Balá, nuestro Carlitos, un adelantado a su época

El eterno pibe del flequillo perfectamente peinado fue un precursor de Jerry Lewis, el Chavo y Jim Carrey.
Tal vez por eso les costó muchos años a supuestos iluminados intelectuales relajarse y disfrutar, en vez de ofuscarse por sus monerías, onomatopeyas y frasecitas bobas. ¡Es que no sabían decodificarlo de tan avanzado para la época que era!
Esa fue, precisamente, la más perfecta broma de Carlos Balá : inventar mil máscaras y voces para crear un payaso original, de civil y sin nariz roja, ese flaco que desorientaba hasta a los más leídos, pero que era comprendido a pura carcajada por su público específico: los chicos.
Los sabihondos no lo entendieron al principio, tal vez por ser demasiado lineales (o amargados, para ser más exactos), lo que los más pequeños asimilaron a la perfección y que los divertía como locos: jugar con las palabras, gesticular, hacer sonidos extraños y pronunciar consignas sin sentido.
¿Cómo definir el “ea, ea, ea, pe, pe”? ¿Es un saludo, un despertador, un llamado de atención o unas cosquillas inesperadas en forma de sílabas incomprensibles? ¿Acaso hace falta un congreso internacional de lingüistas para tratar de descifrar el candoroso significado de “sumbudrule”, que se completa con el imprescindible gesto de la mano en forma de araña sobre la cabeza de la dama o el caballero burlado? ¿Y qué explicación podrían encontrarle sesudos filólogos a la risa de cómic que Balá verbaliza simplemente con un “za za za za za za”?
Balá, inclusive, logró distinguirse en la época dorada de los grandes capocómicos teatrales y televisivos: fue contemporáneo, nada menos, que de Pepe Biondi, José Marrone, Dringue Farías, Niní Marshall, Tato Bores, Alberto Olmedo, Fidel Pintos, Jorge Porcel, Adolfo Stray, Pepe Iglesias, Juan Carlos Calabró y tantos otros grandes que nos hicieron reír. Y, sin embargo, brilló con la misma intensidad. Hoy todos ellos son un recuerdo, pero Balá, con sus vitales 91 años, sigue entre nosotros y para nada retirado, con su cabeza y su humor intactos. Ahora nos regala un bonus track a los más veteranos al remitirnos a nuestra infancia en cuanto saca afuera su batería inagotable de recursos.
A su manera, Bala ha sido nuestro propio Carlitos, con sus mohines y su ingenuidad; el que también se anticipó a los Teletubbies y les habló por primera vez a los chicos más chiquitos, a quienes animaba a desprenderse de sus chupetes.
¡Qué lindo poder contestar una pregunta cuya respuesta conozcamos todos!: “¿Qué gusto tiene la sal?”. Y que la contestación, estruendosa y sin vueltas, sea simplemente: “¡¡¡salada!!!”
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