AULAS VACÍAS, ANGUSTIA DE CIENTOS DE MILES DE PADRES SALTEÑOS
Aulas vacías. Apenas un puñado de alumnos en patios que les quedan inmensos. Muy pocos maestros. Directoras que están al frente de establecimientos casi deshabitados y que –a estas alturas del año– ni siquiera saben cuántos alumnos tendrán. En los pasillos, las voces hacen eco; se siente la falta de gente.
Este es el panorama de la mayoría de las escuelas públicas de Salta, que provoca incertidumbre y angustia en cientos de miles de familias.
Como consecuencia del paro docente que comenzó el 1° de marzo último, en lo que va del año la mayoría de los chicos ya perdió siete semanas de clases, casi el 20 por ciento del calendario escolar –de 180 días– que todas las jurisdicciones del país se comprometieron a cumplir.
Se trata del conflicto educativo más importante de esta provincia en la última década, y al que ayer, desde Alemania, el ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, calificó de “vergonzoso”.
El problema desvela, sobre todo, a los padres que piensan que sus hijos no van a poder recuperar el tiempo perdido porque, además, se están acostumbrando a vivir “de vacaciones”. En rigor, más de la mitad de los casi 400.000 alumnos salteños no tiene clases desde diciembre de 2004.
Los docentes reclaman un aumento del sueldo básico y la propuesta del gobierno de llevarlo a 300 pesos aún no les convence; quieren más garantías.
Tampoco se ponen de acuerdo en cuál es el alcance real del paro. Según el gobernador Juan Carlos Romero, sólo el 30% está ahora de huelga; para los docentes, esa cifra llega al 70 por ciento.
Pero mientras las autoridades y los delegados de los maestros autoconvocados -un grupo que no responde al gremio- se pelean sin llegar a una solución, y el gobierno nacional y la Iglesia tampoco consiguen una mediación exitosa, hay otro conflicto que se vive en las casas y en los colegios.
Los padres, que apoyaron la huelga en un principio, están empezando a cansarse. Un grupo hasta interpuso un recurso de amparo pidiendo a la Justicia que intervenga.
Quejas de padres
“Estuve levantando firmas para ver si logramos un cambio porque esto se postergó mucho -dijo Sirley de Echechurre, en la puerta de la Escuela N° 4703-. Mi hija tiene sólo dos días completos por semana, el resto los pierde”, agregó con preocupación. Y explicó que muchos papás que trabajan que debieron pedir ayuda a abuelos, o pagar guarderías o niñeras para que cuiden a los chicos mientras ellos se ausentan de sus casas.
“Este paro no es positivo”, se quejó Noemí Santillán, que va todos los días a la escuela de su hijo para preguntar cuándo empieza el primer grado. “Al principio mi hijo tenía mucha ilusión; le compré su mochilita, sus útiles. Ahora está contento con las vacaciones. ¿Cómo van a hacer para darle una buena base?”, se lamentó.
Mientras tanto, en la mayoría de las escuelas de enseñanza media, los chicos también están semiocupados. Deambulan por los pasillos, salen antes de tiempo y hasta se ven obligados a ir a clase sólo por una materia.
“Creo que ya tendrían que haber arreglado este tema -dijo Sofía Sandoval, que cursa el último año en la Escuela N° 5095-. Nos estamos atrasando y esto es un problema para los que queremos ir a la universidad el año que viene. Pero nosotros no queremos recuperar las clases un día sábado o perder las vacaciones. Nosotros vinimos todos los días”, advirtió.
Paula Orquera, de 2° año de polimodal, se quejó de que sólo dos días a la semana van todos los profesores; en el resto, sólo tiene algunas materias. “Hay chicos que no pueden pagar el pasaje del colectivo sólo por 40 minutos de clases”, explicó, en las escaleras del colegio.
Colegios vacíos
Salta se suma así a otras jurisdicciones con problemas similares en los últimos años, como Entre Ríos, Buenos Aires, San Juan, Río Negro, Jujuy y Corrientes, entre otras.
En un recorrido por escuelas públicas, LA NACION comprobó que el acatamiento a la huelga es alto. No así en los colegios privados, donde el funcionamiento es casi normal.
No van los maestros, es cierto. Pero a estas alturas tampoco parecen ir los chicos. Algunos padres directamente ni los llevan.
“Se está generando una situación extraña. Los papás no mandan a los alumnos a la escuela”, afirma Hilda de Gamón, directora de la Escuela Justo José de Urquiza, en pleno centro de esta ciudad. Apenas unos 100 chicos concurren a la mañana al establecimiento que alberga, en tiempos normales, a más de 700; sólo seis de las 23 divisiones funcionan con normalidad.
Gamón observa que la situación está tomando más voltaje. “Hay un nivel de molestia tremendo entre los mismos docentes y entre los padres y los maestros”, comentó.
En algunos colegios se las ingenian para que los chicos pierdan la menor cantidad posible de clases. En la Escuela N° 4703, donde el 70% acata el paro, los docentes dan sus áreas de manera condensada. Por ejemplo, todo un día enseñan lengua y ciencias sociales a una división y al día siguiente a la otra división. Los alumnos, entonces, tienen clases sólo en jornadas salteadas.
“El gobierno nos está pidiendo un proyecto de recuperación -explicó a LA NACION la profesora Amelia Burgos de Vargas, directora de la escuela-, pero nos resulta imposible planificarlo. ¿Cómo lo hago si no tengo docentes? Además, si les descuentan el sueldo por no venir a clases, los maestros no van a tener incentivos para recuperar los temas perdidos”, dijo.
Los directores de escuelas consultados reconocieron que algunos docentes están volviendo de a poco a las aulas. La mayoría -dijeron- toma esa decisión porque no cobraron el mes pasado (el gobierno no pagó a los maestros en huelga) y no tiene otro ingreso económico.
Es el caso, entre otros, de Silvia Calisaya, maestra de 2° grado, que regresó a la escuela esta semana. El primer día tuvo sólo dos de los 38 alumnos inscriptos.
“Vuelvo doblegada, por una gran necesidad económica; pero espero que mis compañeros insistan. Vivo sola con dos hijos y a veces no tengo para comprarles leche. Esto nos ha tocado el bolsillo a todos”, dijo llorando la maestra.
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