AUTOPISTA: LA OBRA COMENZÓ EN NOVIEMBRE DE 2003 E IBA DEMANDAR 14 MESES DE CONSTRUCCIÓN
El gobernador Jorge Obeid estimó que en algo más de un mes -o a más tardar entre fines de octubre y principios de noviembre- quedará definitivamente habilitado el puente de la autopista Santa Fe- Rosario, sobre el río Salado, cuya estabilidad quedó seriamente comprometida durante la inundación de abril de 2003.
Pasadas las 11.30, Obeid llegó al obrador junto al ministro de Obras y Servicios Públicos Alberto Hammerly, quien sigue con licencia sin goce de sueldo. También estuvieron el intendente de Santo Tomé, Angel Piaggio; el jefe del bloque de diputados del oficialismo Mario Lacava; el titular del Concejo Municipal Rubén Mehauod; el secretario de Obras Públicas, Edgardo Fiol, y el subadministrador de Vialidad, Rubén Pirola.
“Tengo una doble satisfacción: la alegría de que la obra se está terminando luego de tantas demoras, y de que me haya acompañado a supervisarla el arquitecto Alberto Hammerly, que si bien sigue con licencia por motivos de salud, ya está repuesto en buena medida y yo espero que pronto se pueda reincorporar a nuestro equipo de trabajo”, dijo el gobernador.
Obeid observó este mediodía la colocación de las últimas 6 vigas, que sostendrán el último tramo del tablero. La estructura ahora tendrá una capacidad de escurrimiento mucho mayor a la que contaba tres años atrás. En lugar de 150 metros, 580.
Una vez que -encofrado mediante- se construya la losa que completará la el puente, deberán pasar no menos de 30 días para poder practicar las pruebas de resistencia usuales, anteriores a cualquier habilitación.
Dos grúas tipo pluma -capaces de mover más de 70 toneladas-, sujetaron con ganchos y lingas una a una los extremos de las vigas de 32 t. Las apoyaron sobre los pilares, hincados sobre el suelo del Salado, que ahora luce extremadamente manso y bajo. Un trabajo de precisión y paciencia, sobre el que el gobernador y el ministro preguntaron todo tipo de detalles. El más curioso es que entre las pilas y las vigas se colocaron unos tacos rectangulares (de unos 40 centímetros de largo), hechos de un material especial y flexible -similar a la goma-, de alta densidad, que amortigua los golpes del tránsito. Es un neoprene, dijeron los técnicos de la DPV.
Del enojo a la satisfacción
Obeid dijo que muchas veces le toca “vivir con impotencia” las complicaciones que ofrecen obras como la que visitó esta mañana. Y confesó que más de una vez, “me enojo muchísimo” y “puteo todo el día”, cuando las respuestas técnicas no satisfacen sus decisiones políticas.
“Bueno, hoy veo que las cosas se terminan y que algún resultado dan estas broncas… Lo importante es que se llega a un buen resultado, finalmente”, expresó el gobernador.
Es que tan sólo en 2006, el gobierno primero dijo en enero que la obra sería habilitada en marzo, y luego en junio, que se la terminaría en setiembre… “Recién les decía a los ingenieros, un poco en broma y un poco en serio, que les iba contando las costillas con esta obra, cada vez que voy a Rosario, es decir, cuatro o cinco veces por semana”, graficó.
Del dicho al hecho
Terminaba el gobierno anterior de Carlos Reutemann cuando -junto a otras obras apuradas por la inundación- se anunció el recalce del puente existente y su ampliación.
Por entonces, se estimó que en 14 meses estaría terminado. Fue licitado el 1° de setiembre de 2003, con un presupuesto de 18 millones de pesos. Ganó Dycasa SA con 19,8 millones y por un proceso la redeterminación de precios hoy suma 23,5 millones.
El 5 de noviembre de 2003 comenzó la ejecución del puente sobre la autopista. En 2004 -ya durante el gobierno de Jorge Obeid- quedó al desnudo el apuro con que se había llamado a licitación. No era factible la resolución técnica imaginada para el gasoducto que está sostenido por el puente; este ítem provocó un atraso de no menos de 7 meses.
En la década del ’70 el puente había tenido un colapso aún más grave, y -como ahora- debió ser reconstruido. Sin embargo, aquella vez se lo hizo con la misma luz (el espacio reservado para el paso del agua) que tenía la estructura derrumbada: sólo 150 metros, aunque con anclajes (los pilares hincados en el suelo) mucho más seguros.
Ya en 1998, un estudio del Instituto Nacional del Agua advertía que este puente contaba con apenas un escurrimiento del 8% respecto del valle de inundaciones del Salado.
En la crecida de 2003 fueron los terraplenes de acceso al puente los primeros en sucumbir. Ahora la reconstrucción lleva la luz total a 580 metros, con lo que se cuadruplica la capacidad de paso para el agua.
Los mismos parámetros hidráulicos de diseño se utilizaron para calcular la ampliación del puente -en construcción- sobre el Salado, correspondiente a la ruta provincial N°70, que une a Santa Fe con Esperanza.
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