BACHELET ARRANCA SU PRESIDENCIA CON UN APOYO POPULAR DE MÁS DE 65%
Hay quienes creen en la casualidad, pero esto pareció más un símbolo de redención. El primer día como presidenta de Chile de Michelle Bachelet coincidió con el 32º aniversario del asesinato de su padre, el general de Aviación Alberto Bachelet, por la dictadura de Augusto Pinochet.
Como cada año desde que volvió del exilio, la ahora jefa de Estado visitó el Cementerio General de Santiago para honrar a su padre en el bóveda de la “Famille Bachelet”.
Llegó en auto oficial por avenida La Paz. La ceremonia fue emotiva, silenciosa, con varios familiares y amigos íntimos de quien fuera un héroe de la defensa democrática.
El derrocado presidente Salvador Allende le había encomendado la Secretaría Nacional de Distribución para resistir el boicot de capitales locales y extranjeros que buscaban, como en toda América latina, rehacer ganancias amenazadas por los cambios sociales que estaban en marcha.
Alberto Bachelet, que era contador, apartidario pero progresista, leal, amigo del general Gustavo Leigh (otro de sus verdugos como jefe de la Fuerza Aérea golpista), Gran Estrella al Mérito Militar y Estrella Presidente de Chile, murió por torturas recibidas en la Cárcel Pública santiaguina, al lado del río Mapocho, donde hoy hay modernas torres.
La memoria de su papá estuvo presente estos días en Michelle Bachelet. Y son bien anchos los compromisos que asumió ella y el nuevo gobierno. Pero el punto de arranque es generoso en apoyo popular, más de 65%, según una encuesta conocida ayer.
Aunque se mostró cauta cuando le habló a una multitud el sábado, diciendo que en 4 años no podrá solucionar todos los problemas pero sí dar “un paso adelante” a un país “más inclusivo y acogedor”, en todo su camino a La Moneda, Bachelet habló de la urgencia por ir cerrando la brecha social que avergüenza en un país cuya economía se duplicó en 10 años. Y habló de las diversas discriminaciones, de la niñez descuidada y la violencia intrafamiliar, de las demandas de género, de postergados, pueblos nativos y ambientalistas que defienden los recursos naturales cuya explotación explica el crecimiento de Chile pero abre interrogantes a futuro.
Pese a esa amplitud de reclamos, la médica socialista y primera presidenta chilena arranca con un sustento popular inusual.
Según el diario El Mercurio, la presidenta de la Concertación Democrática inicia gestión con un respaldo de 65,3%, 12% más de los votos de enero que la llevaron a La Moneda.
Más favorable aún en expectativas, 83% y 85% respectivamente creen que dejará un país igual o mejor que el que recibe y gobernará igual o mejor que Lagos. Es muy alto pues al ahora ex presidente no pocos lo califican mejor presidente de la historia de Chile y hasta el último día antes de volver a ser ciudadano de a pie mantuvo una popularidad de 70%.
Es claro que la era Lagos echará una sombra contra lo cual deberá lidiar esta gestión, como se vio en Valparaíso en la misma jura (en verdad, ella tomó el mando con un “sí, prometo”, por ser agnóstica), cuando las ovaciones a Lagos igualaron, si no más, a las que se prodigaron a Bachelet.
Con todo, lo peor para la Concertación sería esa competencia, más cuando ella no puede ser reelecta en lo inmediato (Lagos, pasado este período, sí, pero su familia resiste) y los dos son del ala socialista del oficialismo. En todo caso es su socio mayor, la Democracia Cristiana —quien atraviesa fuertes internas por su propia renovación—, la que ya empieza a abrir el paraguas para posicionar a algún, o alguna, presidenciable propio para 2010, lo que hoy no asoma.
La derecha (UDI y Renovación Nacional) hierve igual en debates internos sobre su futuro y dijo que “fiscalizará” celosamente al nuevo gobierno. Y la izquierda extraparlamentaria presiona para que Bachelet cumpla otro compromiso, una reforma electoral que le permita tener bancas legislativas, algo que veda el sistema binominal y no proporcional que dejó la dictadura.
Este contenido no está abierto a comentarios

