Bate la posta
A dos kilómetros de la Ruta 9, cerca de la ciudad salteña de Metán, en medio de una arboleda que se asemeja a un oasis, está la más famosa de las posadas que usaban para dejar descansar sus caballos los hombres que no descansaban nunca. Para llegar a la posta de Yatasto hay que recorrer un sendero pedregoso que parece no ser arreglado desde que anduvieron los últimos jinetes de Güemes; pero la visita vale la pena.
Yatasto, un palacio de dos plantas, con balcones bien españoles, paredes de adobe de un metro de ancho y un estado de conservación que el permite sostener indemne el 80% de su estructura original, es hoy un monumento histórico nacional. Y tiene razones para fundamentar su jineta: allí San Martín y Belgrano, un 20 de enero de 1814, establecieron las estrategias militares que a la postre desencadenarían en las batallas finales antes de la Declaración de la Independencia.
Los orígenes de la posta se remontan a 1772, aproximadamente. Al menos en esas épocas aparecieron las primeras posadas, que se consolidaron en 1767, cuando nació la Administración de Correo. En adelante, las postas fueron fundamentales tanto como lo fue la de Yatasto para la suerte de lo que todavía no era la Argentina.
Las edificaciones de estas características fueron construidas por hombres que iban ganando terreno a los malones de los indios del Gran Chaco. Se construían primero fuertes y luego asentamientos donde se pudiera trabajar la tierra y hacer reproducir el ganado. A juzgar por lo que cuenta la historia, a Don José Vicente de Toledo y Pimentel, el primer dueño de ese predio que tenía 80 mil hectáreas, no le ha ido nada mal.
Es que el hombre, comprometido con las luchas por romper el yugo con la corona española, cedió 1.300 caballos y 100 vacunos a las huestes de Balcarce, que andaba por la zona con ínfulas libertadoras. Después vino lo que le dio fama perpetua al sitio: el encuentro entre San Martín y Belgrano, bajo un algarrobo añoso que aún sobrevive, enclenque y sosteniendo con su silencio la idea de que guarda secretos importantes.
En Yatasto, San Martín y Belgrano resolvieron otorgarle el comando de vanguardia, en el ejército del norte, a Martín Miguel de Güemes, el aguerrido caudillo que tanto contribuyó a la liberación de la patria, naturalmente antes que irrumpieran las multinacionales. También supo pasar por allí Pueyrredón y hoy se recuerda a todos ellos con placas sobre una pared de piedra edificada oportunamente lejos del casco de la estancia, para no atentar contra la estética de la historia.
El museo se puede visitar de 9 a 17 y hay que poner un pesito para el mantenimiento. Pero no es nada, sobre todo porque se ve lo bien cuidan. Balanzas y ollas de cobre, jarrones de arcilla, espuelas, yugos sostenedores de bueyes, recaos de totoras, caronas, guardamontes, pecheros, sobrepellones, catres o aperos se conservan allí como no se han podido conservar las ideas de San Martín y Belgrano.
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