Barboza presentó en Buenos Aires "Luz de amanecer"
De la serie de entrevistas que el Canal Encuentro emitió como Encuentro en el e studio hay una dedicada a Raúl Barboza. En un tramo de la charla -segmento que a modo de interludio se emitía entre la grabación de una composición y la siguiente- el anfitrión, Lalo Mir, le dice al acordeonista: "Raúl, dicen que cuando tocabas en los bailes eras un problema porque la gente no bailaba. Se paraba a mirarte". El chamamecero, sentado en medio de la sala principal de grabación del mítico estudio Ion, asiente y completa: " Sí, me decían: «Raulito con vos no podemos bailar, nos dejás con la pata en el aire»". Es curioso que eso que pasó hace tantos años se haya revertido cuando Barboza tiene 73 y un camino recorrido por escenarios que, habitualmente, no ofrecen música para bailar. En realidad, no se trata de una reversión sino de una síntesis, de un camino a la simpleza, al elogio de la melodía de una forma muy pura.
El último disco publicado por Raúl Barboza, Luz de amanecer , tiene obras que este chamamecero compuso durante los últimos 25 años. Hay varias registradas en álbumes anteriores, que volvió a grabar con otro formato instrumental, y hay otras que no tienen más de dos o tres años de escritas. Lo que tienen en común, además de que se trata de la misma pluma que compuso todas, es ese giro a cierta simpleza que Raúl viene dando con los años, hacia ciertos despojos de ornamentaciones que, aunque todavía puede dejar a muchos "con la pata en el aire", otorgan ciertas insinuaciones al baile.
Raúl Barboza compuso la mayoría de estas obras en Francia, donde pasa más de la mitad del año; las grabó en su CD hace unos meses, en Buenos Aires, y las está presentando ahora, con una serie de actuaciones en formato de trío acústico de acordeón, guitarra y contrabajo. Lo hace en torno a un público que está sentado en una sala con mesas y sillas. No se trata de una bailanta. Pero si hubiera espacio en el medio, quizás alguien se pondría de pie cuando Raúl insinúa una invitación al baile, en ciertos momentos, entre sus comentarios, los climas tan serenos que surgen del discurso musical, la sonoridad del trío, la gracia rítmica y esa valoración melódica. En definitiva, esa síntesis chamamecera que denota huellas claramente "barboceanas" y momentos para el baile.
En la función que abrió este ciclo comenzó su concierto con el tema que da título al CD y continuó con el nostálgico "Barrio latino". Luego dio el toque afrancesado de "Los músicos del metro", que después se convierte en un chamamé con todas las de la ley. Y más tarde trajo historias, como una conversación imaginaria con su acordeón, o el recuerdo de grabaciones de "Invierno en París", con el guitarrista Horacio Castillo, fallecido hace un par de años. En ese recorrido no todo fue chamamé. Hubo algún tango colado, como "Nunca tuvo novio", antes de volver a dar otro último golpe de timón que, río abajo, lo llevó con su trío a los bises. Ahí sonaron piezas como "Merceditas" y su conocido "Tren expreso" que le reclamaba el público y que, sin duda, seguirá reclamando en las próximas presentaciones. ¿Alguien quiere apostar?
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