BACHELET FUE ELEGIDA PRESIDENTE DE CHILE
Fue una explosión de júbilo, aplausos, abrazos, lágrimas. A las 6.30 de la tarde, cuando los cómputos difundidos desde todo el país a través de la televisión llegaron al hotel Plaza San Franciso, se desahogaron todos. “Ya está, Michelle es la primera presidenta en la historia de Chile”, decía con voz entrecortada un miembro anónimo de su comando, la vista clavada en el monitor.
Michelle Bachelet, médica pediatra y cirujana de 54 años, socialista y candidata de la oficialista Concertación Democrática, derrotó ampliamente al empresario Sebastián Piñera de la Alianza por Chile, de los derechistas Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente. Le sacó 7 puntos de ventaja a nivel nacional y le ganó en 12 de las 13 regiones del país: 53,5% a 46,5% de los votos positivos. Hubo en el total general 2,2% de votos nulos y sólo 0,7% en blanco.
En regiones del norte, Bachelet llegó a sacar 20% de luz. Piñera sólo ganó en la IX región, la Araucaria, con 8%.
“Alo Michelle, ganaste de Arica a Magallanes”, le dijo poco después por teléfono, en una conversación transmitida al aire en todo el hotel, el presidente Ricardo Lagos a Bachelet. “Te felicito, es un día histórico, una mujer como tú llega a la primera magistradura”. “Sí, presidente, muchas gracias”, respondió su sucesora. “Espero verte mañana, debo mostrarte algunas cositas que tendrás como tarea”, dijo Lagos, con algo de tono paternal. “Sí, presidente. Muchas gracias y yo lo invito a desayunar mañana en mi casa con su esposa Luisa (Durán)”, respondió con mucho respeto pero sonriendo Bachelet, de pulcro trajecito azul.
A algunos kilómetros de allí, en el lujoso hotel Marriott entre el Parque Arauco y el Golf, el comando de la Alianza lamentaba la derrota. Hubo resignación, quejas por el “aparato” oficial que, dijeron, colaboró con la candidata, y reproches mutuos. Pero Piñera salió a calmar los ánimos, agradeció a “los 3,8 millones de chilenos que me votaron” (en rigor esa fue la cosecha de Bachelet, él tuvo 3,2 millones) y felicitó a su rival. Su derrota por un porcentaje casi tres veces más que la sufrida en 2000 por Joaquín Lavín de la UDI frente a Lagos, abre interrogantes sobre el futuro de la derecha y sobre quién la liderará.
Más problemas habrá pues, por primera vez desde que terminó la dictadura de Pinochet en 1990, la derecha no sólo de nuevo pierde las presidenciales —no gobierna en Chile democráticamente desde hace casi 50 años— sino que ahora será minoría en el Congreso.
Piñera luego visitó a Bachelet y la felicitó acompañado por su esposa. Fue un encuentro frío, y saludaron para los fotógrafos. A esa altura, ya el hotel y la alameda Bernardo De O’Higgins reventaban de gente.
Uno de los más aplaudidos en el comando fue Andrés “Chico” Zaldívar, veterano dirigente de la Democracia Cristiana, aliada al socialismo, clave en el cambio de estrategia política para este ballotage. En primera vuelta la victoria de Bachelet por 46 a 25% de Piñera no había alcanzado y se criTiCó al comando.
Con Zaldívar estaban los jefes del socialismo, Ricardo Núñez, del PPD, Víctor Barrueta, y muchos otros líderes. Pero era hora de mujeres, y ahí andaban felices la democristiana Soledad Alvear y la socialista Isabel Allende, hija del derrocado Salvador Allende. Ambas hablaron con Clarín en un salón desbordado de gente y alegría.
Para Alvear, senadora electa, Bachelet “encarará las reformas principales, como la del sistema de jubilaciones y la de educación preescolar, apenas asuma”, el 11 de marzo. Y Allende, diputada, dijo: “Este triunfo es histórico por varias razones, es una victoria cultural por lo que significa una presidenta mujer como Michelle, la holgura de la victoria habla del tremendo respaldo popular, y es el triunfo de la historia y el futuro”. Luego le dijo a este cronista, al ver a Piñera en la TV: “Te dejo para ver qué dice este patudo”.
En los 500 mil votos que sacó de ventaja Bachelet, seguramente hubo un caudal del comunismo, que apuesta a que se cambie el sistema electoral y haya proporcionalidad legislativa (la dictadura dejó un sistema binominal que castiga a las minorías), además de reclamar medidas sociales y en favor de los trabajadores y pueblos originarios. Y Bachelet también recibió votos de la base de la UDI, más popular, a la que no convenció Piñera.
Pero ajenos a esos detalles, los chilenos festejaban en la noche de Santiago y otras ciudades. “Michelle presidente (no presidenta, sólo por la falta de rima), por Chile y por la gente”. Y “Michelle estoy contigo”, gritaban.
A las 22.30 ella subió sola al escenario de Alameda y saludó a su pueblo, entre infinidad de banderas chilenas y de los partidos de la Concertación, mientras sonaba el himno nacional. “Quién lo hubiera pensado, amigas y amigos”, fue lo primero que dijo, refiriendo su condición de mujer. “No es el triunfo de una sola persona ni partido, es el de todo Chile”, leyó. “Porque fui víctima del odio, convertí mi vida en revertirlo. Chile va a su reencuentro, seré la presidenta de todos los chilenos”, dijo con palabras directas a derecha e izquierda para resignificar una recordada frase de Allende. Agradeció a Lagos, habló de su agenda social y dijo que anoche hubiera querido abrazar a su padre, muerto por la dictadura. Y concluyó, en medio de una ovación cerrada, sosteniendo que formará un gobierno de excelencias y talentos y prometió que Chile “asombrará al mundo una vez más”.
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