AUNQUE ESTÁ PROHIBIDO, MUCHOS KIOSCOS VENDEN MEDICAMENTOS
La ley provincial de sanidad Nº 2287, en su artículo 73, establece que “el despacho y venta al público de los productos destinados al arte de curar… sólo se efectuará en la farmacia”.
Sin embargo, en Santa Fe muchos medicamentos pueden adquirirse en kioscos, supermercados y estaciones de servicios: desde una simple aspirina de venta libre hasta un antibiótico que debe dispensarse bajo receta.
Una recorrida de El Litoral por algunos comercios permitió corroborar que la venta de remedios está extendida en la ciudad. Ante la consulta, la mayoría sacó una pequeña caja debajo del mostrador y ofreció patillas para el dolor de cabeza, jarabes para la tos, polvos contra el resfrío o la acidez. Otros, los más atrevidos, los presentan acomodados en repisas, aunque no tan expuestos a la vista del público.
Para la presidenta del Colegio de Farmacéuticos -1ra. circunscripción-, Adriana Cuello, no son el ámbito adecuado para comercializarlos debido a que “se pierde todo lo que brinda el farmacéutico: conservación, fecha de vencimiento, buen almacenamiento, asesoramiento del profesional”.
Para controlar, y educar sobre los riesgos de esta conducta a quienes venden y compran, en agosto del año pasado el Colegio de Farmacéuticos firmó un convenio de colaboración recíproca con la Municipalidad de Santa Fe. El objetivo era “erradicar la indebida comercialización de medicamentos”.
Aunque el Colegio cumplió su parte -capacitó a los inspectores y destinó recursos para imprimir folletería educativa-, el municipio nunca lo puso en práctica. Para Cuello “se diluyó en el tiempo; primero dijeron que les faltaba personal, después que debían ir acompañados por gente de Bromatología. En realidad nunca recibimos una respuesta precisa”.
Para saber qué pasó, El Litoral consultó al subsecretario de Control, Norberto Berlanga. Tras reconocer que no se están implementando (“aunque creo que algunos se hicieron el año pasado pero se interrumpieron porque el Colegio tuvo un problema en el medio”) se ofreció a “organizar operativos para la semana que viene” y a facilitar luego los resultados.
¿VENTA LIBRE?
La preocupación del Colegio de Farmacéuticos es constante. De acuerdo a sus relevamientos, en algunos kioscos se consiguen antimigrañosos, antiácidos, migrales, ibuprofenos, analgésicos, antipiréticos, aspirinas -para adultos o niños-, amoxicilina, y otros antibióticos que no son de venta libre. “Uno no sabe cómo los conservan, ni si están vencidos porque los tienen por blister”, alertó la presidenta del cuerpo que nuclea a todos los farmacéuticos de la zona.
“Que un medicamento sea de venta libre no quiere decir que se pueda vender en cualquier lugar, sino que no necesita receta por eso es de suma importancia el asesoramiento del profesional porque por más inofensivo que sea puede tener contraindicaciones o ser incompatible con otra cosa que esté tomando el paciente”, aclaró.
Con la información adecuada pueden evitarse los problemas que ocasiona el mal uso de remedios, su consumo innecesario, la automedicación, los errores en la prescripción y la falta de cumplimiento de los tratamientos que genera resistencia a las drogas.
La responsabilidad es compartida: “El kiosquero no alcanza a entender la dimensión de vender un medicamento, hace su negocio, tiene una familia que mantener y no toma conciencia de los riesgos que se corren”. Quien compra debe saber que el medicamento puede curar, pero también puede ser peligroso si no se utiliza adecuadamente, lo cual genera riesgos para el consumidor y altos costos para el sistema de salud.
CADENA ALTERNATIVA
Con una comercialización tan extendida cabe la pregunta: ¿Quién provee a los kioscos los medicamentos? Desde el Colegio mencionan la existencia de una cadena alternativa de distribución y defienden la comercialización que involucra a laboratorios, droguerías y farmacias. “Alguien se los vende, de eso no hay dudas. Cada tanto nos enteramos que se cerró algún laboratorio que no estaba habilitado para funcionar, de ahí salen. También del vaciamiento a farmacias, de grandes robos que luego redistribuyen la mercadería. De todos modos se trata de un fenómeno nacional, la ciudad de Santa Fe no es la excepción”.
El Art. 73 de la ley 2.287 legisla que “los infractores de esta disposición, sufrirán una multa de $ 15.000 la primera infracción, de $ 20.000 en caso de reincidencia y además la clausura del establecimiento durante un término de diez (10) días por cada infracción”.
La intención de los profesionales farmacéuticos sólo era “hacer docencia y explicar a los comerciantes y a quienes compran los riesgos que corren. Hay que empezar a tomar conciencia de que cada cosa se vende en su lugar. Es cuestión de hábitos que, sin dudas, son difíciles de modificar”.
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