BALAS DE GOMA Y UNA BRUTAL PALIZA PARA APRESAR A UN JOVEN
Un presunto ajuste de cuentas entre algunos policías de esta ciudad y un joven futbolista casi termina en tragedia.
A Lucas López, de 28 años, lo persiguieron durante varias horas y a lo largo de muchas cuadras la madrugada del sábado y cuando llegó hasta el frente de la vivienda de su madre los uniformados dieron con él.
Con una presunta orden de captura en su poder, uno de los efectivos le disparó dos veces con la escopeta reglamentaria cargada con balas de goma y luego, ya esposado, los otros le pegaron sin piedad y a la vista de algunos vecinos del lugar.
De acuerdo a la versión policial, López tenía un pedido de captura por un hecho ocurrido en febrero pasado. En aquella oportunidad, dijeron los voceros, la división de Drogas Peligrosas de la URVIII realizó un operativo en el Barrio de la Carne que culminó en una batalla campal entre efectivos policiales y decenas de vecinos, entre los cuales estaba Lucas López.
Entonces, uno de los policías terminó internado y se repuso luego de pasar varios días en terapia intensiva. Le habían roto la cabeza de un botellazo y extraoficialmente circuló la versión de que Lucas había sido el autor de esa agresión. Sin embargo, los allegados a López descartaron esa versión aunque reconocen que todo comenzó a partir de ese hecho.
“Yo tuve un problema con los de Drogas Peligrosas cuando ellos vinieron a hacer lío en el barrio y nosotros nos defendimos. Ellos se tomaron venganza porque de los cinco que éramos, a cuatro los detuvieron. Pero les faltaba la frutilla del postre, que en este caso fui yo y ahí empezó la persecución”, relató el joven al recibir a La Capital en su casa.
Lucas contó que aquella noche “estaba con unos amigos tomando en un kiosquito y ellos (los policías) llegaron a los tiros al barrio por lo que nosotros nos defendimos. La historia es que se tenían que vengar de ese hecho y dejaron pasar el tiempo hasta que me encontraron y me dieron una brutal paliza. Dicen que tenía pedido de captura pero yo seguía haciendo mi vida normalmente; incluso todos los domingos juego al fútbol y en Venado me conocen”, relató el joven.
Nunca nadie lo notificó
Lucas juega al fútbol en la primera división del club Avellaneda de Venado Tuerto. Tiene algunos antecedentes policiales por disturbios o peleas en la vía pública pero jamás estuvo -según sus dichos- en temas vinculados a las drogas. En el Barrio de la Carne, pesado según la jerga policial, los vecinos recuerdan la batalla campal entre policías y civiles que culminó con dos uniformados heridos levemente y uno hospitalizado tras recibir un botellazo en la cabeza. Desde aquel 26 de febrero a la fecha las cosas ya no fueron iguales en la zona.
“Todos los domingos veía a la policía en la cancha pero nunca me dijeron ni me notificaron que tenía pedido de captura”, dijo Lucas para luego agregar que “la madrugada del sábado los de Drogas me vieron por la calle y me llamaron, pero yo intuía que me querían hacer algo y no me detuve”. López continuó el periplo en su ciclomotor hacia la casa que habita con su esposa y su pequeño hijo pero en el camino se arrepintió y enfiló directamente hacia la casa de su madre; a unas pocas cuadras. Pensaba que allí no lo esperarían, pero el destino le jugó una mala pasada. Alrededor de diez policías aguardaban su llegada.
Al parecer, efectivos de Drogas Peligrosas alertaron al Comando Radioeléctrico que López tenía un arma y por eso le solicitaron refuerzos que llegaron inmediatamente a la casa de la madre del futbolista. Lucas poseía un revólver de juguete que funciona a cebita. “Cuando intento trepar la reja para entrar a la casa de mi madre recibo dos balazos de goma a quemarropa que me provocaron una herida de seis centímetros de profundidad y a medio centímetro del vaso sanguíneo. Estoy vivo de casualidad, es lo que me dijo el médico que me vio”, contó el muchacho.
El joven siguió forcejeando con algunos policías aunque luego fue reducido y esposado. Estaba engrillado, tirado en el piso y ensangrentado pero -según contó- “igual me siguieron pegando y me subieron a un patrullero en el que me llevaron hasta la comisaría 2ª”.
Los vecinos de Lucas contaron que fueron ellos los que comenzaron a acercarse al lugar para implorar por la vida del joven. “Le seguían pegando como si fuera un animal a pesar de estar tirado en el piso”, contó Alberto. La madre de Lucas también clamó por su hijo “pero estaban enceguecidos y le daban sin piedad”, dijo la mujer.
El muchacho fue conducido a un calabozo de la comisaría 2ª y allí, según recuerda, “me siguieron pegando unos gomazos hasta que llegó un médico forense que les dijo que no podía estar más en ese lugar”. Por eso lo trasladaron de urgencia al hospital Alejandro Gutiérrez donde quedó alojado en una sala para presos y luego derivado a una sala común.
Horas más tarde el joven recuperó la libertad aunque es un enigma el pedido de captura que supuestamente pesaba sobre él ya que actualmente esta recuperándose en la casa de su madre. “Tenía un supuesto pedido de captura y sin embargo pasé más horas en el hospital que detenido”, señaló Lucas a modo de consuelo.
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