AUSTRALIA E INGLATERRA VAN POR LA GLORIA
La extensa procesión ha llegado a su momento culminante. Todo lo valioso pasará a depender de lo que suceda en los últimos 80 minutos. En un solo partido, la gloria máxima. El rugby llega a uno de los instantes más trascendentes de su existencia; en los albores del nuevo milenio, la gran final de la 5ª Copa del Mundo entre el Norte y el Sur, entre Inglaterra y Australia, adquirirá identidad sublime. Y no se sabe si podrá ser recordada por la calidad del espectáculo, pero sí por la marca que dejará el que sea admitido como campeón. Si ganan los Wallabies retendrán para siempre -como en el fútbol- el dorado trofeo Webb Ellis con su tricampeonato, y si son los Hombres de la Rosa los triunfadores, pasarán a ser los primeros en llevarse hacia el Viejo Continente la corona, hasta ahora propiedad exclusiva de Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica.
Los estrechos lazos entre ambas naciones, vinculadas todavía con la representación de la reina Isabel, estimula la rivalidad, aunque razones para la exaltación abundan. La fiebre por el rugby ha tomado por asalto a Australia y no se puede permanecer impávido ante tanta pasión expuesta fervorosamente. Desde el primer ministro, John Howard, hasta el último ciudadano aussie , se han puesto la camiseta dorada de los Wallabies y hacen fuerza para no abandonar el punto más elevado del podio. Defender la conquista de Gales 99 como dueños de casa, ante un rival que también cuenta con un masivo apoyo de los fanáticos (los Barmy Army son como una plaga en la ciudad), le ha dado al encuentro de mañana en el Telstra Stadium, a las 20 (las 6 de la Argentina), el clima ideal. Es la final perfecta, se la mire bajo el prisma que se prefiera.
Inglaterra preservó su calificación de favorito, mientras que los australianos destronaron de dicha categorización a los All Blacks con un admirable espíritu combativo. El épico triunfo ante los “enemigos” del otro lado del Mar de Tasmania sirvió para elevar la autoestima a niveles sorprendentes.
Así como los aussies están agradecidos por la ventaja de ser locales, los ingleses sustentan su confianza en la paternidad impuesta recientemente: están invictos en los últimos cuatro enfrentamientos; incluso, el inolvidable éxito por 25-14 en Melbourne (el 21 de junio último) fue el primero en la historia que obtuvieron en Oceanía, en 23 años de rivalidad.
Tanto los británicos como los australianos poseen estilos de juego compatibles, con varias coincidencias: un pack aguerrido con mentalidad para moverse unido, y backs dispuestos a mover la pelota una vez que se consiguió hacer retroceder al rival. Si los Wallabies logran un rendimiento similar al de las semifinales, será extremadamente difícil doblegarlos, y la misma complicación habrá si Wilkinson tiene otra noche de inspiración.
El más aventurado en predecir resultó el ex All Black Zinzan Brooke, que dijo: “Australia tocó su techo en las semifinales, no puede dar más que eso. En cambio, Inglaterra tiene un as la manga”. En tanto, el ex fullback escocés Gavin Hastings, goleador histórico de los mundiales, señaló: “Si Inglaterra gana otra vez con las patadas de Wilkinson, entonces en este Mundial el fin justificará los medios”.
Todos vuelcan con afán sus pareceres, pero la verdad se va a escribir mañana y ahí las palabras quedarán a un lado.
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