BALBARREY Y GIOBANDO LO SABÍAN
Cuando a principios de los 90 el menemismo inició el furioso proceso de venta del patrimonio nacional, privatizando los bienes y los servicios públicos que hasta ese momento estaban bajo la órbita del Estado, se instaló una figura en el imaginario popular: “Las joyas de la abuela”. Esa categoría definió a Entel, a YPF, a Aerolíneas, a Obras Sanitarias, a los canales abiertos de televisión y a tantas otras entidades otrora estatales.
En Santa Fe –y paradójicamente a raíz de esas privatizaciones que desactivaron los ramales ferroviarios que llegaban a la ciudad– hay una “joya de la abuela” emblemática: un viejo edificio ubicado en bulevar Gálvez al 1100. Aguna vez fue una estación ferroviaria; en los últimos 15 años, se constituyó en una de las “vergüenzas de todos los santafesinos”, según lo definió el intendente la semana pasada.
El escándalo en torno a la licitación del edificio de la ex estación Belgrano sumó hoy un nuevo capítulo al conocerse un dato sobre la actuación del secretario de Planeamiento Urbano de la Municipalidad, Gustavo Giobando. Según pudo averiguar Notife.com, el funcionario municipal tenía en su poder, desde el 14 de noviembre del año pasado, el proyecto del Organismo Nacional Administrador de Bienes del Estado (Onabe) que propone la construcción de un mega shopping en los terrenos del ferrocarril cuya entrada da a bulevar Gálvez.
El derrotero de ese proyecto fue singular: ingresó a la Municipalidad el 14 de noviembre; el 6 de diciembre, Giobando pidió algunas aclaraciones al Onabe; el 9 de diciembre llegó esa respuesta; el 12 de diciembre, el secretario de Planeamiento emitió el dictamen técnico positivo y el 14 de diciembre le envió al Onabe la aprobación del proyecto (ver imagen), firmada además por el intendente. En resumen, hace más de seis meses que la Municipalidad aprobó la iniciativa y más de siete que la recibió.
Ese proyecto, blanqueado por el municipio santafesino la semana pasada, disparó las críticas de las instituciones que conforman el Foro para el Desarrollo de Santa Fe y la Región. Concretamente, desde el foro cuestionaron el impacto urbanístico del colosal proyecto en una zona ya de por sí conflictiva, puesto que se trata de uno de los ingresos a la ciudad. El aumento del tránsito en bulevar y en las calles aledañas podría generar inconvenientes a los vecinos, señalaban la semana pasada desde el foro.
La producción de este portal y del programa “El ombligo del día” (LT10) trató, en vano y a lo largo de toda la mañana de ayer, de comunicarse con Giobando; recién pasado el mediodía el funcionario municipal anunció su intención de no realizar declaraciones periodísticas, aunque agregó que se encuentra a disposición de los concejales en caso de que decidieran citarlo para que aclare o amplíe las informaciones con las que cuenta referidas al proyecto para la reconversión del edificio de la ex estación de trenes.
El escándalo se desató la semana pasada cuando, casi sobre la hora de finalización del plazo para presentar propuestas para la licitación, el intendente Martín Balbarrey hizo público el proyecto de la Municipalidad y el Onabe, que difiere largamente del que discutieron el año pasado los representantes del foro con funcionarios municipales.
Precisamente Balbarrey fue el encargado de descalificar las protestas del foro –acusó a sus miembros de ser “una máquina de impedir”– y de plantar la bandera de la urgencia, con frases como “hay que licitar ya” y “se acabó el tiempo de las palabras”. Claro que esa estrategia escondía un hecho no menor: el proyecto estaba en manos de Giobando desde diciembre del año pasado. Es decir: si se hubiese hecho público en ese momento, las instituciones que ahora aparecen ante los ojos del intendente como “las máquinas de impedir” podrían haber hecho sus planteos con mayores márgenes de tiempo.
El pasado miércoles, una funcionaria del Onabe (ver nota relacionada) confirmó el dato y reconoció que en el organismo nacional había causado sorpresa el hecho de que recién la semana pasada se hiciera público un proyecto que lleva más de seis meses en algún cajón del despacho de Giobando.
La expresión “joya de la abuela” da cuenta de, al menos, dos de las características del bien aludido: su potencial valor económico y su antigüedad. Cuando ese bien es un edificio, esas dos características se potencian por el entrecruzamiento: un edificio viejo es también la posibilidad de un gran negocio, porque conserva ese plus que le infunde la arquitectura de otras épocas.
El presidente del Centro Comercial (ver nota relacionada) lo advirtió la semana pasada: estamos ante un mero negocio inmobiliario que beneficiará a un grupo económico en particular (el encargado de levantar un shopping sobre el esqueleto de la vieja estación de trenes) y no, como anuncian desde la Municipalidad, “a todos los santafesinos”.
La última “joya de la abuela” está en venta. El 27 de julio sabremos con precisión quién se la va a quedar.
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