AVALANCHA DE PEREGRINOS SOBRE ROMA
Las autoridades de la ciudad de Roma e Italia han adoptado planes de emergencia para atender a los centenares de miles de peregrinos que comenzaron a llegar cuando comenzó la agonía final del Papa y ahora quieren rendir su ultimo homenaje a Juan Pablo II. “Creemos que será un flujo de gente sin precedentes”, dijo un funcionario de la Defensa Civil.
Se habla de una posible presencia masiva de peregrinos de todo el mundo que podría superar el millón de personas. Para los funcionarios romanos lo fundamental es comenzar a asegurar un lugar donde dormir, comida, servicios sanitarios y atención médica a quienes llegan a la capital. Anoche, cinco mil personas fueron alojadas en la Feria de Roma y otras mil quinientas en un centro del Trastevere.
Ya están en marcha planes para que los peregrinos puedan alojarse en grandes estadios y otros ámbitos que ya sirvieron para acoger a grandes encuentros del Papa con los jóvenes. Mientras tanto, se refuerzan servicios de asistencia médica que se extenderán por toda la ciudad y que ahora se alinean junto a la Plaza de San Pedro. Diez ambulancias y un centro de rehabilitación móvil ya han atendido a un centenar de personas, la mayoría de edad, agotados por el cansancio.
Se han instalado baños móviles, reforzado el sistema de transporte de autobuses, subterráneo y trenes extraordinarios para cubrir la demanda de pasajes hacia Roma. La presencia de carabineros y guardias municipales trata de encauzar el tráfico, una tarea que se complicará muchísimo en los próximos días, especialmente en los funerales de Estado, cuando lleguen personalidades de todo el mundo para rendir su homenaje final al Papa.
Entre los que han querido estar presentes se encontraban en la Plaza de San Pedro, los hermanos argentinos Lucas Silvestro, de 27 años, y Jeremías de 24, que tienen un bar en San Severino de las Marcas. “Somos cinco de familia y hemos ido llegando hace dos años y medio desde Santa Fe”, explicó Lucas.
En auto, tardaron casi tres horas en llegar a Roma junto a dos comprovincianos, Germán Mucio, 35 años, y su hijo Gustavo de 17. “Queríamos estar por nuestra simpatía con el Papa. Es impresionante la cantidad de gente en la Plaza de San Pedro”, dijeron.
“Estamos viviendo horas de mucha angustia. Nos sentimos muy cerca del Santo Padre y sufrimos con él”, explicó una turista argentina Paula Corrias, que viajaba con su marido y su pequeña hija por Europa y decidieron modificar sus planes para estar en la Plaza de San Pedro. Un grupo de jóvenes argentinos enarbola una bandera nacional en la Plaza y se une a los coros de los muchachos y chicas que ratifican su adoración al Papa.
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