BARRIO CANDIOTI EN JAQUE POR LOS ROBOS Y ASALTOS
Dos delincuentes fuertemente armados concretaron ayer un asalto a mano armada en un supermercado de barrio Candioti, donde lograron hacerse de una importante cantidad de dinero para luego darse a la fuga.
Testimonios escuchados en el lugar dieron cuenta de que lo sucedido en este comercio -donde además una mujer sufrió una severa crisis tras pasar varios minutos con una pistola 9 milímetros apoyada en su cabeza- corresponde a una verdadera ola de asaltos y robos que desde hace tiempo hizo “pie firme” en el sector.
Al cabo de una breve recorrida por la popular barriada fueron muchos los vecinos que se acercaron hasta el móvil de este diario para narrar hechos de asaltos a comercios y robos en casas de familia.
Datos certeros
El último capítulo de esta serie se desarrolló a media tarde de la víspera en el supermercado -granja y carnicería- Don Lucas, ubicado en la esquina de Sarmiento y Chacabuco.
Los autores de este atraco resultaron ser dos sujetos, de entre 25 a 30 años. El que llevó adelante la acción -irrumpió en el negocio- fue un sujeto morocho, alto, bien vestido y “muy seguro” en sus movimientos, como si obraran en su poder “datos certeros” sobre el lugar del hecho.
Lo que sigue es el relato de las propias víctimas. “Aproximadamente a las 19 entró al local un sujeto armado, que cubría su rostro con un casco. Llevaba un arma grande como las que tiene la policía -una 9 milímetros-, la montó, me apuntó y me dijo `dame toda la plata’.
“Yo saqué el dinero de la caja pero entonces el tipo, se dio vuelta y agarró a una clienta. Le apoyó la pistola en la cabeza y se volvió para decirme: `Te dije que me des toda la plata”.
Agregó que “una vez que logró su objetivo muy tranquilo me reiteró, `loco no te muevas, quedate piola y no llamés a la policía”. Nosotros les hicimos caso y el tipo se fue”.
Consultado sobre la retirada, se supo que el delincuente no actuó solo. “Afuera lo estaba esperando otro compinche con una moto encendida, la que estacionó en la puerta misma del negocio”, dijo el comerciante.
En la panadería
Más tarde se supo sobre lo ocurrido la tarde del domingo en una panadería ubicada en la esquina de Necochea y Maipú.
En este caso también fueron dos los delincuentes que estuvieron a cargo de la ejecución del atraco, la que incluyó una dramática situación con las empleadas del local.
Una vez que ingresaron al negocio uno de los rufianes simuló comprar unas facturas. Sin embargo, segundos después sacó a relucir un arma de fuego con la que amenazó a dos mujeres para que le entregasen el dinero de la recaudación.
Pero después que estuvo consumado el hecho sobrevino lo peor por cuanto los ladrones obligaron a las empleadas a encerrarse en un baño, ubicado en la parte posterior del local, donde las revisaron para ver si tenían más plata u ocultaban algún teléfono celular.
“La situación rozó lo peor, por cuanto las mujeres quedaron al borde del abuso”, confió hoy una de las fuentes consultadas.
Es de hacer notar que el citado comercio -sucursal de una conocida cadena de panaderías de nuestro medio- fue blanco de cuatro asaltos en un lapso que no supera los tres meses.
Ladrón caprichoso
No escapó a esta escalada la despensa Charo, de calle Necochea 3751, la que resultó víctima de un ladrón “caprichoso”, el que no tuvo reparos en “visitar” dos veces el comercio la misma semana.
El caso -todo un símbolo del estado de situación- comenzó el sábado de la semana anterior cuando una mujer estaba al frente del negocio y fue objeto de un robo express.
Los responsables del local llamaron a la policía pero, según sus dichos, nunca se hizo presente. Lo increíble sucedió poco después -el martes- cuando el mismo delincuente regresó al comercio y ahora sí concretó un nuevo asalto.
Por si fuera poco, los dueños de este negocio suman otras dos visitas de los cacos en los últimos meses.
El más caro
La serie se completó con lo sucedido en el maxikiosco El Duende, de calle Necochea y Chacabuco, donde además funciona una agencia de quiniela y telecabinas.
Su propietario se encuentra construyendo su casa particular, motivo por el cual se ve obligado a pernoctar en el interior de su negocio.
La experiencia resultó poco menos que traumática esta semana cuando su sueño se vio interrumpido por la acción de varios ladrones que rompieron los vidrios del comercio en su intento por ingresar.
Este episodio volvió a repetirse en las últimas horas, lo que obligó a su dueño no sólo a reparar los vidrios sino a colocar rejas reforzadas. “La seguridad del local me está saliendo más caro que unas vacaciones a Europa”, ironizó al ser consultado.
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