ATRAPADA EN SU INTERNA, LA CGT MIRA DE LEJOS LA PELEA POR LOS SALARIOS
Atrapada en la disputa interna por el futuro de su conducción, la CGT corre el riesgo de quedar afuera de la pelea por los reclamos de aumentos salariales.
Mientras el camionero Hugo Moyano y los “gordos” liderados por el mercantil Armando Cavalieri se sacan los ojos por ver quién controlará la central sindical a partir de julio, los sueldos permanecen estancados y la protesta es canalizada por gremios que integran la CTA o que no responden a las estructuras tradicionales.
La CGT parece dedicada exclusivamente a sus cuestiones internas. Las reuniones son sólo para ver si Moyano y Cavalieri llegan a un acuerdo en la pulseada por el encuadramiento sindical de un grupo de trabajadores del supermercado Coto o para discutir si el camionero se quedará como único jefe cuando finalice el triunvirato.
El tema de los sueldos sólo aparece bajo el formato de chicanas, en el marco de esas peleas entre los distintos sectores. Como cuando el jefe de Luz y Fuerza, y aliado de Cavalieri, Oscar Lescano, dijo que “Moyano le tiene miedo al Presidente, que lo llamó y le pidió que no hablara más de aumentos de salarios”.
El camionero insiste con un débil reclamo para que se convoque al Consejo del Salario. Siempre concentra sus críticas en el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y se cuida de dejar a salvo a Néstor Kirchner.
La decisión de privilegiar su buen diálogo con la Casa Rosada podría traerle algún problema en el futuro, sobre todo si el Gobierno demora la convocatoria al Consejo del Salario y no otorga nuevos aumentos por decreto. ¿Cómo haría Moyano para explicar ante sus pares la carencia de logros? O, lo que parece aún más difícil, ¿cómo podría evitar que los conflictos gremiales desborden a la CGT?
De haber una suba salarial, en cambio, el camionero intentaría exhibirla casi como un logro personal, fruto de su estrecha relación con el Presidente.
El sector de la central sindical que más resiste a Moyano no pone mucho más énfasis en sus pedidos. Susana Rueda —propuesta por los “gordos” para disputarle al camionero la conducción de la CGT— criticó “la falta de decisión política de parte del Estado para encauzar” los reclamos de aumentos y llamó al Gobierno a reunir el Consejo del Salario. No mucho más.
Como las demandas salariales existen, el lugar que está dejando libre la central de Azopardo comenzó a ser ocupado por otros sindicatos.
La CTA de Víctor De Gennaro —distanciada del Gobierno porque no le otorga la personería— pasó a liderar las últimas protestas y sus dos gremios más fuertes salieron a la calle. El jueves, los estatales pararon para exigir un aumento de 300 pesos en el sueldo básico y el pase a planta permanente de los contratados. El viernes, hicieron lo mismo los maestros de CTERA para pedir mayor presupuesto educativo.
El mes pasado, dos conflictos de alto impacto también estuvieron protagonizados por gremios cercanos a la CTA: el del hospital Garrahan y el de los empleados de LAFSA. En el caso de las recurrentes protestas en los subtes, por ejemplo, los dirigentes pertenecen a partidos de izquierda y nada tienen que ver con las estructuras sindicales tradicionales.
En su ambición de quedarse con el personal de logística de todas las empresas, Moyano pretende agrupar a los sindicatos de acuerdo a su oficio y no ya a su actividad. Esto, según sostienen en el Ministerio de Trabajo, no haría más que perjudicar a los gremios y debilitar al conjunto del movimiento obrero.
A Moyano parece no preocuparle. Hoy, su obsesión consiste en sumar más afiliados y quedar solo en la cima de la CGT. Podrá decirse que así ha construido su poder. Pero en medio de tanta disputa interna, sería recomendable abrir la ventana para ver qué está pasando afuera.
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