BAJARÁN LA DEUDA CON EL BANCO MUNDIAL
Cinco meses después de anunciar la cancelación de toda la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno fijó una meta similar con su entidad hermana: reducirá en un 30% su exposición crediticia con el Banco Mundial, que hoy totaliza US$ 6800 millones.
La estrategia que defiende la ministra de Economía, Felisa Miceli, es priorizar la relación con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde solicitará nuevos créditos de infraestructura, dijeron ayer a LA NACION dos altas fuentes de la delegación que la acompaña en esta capital. “Iremos reduciendo la posición neta del país con el Banco Mundial y apuntaremos hacia el BID, donde sentimos que existe una mejor sintonía de intereses”, argumentaron desde la comitiva, que anoche emprendió el regreso a Buenos Aires.
La “mejor sintonía”, argumentó un segundo funcionario consultado por LA NACION, se debe a “la mejor cartera que ofrece el BID para impulsar el desarrollo productivo, lo que es muy pobre en el Banco Mundial”.
El directorio de este organismo podría aprobar la nueva cartera de créditos para el país de los próximos dos años el mes próximo, cuando analice la llamada Estrategia de Asistencia al País (CAS, según sus siglas en inglés), que prevé una cartera por US$ 3300 millones, todo en préstamos destinados a proyectos específicos. Pero para enviar el CAS al directorio, el representante argentino en el Banco, Alieto Gaudagni, debió negociar antes el rediseño de al menos tres créditos destinados a provincias, pero de libre disponibilidad, y acordar destinos específicos -como obras viales-, con el director de la entidad para el Cono Sur, Axel Van Trotsenburg.
“Como estaban diseñados, los créditos no hubieran superado el directorio por la oposición de directores que representan al G-7 y que tenían los votos necesarios para vetarlos”, contó a LA NACION una fuente del Banco Mundial. El directorio del BID, en tanto, también mostró cierta resistencia a aprobar el último préstamo de libre disponibilidad para el país, que por US$ 500 millones se debatió el 1° de marzo último, pero el director por la Argentina, Eugenio Díaz Bonilla, lo sacó adelante con el apoyo de los países de América latina.
“También se puede apelar a los mercados. La ventaja en ese caso es que en 48 horas se tiene el dinero disponible en la caja del Tesoro, pero el beneficio de los organismos multilaterales es que ofrecen una tasa de interés más baja que la del mercado, más 4 o 5 años de gracia, y fijan plazos de reintegro de 15 a 20 años”, explicó otro funcionario del equipo económico.
El secretario de Finanzas, Alfredo MacLaughlin, acompañó a Miceli durante la reunión conjunta de primavera del FMI y del Banco Mundial, que concluyó ayer con una conferencia de prensa de cierre de sus presidentes, Rodrigo de Rato y Paul Wolfowitz.
MacLaughlin se reunió con el director para el Hemisferio Occidental del FMI, Anoop Singh, pero las prioridades cambiaron en los últimos seis meses. El Gobierno no busca un acuerdo con el Fondo, y evalúa salir a los mercados internacionales. “En agosto o septiembre, aunque dependerá de los ingresos fiscales, que por ahora vienen muy bien”, explicó un miembro de la delegación.
Revisión del Fondo
Miceli y Rato acordaron, además, que la misión de técnicos del Fondo necesaria para evaluar cada año las variables macro del país, de acuerdo con el artículo IV de la Carta Orgánica del FMI, podría viajar a Buenos Aires en agosto próximo, estimaron dos funcionarios involucrados en la negociación.
Miceli también se lleva de esta capital los elogios del secretario del Tesoro, John Snow, y de Rato, por el crecimiento de la economía y la defensa del superávit fiscal, confirmaron fuentes argentinas y de ambas instituciones.
Miceli y Snow coincidieron además en que promoverán en el BID la creación de una “incubadora” de proyectos regionales, confiaron fuentes del Tesoro y del equipo económico. El Tesoro estadounidense aportará US$ 5 millones al fondo, una cuarta parte del monto global que estará disponible. Pero Snow, al igual que Rato, mostró dudas sobre la senda que sigue el Gobierno ante la inflación y los “cuellos de botella” productivos.
“Eso demuestra la animosidad del Fondo. Hemos explicado una y otra vez que no es así. Que estamos bien y que, en realidad, Chile depende de nosotros para toda su provisión de gas, pero nadie dice algo sobre la dependencia chilena”, replicó ayer una alta fuente del equipo económico. “La sensación que nos dejó el FMI es de resentimiento. Piden siempre más. Mostramos un superávit fiscal del 4,4% y replican que quieren 7 u 8%, pero nadie sabe por qué, ni tampoco cuánto realmente quieren, porque tampoco lo aclaran”, acusó.
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