Auge xenófobo: la crisis de los refugiados impulsa a la ultraderecha en Europa
La crisis de los refugiados amenaza con pulverizar el sueño de generosidad que forjaron en 1956 los padres fundadores de la unidad europea. El abandono de esos valores pareció confirmarse con la victoria en Polonia, la semana pasada, del partido de derecha populista y conservadora Ley y Justicia (PiS), que suma ese país al frente antiinmigración que forman Hungría, Eslovaquia, Eslovenia y Lituania.
“Lo peor no es lo que ocurre, sino lo que está por venir”, teme la socióloga alemana Jutta Ditfurth.
Esa prestigiosa académica, que milita en la izquierda ecológica, afirma que la crisis de refugiados dio un impulso inesperado a las ideas racistas, xenófobas e intolerantes que vehiculan los partidos de la ultraderecha europea.
La acelerada orientación xenófoba y racista que toma Europa desde que la ola de migrantes empezó a llegar a Europa -a comienzos de 2014- viola los principios que enunciaron el alemán Konrad Adenauer, el italiano Alcide De Gasperi, el belga Paul-Henri Spaak, los franceses Jean-Monnet y Robert Schuman, el luxemburgués Joseph Bech y el holandés Johan Willem Beyen hace 59 años, cuando crearon la CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero), embrión de la actual Unión Europea (UE).
La gran mayoría de los partidos de extrema derecha en la UE creció alimentada por la crisis económica que comenzó en 2007. El ingreso de más de 700.000 migrantes desde principios de año -según las estimaciones de la ONU- consiguió desestabilizar por completo a este bloque de 28 países, en el cual viven 508 millones de personas.
En esa lista de la intolerancia figuran Amanecer Dorado en Grecia, el Fidesz en Hungría, Alternativa para Alemania (AfD), el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders en Holanda, el Partido por la Independencia de Gran Bretaña (UKIP), el FPÖ en Austria, el Partido Popular en Dinamarca, los populistas de Cinco Estrellas y la derecha xenófoba de la Liga del Norte en Italia, el Frente Interés Flamenco (ex Vlaams Blok) en Bélgica y los Demócratas Suecos. En Suiza, país que no pertenece a la UE, las recientes elecciones del 18 de septiembre mostraron un fuerte crecimiento de la Unión Democrática del Centro (UDC), partido de derecha populista antiinmigración y hostil a la Unión Europea.
Giro brutal
El resultado de las elecciones en Polonia no es insignificante porque se trata de la primera vez, desde el fin del comunismo, que un partido se asegura la mayoría absoluta en el Parlamento de ese país. Para alcanzar esa victoria sin precedentes, Jaroslaw Kaczynski -hermano del ex presidente Lech, muerto en un accidente de aviación en 2010- no vaciló en pronunciar frases como “los refugiados traen el cólera, parásitos y otras enfermedades”.
Por otro lado, el triunfo logrado con esas consignas traduce el fuerte sentimiento de rechazo que hay en ese país -mayoritariamente católico y practicante- contra los refugiados y en particular con los musulmanes.
Ese brutal giro de Polonia hacia posiciones de derecha nacionalista añade otro elemento de fricción a las difíciles negociaciones entre los miembros de la UE para tratar de encontrar una respuesta común a la crisis de los refugiados.
La principal víctima de esa situación podría ser el espacio Schengen de libre circulación en Europa, que constituye uno de los principales avances logrados en el proceso de unificación.
Como el PiS polaco, casi todos los partidos de extrema derecha europeos consideran que la integración de sus respectivos países a la UE significa una “pérdida de soberanía”. En ese sentido, Kaczynski comparte los argumentos que enuncia el primer ministro británico, David Cameron, para justificar su proyecto de Brexit (salida británica de la UE).
Obsesivamente tradicionalistas, temen además que su identidad católica se disuelva dentro de la modernidad laicista que le atribuyen a Europa, como también denuncian la pertenencia o el ingreso al euro. En materia de política internacional están en contra del diálogo y la negociación y consideran que cada país tiene que resolver “solo” sus problemas internos.
Advertencia
Pero el verdadero fiel de la balanza europea podría ser Francia. A seis semanas de las elecciones regionales del 6 y 13 de diciembre, las encuestas señalan que el Frente Nacional (FN) de extrema derecha que dirige Marine Le Pen podría obtener 31% de los votos en primera vuelta, que sirve -entre otras cosas- para calcular el caudal de cada partido a nivel nacional.
El FN lideró en la elección al Parlamento Europeo de 2014, en las cuales consiguió enviar 39 diputados al Parlamento de Estrasburgo. Una victoria en las regionales tendría escasa repercusión a nivel nacional porque no permitiría modificar los equilibrios institucionales.
Pero ese progreso constituye una seria advertencia en la perspectiva de las elecciones presidenciales de 2017. La llegada del FN al poder, considerada poco probable por los analistas, asestaría un golpe fatal a la UE, pues Marine Le Pen defiende abiertamente la salida del euro y el fin del espacio Schengen.
Los mismos riesgos existen en Alemania, donde un sondeo del instituto Allensbach reveló que la mitad de los alemanes está muy preocupada por la forma cómo se manejará la llegada masiva de refugiados.
Ese contexto favoreció el acelerado crecimiento del partido populista Alternative für Deutschland (AfD), que gana cada vez más adeptos con su posición hostil a la integración de migrantes. En sentido inverso, los dos grandes partidos tradicionales, la democracia cristiana (CDU) y la socialdemocracia (SPD), están perdiendo la confianza de los electores.
Y los signos de alarma se multiplican. La semana pasada en Suecia, un joven mató a dos personas en una escuela invocando su odio a los extranjeros, mientras que, en Alemania, el gobierno no consigue poner fin a los ataques contra refugiados y el incendio de centros que los albergan.
Fuente: La Nación
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