Aula de parto
La madrugada del 19 de abril de 2002, Matilde Machado estaba durmiendo en la casita humilde que las escuelitas rurales suelen tener para sus directoras. Seguro que se durmió pensando en lo de siempre, ese problema eterno de vestir donde no hay ropa, de educar donde hay hambre. El patio de la escuela 854 del Paraje El Colchón ha de haber estado mojado por el rocío y quizás, si había luna, desde un brazo del Bermejito que bordea el establecimiento, se iluminó la bruma.
A las 4 de la mañana, Marta, con el vientre en la mano, golpeó la casa de Matilde. Ella le dijo excusas de ocasión. Que cómo no te diste cuenta de día que estabas por parir. Que ahora no hay auto ni ambulancia para trasladarte. Que con lo que hay en el cuarto que se usa como rincón sanitario no se puede hacer demasiado. Pero Marta, antes que a Matilde, escuchaba las contracciones que en un rato iban a acompañar la llegada de otro bebé toba a la comunidad.
Victoriano, el esposo de Marta, asistió en el parto inminente. Llegó Feralcio, el portero que vive en un rancho del otro lado del agua estancada. Y en menos de lo que canta un gallo, una comadrona llamada María Maidana, como quien hace un trámite fácil o se toma unos mates a la tardecita, fue la partera que hizo alumbrar a Nelson Javier.
Nelson Javier Riera, hijo de Héctor y Marta, tiene dos hermanitos más y uno que falleció. Cuenta 3 años ahora, en el Paraje La Sirenita, donde vive en un rancho con su familia, a 850 kilómetros de Santa Fe y años luz de cómo mandan los derechos humanos que debe vivir una persona. Posa lloroso para las fotos que ni conoce y acepta de buen grado un chupetín que sabe a soborno del fotógrafo. La comadrona María sigue esperando otros partos y el papá trabaja en Bermejito. Matilde sigue enseñando pero ahora en Las Garcitas, otro pueblo-olvido del Chaco.
El 19 de abril, día que Nelson eligió para nacer en el patio de la escuela, es el día del aborigen. Se instituyó en 1940, en el primer Congreso Interamericano Indigenista. Argentina adhirió en 1945, mediante el decreto 7550. Desde entonces, el país que vendió todas las tierras que su Constitución le manda preservar para sus pueblos originarios, es miembro permanente de ese Congreso.
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