AVANZA LA DIPLOMACIA: ISRAEL ANALIZA UNA PROPUESTA DEL LÍBANO
Mientras los ruidos de la guerra siguen creciendo a pocos pasos de la frontera entre Israel y Líbano y la montaña de muertos no deja de aumentar sin una victoria tangible para ningún bando, se insinúa, como esperanza, la posibilidad de un fin de las hostilidades.
El alimento de ese sueño, es una propuesta de Líbano de desplegar en pocos días 15.000 soldados de su ejército en el límite sur junto con las tropas de las Naciones Unidas establecidas aquí desde 1978.
El premier israelí Ehud Olmert recibió ayer, sorpresivamente, con muy buen talante, la oferta de su contraparte libanés Fouad Siniora, que la exhibe con el aval de los cinco ministros shiítas de su gabinete de seguridad, los dos de Hezbollah y los tres de la más antigua organización Amal.
Fuentes políticas dijeron a Clarín que esa iniciativa causó aquí cierta inseguridad. Hay muchos que afirman que es una cortina para que Hezbollah se arme con el antecedente de lo sucedido en los seis años que transcurrieron desde que este país debió salir de Líbano por el asedio de la guerrilla. Pero Israel necesita una salida a este pantano y esa alternativa, puede ser una grieta en la caverna, sostienen.
“Es un paso interesante que tenemos que examinar y estudiar”, arrancó el premier. “No queremos ocupar Líbano. No queremos quedarnos. Queremos cumplir con los objetivos: impedir los disparos de cohetes y alejar a Hezbollah de esas regiones”. Olmert se cuidó de precisar que no estaba pidiendo el desarme de la guerrilla ultraislámica. Solo su cese del fuego.
La intención del Líbano es que sus soldados, amparados por la ONU, ingresen en la zona mientras la milicia israelí se da a retirada. Pero George Bush, el principal aliado de Israel, sostuvo hace horas que no hay solución con esa condición. Washington exige que Israel permanezca en la zona, pero esa demanda viene con un ojo miope que oculta parte de la realidad. Las fuerzas locales no están logrando avanzar en el sur y se someten a un desgaste cuyo impacto político no tardará en llegar al máximo nivel del gobierno.
El diario Maariv criticó ayer en duros términos a “un ejército que no logra detener —dijo— el bramido de 2.000 combatientes con 14.000 misiles”.
Israel, también este día, perdió a otros tres soldados, uno de ellos en la conocida capital de Hezbollah en el sur, Bint JBeil, donde también un tanque fue atacado (dos según la guerrilla). Hace semanas que se combate en esa ciudad ubicada a apenas tres kilómetros del borde y hasta hace dos días se había asegurado aquí que estaba ya bajo control. Otros tres soldados murieron en ese y otros sitios en menos de 24 horas.
Para Hezbollah el castigo también fue duro: 30 muertos, según el informe oficial que el grupo persiste en desmentir.
Para los dos bandos, una salida diplomática sería una solución necesaria. Tanto en Líbano como aquí, crece el peso del costo civil. Aunque el desastre de este lado es menor en comparación, hay más de 500.000 desplazados, que han debido dejarlo todo en el norte y no tienen más que salidas precarias. Esta ciudad, Kyriat Shmona, una de las mas atacadas, comenzó ayer justamente a evacuar a sus residentes más pobres y vulnerables, los últimos que resistían aquí el acoso mortal de los Katiushas.
Por el lado de Hezbollah, es cierto que resiste, pero al costo del desastre humanitario y la demolición tremenda de Líbano donde ya hay mil civiles muertos.
El premier Siniora declaró que es hora que su país se haga cargo del “control pleno” del sur del Líbano y prometió que “no habrá otras armas que aquellas que posea el Estado libanés”. Con esos tonos, y pese a la presión de Washington, ambos bandos podrían reivindicarse victoriosos. Y evitar las consecuencias del tiempo: si bien la guerrilla opera con un estilo similar al del Vietcong, son pocos lo que desean, siguiendo la comparación, que esto se convierta en un pequeño Vietnam.
Hoy hay una cumbre clave en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ahí se verá si hay avances y hacia donde.
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