AVANZA EL POLÉMICO PLAN DE INMIGRACIÓN IMPULSADO POR EL GOBIERNO DE CHIRAC
El gobierno francés avanzó hoy con un polémico plan de inmigración impulsado por el primer ministro del interior, Nicolás Sarcozy. Diputados dio media sanción a la ley que endurece las condiciones para otorgar permisos de trabajo a los extranjeros y privilegia la “inmigración elegida” sobre la no calificada.
El texto fue aprobado por 367 votos a favor y 164 en contra. La UMP, partido de derecha en el poder, se pronunció a favor de este texto, mientras que los socialistas y comunistas se opusieron. El proyecto sólo será aprobado definitivamente una vez que el Senado lo examine, los próximos 6 y 7 de junio. “Hemos mostrado que la inmigración no es una cuestión tabú: Francia debe decidir qué política soberana desea para su inmigración”, dijo Sarkozy tras la votación.
Pero la voluntad de controlar la inmigración ha valido a este ministro, que desea ser elegido presidente en 2007, una ola de críticas de numerosas personalidades africanas, organizaciones sociales y la oposición de izquierda. Esta futura ley pretende elegir a los inmigrantes que llegan al país en función de sus competencias profesionales y de las necesidades de Francia.
Entre otros, el proyecto de Sarkozy estipula la creación de un nuevo permiso de residencia de tres años renovables destinado a los extranjeros “altamente calificados”, es decir, investigadores, ingenieros, artistas o excelentes estudiantes, que puedan “contribuir al desarrollo de la economía francesa”.
De ser aprobada la ley, un extranjero deberá tener un trabajo que le ofrezca al menos ingresos equivalentes a un salario mínimo (unos 1.200 euros ó 1.500 dólares) y residir en Francia desde hace más de 18 meses (en lugar de los 12 actuales) para hacer venir a su familia. Tampoco ningún indocumentado conseguirá los papeles legales automáticamente después de 10 años de residir en Francia, como hasta ahora.
Por otra parte y para paliar el déficit de mano de obra, el proyecto de ley también prevé facilitar la llegada al país de obreros de sectores en los que los franceses ya no desean trabajar o existe una carestía, como son obras públicas, la enfermería, el mantenimiento industrial, comercios o restaurantes.
El gobierno de Chirac estima que existen entre 200.000 y 400.000 clandestinos en el país, aunque las cifras reales podrían ir mucho más allá. Para la izquierda este proyecto de ley prevé una “inmigración selectiva”, que fomentará la exclusión, el racismo y la clandestinidad.
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