo.
Fue un cachetazo tremendo para la ilusión del visitante, porque Díaz le ganó a las buenas intenciones de Angel Comizzo para someterlo con un remate a media altura que ingresó junto al vertical derecho del arco rafaelino. En el amanecer del encuentro, parecía que se le venía la noche a un equipo con urgencias y que había recibido un prematuro castigo.
Más que nunca, esta vez, los dirigidos por Osvaldo Piazza tuvieron que apelar a su fuerza interior para revertir la historia. Si valía como consuelo la mención, disponía del tiempo suficiente como para intentarlo. Anímicamente, el impacto fue absorbido con una entereza conmovedora. Y todo lo bueno que había insinuado en el arranque, el visitante lo fue ratificando con el transcurrir de los minutos.
Sin demasiados sobresaltos en su última línea, con un mediocampo que mezclaba en una justa proporción entrega y dinamismo, fue acorralando a un rival que sólo podía tomarse algún respiro cuando la pelota llegaba -esporádicamente- a los pies de Rodrigo Díaz.
Un escaso argumento como para neutralizar el aluvión visitante, que acumuló méritos como para estampar la paridad mucho antes del cierre de la etapa inicial. Emanuel Villa no pudo definir en una entrada solitaria frente al oportuno achique de Claudio Flores en la más clara.
Y después, volvió a ganar el arquero uruguayo, para desviar con mano cambiada y desde el ángulo izquierdo, un tiro libre de Gustavo Semino.
Todo era de Atlético, con la personalidad que imponía Fabián Césaro en el medio y con el despliegue de Iván Juárez por derecha y Leonardo Di Lorenzo por izquierda, para alimentar a Villa y Darío Gandín, que por momentos eran incontrolables para una defensa local que sólo era sostenida por el capitán Flores.
De tanto que fue el cántaro a la fuente… terminó llegando el ansiado -y merecido- empate cuando el descanso estaba cada vez más cercano.
Tanto fue así que debió aguardar hasta los 45′ el equipo rafaelino para que la justicia se haga realidad después de tanto despliegue y generosidad. Una salida rápida de Comizzo para habilitar a Hugo Barrientos, fue el inicio de una jugada que llegó sin escalas hasta la posición de Di Lorenzo, para que despache un centro al corazón del área que no pudo conectar Gandín en primera instancia, pero que terminó enviando hacia la red el oportunismo de Villa ante el estatismo de Flores.
Por entonces, Atlético ya era dueño absoluto de la situación. Y si apenas había conseguido un transitorio y angustioso empate en la última acción del parcial, fue porque volvió a desnudar sus limitaciones para definir las situaciones favorables que se le presentaron.
El segundo tiempo, fue más de lo mismo. Aunque el dominio del visitante fue más claro. Impuso su ley en el medio, con Césaro y Barrientos trabajando a puro temperamento y con Araujo formando una sociedad desequilibrante por derecha con Juárez, para empujar cada vez con mayor insistencia a Lanús contra su arco.
Se lo perdió Gandín en una entrada franca por izquierda. Y después, las aproximaciones se sucedieron, cada vez con mayor frecuencia, ante un rival que nunca pudo hacer pie y que se vio desbordado sistemáticamente.
Claro que todo el gasto que realizó Atlético, no tuvo la precisión deseada en los últimos metros del terreno. Y cuando pudo llegar, siempre encontró una respuesta sólida de Flores, que terminó transformándose en el abanderado de la resistencia “granate”. Fue tan abrumador el dominio del visitante en buena parte del complemento, que en muy pocas oportunidades Lanús pudo superar la mitad de la cancha.
El ingreso de Gonzalo Del Bono le puso algo de fútbol a tanto vértigo, pero tampoco alcanzó. Ni siquiera la expulsión de Santiago Hoyos, con veinte minutos por jugarse todavía, le abrió una puerta al gol a un equipo rafaelino que siguió insistiendo hasta el final. Consciente de que el único resultado válido para alimentar sus chances de permanencia era la victoria, la buscó con actitud y decisión. Pero siempre encontró obstáculos infranqueables en su camino. Por un lado, las buenas respuestas de Flores -y en los pasajes finales, también de Ezequiel Carboni- y por el otro, la falta de claridad para liquidar el pleito.
La ineficacia en determinadas situaciones y el egoísmo en otras, terminaron resintiendo las posibilidades de victoria para un equipo que ve cada día más acotado su margen de error.
Como tantas otras veces, Atlético no supo ganar ayer un partido que le resultó claramente favorable en casi todo su desarrollo. Y lo pagó demasiado caro. Tanto que el punto rescatado, tuvo sabor a nada, más allá de que se haya sumado como visitante.
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