AUDAZ GOLPE EN UNA CASA DE FAMILIA
Los integrantes de la familia Schprintz, padre, madre y un hijo mayor, vivieron anoche momentos de terror cuando tres delincuentes irrumpieron -revólver en mano-, en su domicilio de calle Paraguay al 2700.
Alrededor de las 21, una mujer llamó a la puerta de calle y al ser atendida por la dueña de casa le habló de su interés por formar parte en el equipo de ventas que ella dirige. Luego, apenas iniciada esa conversación, dos hombres aparecieron en escena y a empujones se ganaron adentro del inmueble.
Ya dueños de la situación, los ladrones reunieron a los Schprintz -también al perro de la casa-, y de modo brutal fueron al grano: bajo amenazas de muerte les exigieron la entrega del dinero correspondiente a la recaudación mensual que en horas de la tarde habían rendido unas treinta vendedoras de cosméticos.
Entonces, posiblemente porque las víctimas enmudecieron de miedo ó porque no quisieron facilitarles el trabajo, fue que guardaron silencio. Esa actitud habría enfurecido a los malvivientes, tanto que uno de ellos apuntó al pobre perro y le disparó un tiro que no dio en el blanco, pero que fue suficiente para tensar la situación hasta un límite insoportable.
A ese intento de amedrentar a las víctimas siguió un golpe de puño que alcanzó en el rostro al señor Schprintz, pero como de esa manera tampoco tuvieron la respuesta deseada, los ladrones se largaron a buscar por su cuenta y pusieron la casa patas arriba hasta que dieron con el dinero guardado en otra habitación.
Así fue, en líneas generales, lo que anoche vivieron estos vecinos del barrio Roma hasta el momento en que la banda desapareció de la escena cargando con unos 6 ó 7 mil pesos en efectivo y supuestamente, también con algunas alhajas.
Los vecinos dijeron a El Litoral que vieron salir a tres personas de la casa asaltada, las que sin mayor apuro se dirigieron hasta un automóvil, presuntamente un Fiat Duna de color rojo, que habían dejado estacionado a vuelta de esquina.
Los peritos de Jefatura que inspeccionaron el lugar del hecho hallaron incrustado en un mueble el proyectil disparado al pichicho. Lo que extrajeron de la madera fue una ojiva de plomo del 22.
Los dueños de casa dado el estado de confusión y nerviosismo que los embargaba no supieron aportar mayores datos de interés para pesquisa, así que hasta el momento los investigadores cuentan con escasos elementos como para individualizar a los asaltantes a pesar de que éstos en todo momento actuaron a cara descubierta.
Lo que sí salta a la vista es que la banda -cuyos integrantes podrían ser ajenos a nuestro medio desde que se exhibieron ante las víctimas sin ocultamientos-, contaba con información ajusta y precisa acerca del movimiento del dinero, del sitio donde darían el golpe y de las costumbres de la casa.
Vale decir que estos delincuentes podrían formar en una organización que desembarcó en Santa Fe para cerrar negocios previamente iniciados por sus cómplices locales, los que estarían en perfectas condiciones de estudiar y planificar ésta y otras operaciones.
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