AVANZA EN LA CÁMARA BAJA SANTAFESINA UNA REFORMA AL CUESTIONADO SISTEMA ELECTORAL
El justicialismo santafesino se metió en un brete y no sabe por qué vía logrará salir sin moretones: derogando la ley de lemas, como lo reclama la oposición, o reformándola seriamente. Lo cierto es que una fecha obliga a iniciar el debate sin escabullirse y es el 5 de agosto próximo, cuando convoque el timbre a Diputados.
A un mes de aquella fecha parece tomar cuerpo un proyecto de reforma elaborado por la mayoría peronista en el Senado, que pretende eliminar la catarata de boletas aparecida en las últimas elecciones.
El otro proyecto, el que envió el gobernador Jorge Obeid abogando por la derogación, propone internas abiertas, simultáneas y obligatorias como reemplazo. Luego se haría la elección general con la presentación de un candidato por partido político para cada categoría, como ocurrió en 1983 y 1987.
El proyecto justicialista del Senado, en el punto más importante, obliga a cada candidato a gobernador a ser acompañado por una sola lista de postulantes a senador provincial, intendente y concejales.
Desde su aplicación en 1991, la ley de lemas permitió que cada sublema a gobernador lleve varios candidatos a intendente y éstos, a su vez, numerosas boletas de concejales en una ramificación de abajo hacia arriba que entusiasmó nada más que a los imprenteros. En Rosario, por ejemplo, los cuatro candidatos a gobernador del PJ arrastraron diez postulantes a intendente, y los tres del Partido Socialista a una media docena, pero entre todas las fuerzas políticas sumaron 40 candidatos a jefe comunal y 56 listas de concejales.
El proyecto -cuyo redactor principal es el justicialista Joaquín Gramajo (departamento 9 de Julio)- cuenta con 30 artículos pero el decimonoveno es el que debería concentrar la atención. Allí señala que “se denegará la pretensión de oficializar candidaturas si una persona se postulara como candidato en más de una corriente interna”, y también “si una misma persona se postulara como candidato en más de un cargo o categoría electoral dentro de la misma corriente interna”.
Los autores bocetaron algunas objeciones a las internas abiertas y simultáneas (en un mismo día para todos los partidos) que proponen los seguidores de Obeid y aceptan los opositores radicales y socialistas.
En esas carillas se lee que con las internas abiertas y simultáneas “la designación de los precandidatos queda reservada a los partidos políticos y es privativa de ellos, por lo tanto no ingresan los extrapartidarios o personas no afiliadas” a la vida política.
También se advierte que el día de la interna “podrían presentarse numerosas listas provocando un panorama también engorroso” para el ciudadano.
Señala que “no existen antecedentes en el país, y el resultado de la primera experiencia puede ser caótico: en Estados Unidos no son obligatorias pero por idiosincrasia el ejemplo no es válido para nosotros”.
Después cuestiona el siempre observado gasto del Estado en el comicio: dice que “el costo de las primarias abiertas obligatorias sería similar a las generales y la provincia terminaría pagando dos elecciones en 45 o 60 días”. La ley de lemas, precisamente, también se denomina “de doble voto simultáneo” porque en un mismo día resuelve dos elecciones: la interna y la general.
Indica que “en Estados Unidos las primarias son voluntarias compitiendo sólo dos partidos y la participación ciudadana no supera el 35 o 40 por ciento. Imponer la obligatoriedad para el ciudadano por ley, exigiría coercitivamente la intervención del cuerpo electoral en la vida interna de organizaciones que, como los partidos, están fundadas en la asociación libre y voluntaria”.
Además, señala que “en Estados Unidos las primarias disminuyeron pero no descartaron la manipulación e influencia de los grupos dirigentes o maquinarias partidarias, ya que actúan en la designación de los precandidatos”.
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