AUMENTAN LAS CONSULTAS POR ESTRÉS Y ANSIEDAD
La catástrofe hídrica potenció cuadros que ya estaban latentes. Se incrementó el consumo de ansiolíticos. Especialistas advierten sobre los riesgos de la automedicación. Señalan que las pastillas son sólo una herramienta que debe utilizarse con cuidado.
Un ritmo de vida vertiginoso, varias ocupaciones simultáneas para asegurar el sustento familiar; un mercado laboral cada vez más competitivo con un marco de satisfacción personal bien escaso; mantener, en definitiva, la maquinaria andando aunque el cuerpo ya no dé más. No es una descripción de las sociedades primermundistas; es una breve reseña de lo que nos pasa también a los santafesinos.
Tanto esfuerzo para llegar a una meta cada vez más lejana tiene su precio. Y lo pagan el cuerpo y la mente. Si a esto se suman episodios excepcionalmente dramáticos y generalizados, la gravedad del cuadro aumenta. No hay que recurrir a atentados y guerras para encontrarlos: la crisis económica y la posterior agudización de la pobreza, primero, y la catástrofe hídrica después, sobran para encontrar razones al aumento de demanda por estrés y ansiedad que registran los consultorios locales, y al mayor consumo de psicofármacos.
Estadísticas de la Dirección de Farmacia del Ministerio de Salud señalan que, por diversas causas, el promedio mensual de consumo de psicofármacos aumentó en el primer semestre del año respecto del último tramo de 2002. También se observa un mayor consumo según estadísticas del Colegio de Farmacéuticos.
PROBLEMAS EXACERBADOS
¿Hasta qué punto el desastre hídrico desató esta situación? Los especialistas consultados por este diario coinciden en que la catástrofe potenció cuadros que tal vez estaban latentes. En todo caso exacerbó las consultas, según admitió el médico psiquiatra Juan Carlos Liotta.
Para el psicólogo Mario Carmelé, “este lamentable hecho ha incrementado la ansiedad en todo el tejido social por la incertidumbre generada y las bajas condiciones de seguridad ofrecidas por quienes deben asegurarlas”. En ese marco, evaluó que aumentaron las consultas “no sólo ligadas a las inundaciones en sí sino a la activación de conflictivas subyascentes en el sujeto”.
El médico clínico Juan Cavallasca arriesgó una cifra y estimó que hay un 20% más de pacientes que consumen sedantes, antidepresivos o ansiolíticos, tras la inundación.
El ex presidente de la Federación de Asociaciones de Medicina Interna, Oscar del Pazo, opinó que “la gente está ansiosa y depresiva” y en su consultorio ese estado se hace palpable como un coletazo de la catástrofe hídrica.
Un concepto que merece repasarse es que “la ansiedad es inherente a la naturaleza humana; es lo que en el fondo nos permite aspirar, progresar, conseguir nuestros objetivos”. Pero se torna patológica cuando está exacerbada y llega a niveles de angustia. En esto coincide Mario Carmelé: “Sin ansiedad no podríamos vivir”, pero a la vez es un estado troncal para muchas patologías.
Para Juan Carlos Liotta, que también ejerce en psicoanálisis y psicoterapia “las consultas por ansiedad son una constante”, aunque la catástrofe hídrica puede haber exacerbado el cuadro”. “El cambio es cualitativo, no cuantitativo”, resumió. Pero siempre hay que tener en cuenta la historia personal del paciente y su propia subjetividad.
La inundación no está sola en el ranking de causas probables de estrés: “Esta sociedad es disgregadora, sometedora. Lo veo en los trabajadores jóvenes de cierta jerarquía, que trabajan como esclavos bajos los efectos de un régimen de presión y eso exacerba el estado de alerta del sujeto”. “Qué es el estrés si no es estar con adrenalina permanentemente, para la huida o la defensa”, se pregunta Liotta y encuentra una metáfora en la Guerra Fría y los armamentos de última generación que no podían ser utilizados y que originaban una inversión sólo para defensa.
LA MIRA EN LOS PSICOFÁRMACOS
Hay una recomendación común y es la necesidad de actuar con prudencia en relación al psicofármaco, vedette de una época tan proclive a las respuestas rápidas y con poca paciencia para darle al cuerpo el tiempo que necesita para recuperarse.
Son medicamentos que deben ser prescriptos por un médico especialista y vendidos bajo receta archivada. Sin embargo, hay quienes se automedican, hay quienes los venden sin mayor control y también quienes los recetan con bastante displicencia.
Para Liotta, el psicofármaco es “una herramienta útil en manos de un especialista. Es una prótesis química, un instrumento que se pone a los efectos de rehabilitar una función y luego se saca”. Por eso aclaró que “hay que tender a que el paciente encuentre sus propios recursos”.
En el mismo sentido, el médico clínico Juan Cavallasca indicó que lo recomendable “es tratar de buscar el camino alternativo para no llegar a tomar psicofármacos. A los jóvenes les hablo, les propongo que hagan deportes, natación, que salgan a caminar. Y cuando no queda otra que tomar pastillas, trato de buscarles las dosis más bajas y durante el menor tiempo posible” para “no provocar una adicción al medicamento, que muchas veces ocurre”.
UN FABULOSO NEGOCIO
Sin embargo, la industria ha generado una cultura de consumo del psicofármaco y por si fuera poco, se hace propaganda de fármacos por TV como hay médicos que hacen propaganda por ese medio. “Como si consumir cualquier tipo de fármaco, desde una aspirina, representara el bienestar del hombre argentino”.
Para Carmelé, quien también se mostró crítico ante el “fabuloso negocio de los laboratorios medicinales”, queda en claro que “en los tiempos en que vivimos, la búsqueda de lo rápido, lo fácil, las soluciones mágicas, el evitar el dolor, el ansia del éxito, la necesidad de estar siempre bien, transforman al sujeto en una máquina muy activa que cada vez se hace más vulnerable”.
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