AUMENTA EL CONSUMO DE ALCOHOL ENTRE LOS ADOLESCENTES DE ROSARIO
“Nunca imaginamos que el resultado iba a ser tan alto”. La frase de la directora general de Programación de Salud de la Municipalidad, Beatriz Martinelli, evidencia una realidad alarmante en cuanto al consumo de alcohol en los adolescentes. Un análisis oficial elaborado por los mismos jóvenes consumidores y sus grupos de pertenencia mostró una radiografía de lo cotidiano que no admite diferencias de género y que, incluso, deja plasmado que el inicio de la ingesta se produce a edad sumamente temprana. Para decirlo de otro modo, el 71 por ciento de los chicos rosarinos toma alcohol desde los 14 años (sin perjuicio de ser nenas o varones) y como espejo de las imágenes sociales de “sentirse bien”, “olvidar los problemas” y “realizar actividades difíciles de sostener” sin estas bebidas.
El trabajo fue realizado a instancias de la Municipalidad durante 2004 sobre 569 alumnos de escuelas del centro y la zona oeste (cuatro en total) y significó un reflejo del aumento del consumo entre los jóvenes. Un dato llamativo es que en una de las escuelas del oeste el 98 por ciento de los encuestados dijo que tomaba,
El informe señala además que “no se registraron diferencias según el sexo de los encuestados”; consumen por igual mujeres y varones, quienes en diversas oportunidades llegaron a emborracharse.
En efecto, fuentes de la Guardia Urbana Municipal, la policía provincial y Control Urbano corroboraron a La Capital que “es común ver a altas horas de la madrugada decenas de adolescentes en la vía pública bajo efectos claros de semiinconsciencia”, básicamente los fines de semana.
Aun así, el 80 por ciento de los adolescentes reconoció que sus padres saben que beben y que a ellos no les resulta una problemática de atención. “La mayoría de los consultados dijo que consumen bebidas alcohólicas en los tiempos libres o los fines de semana y que esto no genera un mecanismo de alarma en los adultos porque la cerveza, que fue lo que más reconocieron beber, es socialmente aceptada”, explicó la referente municipal.
Según el informe procesado en los últimos días por la Intendencia, respecto de las escuelas del centro el mayor consumo de alcohol se dio en adolescentes de entre 15 y 16 años, mientras que en el distrito oeste se registró a la edad de 14. Además, en el primer caso, el inicio de la ingesta quedó evidenciado entre los 13 y 15 años; mientras que en el segundo fue entre los 12 y 14.
Un 60 por ciento de los jóvenes consultados reconoció haberse emborrachado al menos una vez y se comprobó que más del 75 por ciento consumió al menos tres tipos de bebidas diferentes, aunque la cerveza tuvo mayor prevalencia. De este modo, al decir de los estudiantes de la zona centro, le sigue el Bacardi y las mezclas; mientras que para la zona oeste continúan (en orden de preferencias) el vino o el Fernet con cola.
Así, los lugares de consumo de alcohol más habituales se diferenciaron también según el área consultada. En el centro, se produce en bares, minimarkets y boliches. Y, en la zona oeste, los adolescentes toman en boliches, la calle y sus casas.
La cuestión del poder adquisitivo es un factor de suma importancia en el acceso de los jóvenes a estas bebidas. Según el informe, los alumnos del centro “tienen casi el doble de chances económicas de tomar alcohol que quienes asisten a instituciones del oeste”.
Martinelli expresó que el sondeo fue muy bien recibido el año pasado por los alumnos y los docentes de las instituciones que participaron.
Por eso, la Municipalidad repetirá la encuesta este año y trabajará en función de bajar las estadísticas. Durante 2005 serán 10 los colegios a relevar, incluyendo a los cuatro del año pasado, cuyos estudiantes, padres y docentes manifestaron interés en volver a ser incluidos.
En efecto, el proyecto tiene distintas patas: el trabajo con los propios adolescentes, sus progenitores y maestros, además de los equipos de salud con los que se discute cómo son las intervenciones en situaciones de intoxicaciones agudas, tanto en las guardias como en las consultas médicas.
“El resultado sirvió mucho porque primero muestra que es un problema que tiene dimensiones importantes y que no hay mecanismos de alerta ni en los propios jóvenes ni en sus referentes adultos con relación al consumo abusivo y las consecuencias que produce (por ejemplo, accidentes de tránsito)”, remarcó la especialista de la Secretaría de Salud.
Por otro lado, el análisis mostró (en la práctica y en el desarrollo del proyecto) que cuando los jóvenes fueron invitados a reflexionar, “tomaron una actitud protagónica y se colocaron en un lugar de autocontrol”, agregó.
Claro que el discurso adolescente generalizado dista mucho de la intención de reflexionar sobre los efectos nocivos de tomar en demasía. Como resultado de diversos trabajos en talleres, se puso sobre el tapete el discurso de los chicos y adultos en el que parece sostenerse la ingesta desde un imaginario particular.
Por su difusión social, el alcohol es catalogado por lo jóvenes como “una droga no adictiva y legal”, cuyos efectos creen poder controlar. Es la euforia inicial la que hace que los jóvenes sostengan el consumo excesivo.
El consumo está naturalizado como parte de la vida diaria e incorporado a la mesa, a los festejos, a la diversión y al grupo.
“No imaginamos que el resultado iba a ser tan alto”, se sorprendió Martinelli. Y explicó que la idea surgió de “ver que era un problema creciente que debían tratar los propios adolescentes”.
Recibieron las herramientas necesarias para trabajar y luego aplicaron sus iniciativas y consignas, y formularon las encuestas con sus compañeros. De esta manera, elaboraron un folleto y volantes que muestran lo que significa para ellos el consumo de alcohol.
La encuesta de este año se terminará para finales de 2005 y los datos serán procesados a partir de 2006. “Todo esto nos sirve para ubicarnos en la magnitud y la caracterización del consumo”, apuntó Martinelli.
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