AÚN HAY CINCO FAMILIAS EVACUADAS VIVIENDO EN GALPONES
En el portón un cartel anuncia “Se reparan TV color”. Es el mediodía. Cristina (29), a pesar de su timidez, obra de anfitriona. Ahí, en los galpones de la Dirección Provincial de Vialidad, en Hernandarias y Av. Peñaloza, viven aún cinco familias evacuadas y chicos de todas las edades.
“A la señora que vive ahí -señala un pedazo de la construcción donde las aberturas son telas- se le entró una rata”, cuenta Paula de 7 años y con sus manos da cuenta del prominente tamaño.
Cristina es la mamá de todos ellos. Son cinco de todas las edades, que van de 1 a 8. El ingreso es el Plan Jefes y Jefas de Hogar y su marido hace changas. Al cartel del portón lo puso él, pero “no le traen tanto”, cuenta.
Están ahí desde hace un año y medio, como todos.
Los gurises parecen contentos, ya adueñados del espacio que tratan de mantener entre los vecinos. El predio es amplio y por ahí corretean, ignorando la pobreza que los rodea. Los peores días parece que pasaron, ésos en los que el sol golpea demasiado fuerte las chapas y somete a los habitantes a temperaturas insoportables. Aunque van a venir días peores, también el frío se va a encargar de las chapas.
Virginia (8) no vio los momentos en que el Salado arrastró su casa, estaba con su abuela, y no extraña demasiado, ni esos amigos, ni a los vecinos, ni a su casa. Gonzalo, que muestra cinco deditos para decir su edad, se suma a la conversación y también asegura no extrañar nada porque ahí tiene “amigos viejos”.
COTIDIANO
Los vecinos parecen ya estar acostumbrados a los cambios que imprimió el Salado en sus vidas, incluso a compartir el baño, lo que resulta “horrible”, cuenta Patricia Pérez. Ella está en la construcción independiente ubicada al frente; está por ir a trabajar, igual se detiene unos minutos para contar sus miserias y preocupaciones: “Compartimos el baño y una sola canilla, sin respaldo de nadie, sin una asistente social que nos visite. Nadie viene”, enfatiza y aclara que a ella “gracias a Dios” le adjudicaron una vivienda, “estoy esperando que me llamen”.
Inmediatamente después de anunciar su “suerte”, se acuerda de sus vecinos y vuelve al ruedo: “Peor era en los centros de evacuados porque ahí eran baños químicos, ahora, dentro de todo, somos cinco familias que lo mantenemos limpio. Pero no se puede vivir así. Acá hay mucha gente que vive únicamente del Plan, y hay muchos chicos que necesitan ropa, pañales y elementos para la higiene”.
Sus hijos andan todo el día en el patio, en especial, los más chicos de 8 y 9 años, y su principal preocupación son las ratas. “Los ratones -señala el fondo- se están metiendo en las casas”.
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