BELLA, JOVEN Y RICA, A JUICIO EN BRASIL POR MATAR A SUS PADRES
El ingeniero Manfred von Richtofen, de 49 años, era un sobrino nieto de un as de la I Guerra Mundial conocido como el Barón Rojo. Vivía aparentemente feliz con su familia en un barrio acomodado de San Pablo. Pero su asesinato y el de su esposa, inducido por la hija del matrimonio, ha dejado sin aliento a Brasil. El desconcierto no responde puramente al horror del crimen en sí, consumado con una brutalidad que suele atribuirse aquí a las barriadas populares. La conmoción es aún mayor porque a todos asombra que esta violencia parricida se haya registrado en una familia próspera y de buen nivel social, algo a lo que la sociedad brasileña no está acostumbrada.
Suzane, que rondaba los 19 años cuando ayudó a matar a sus padres, en octubre de 2002, parecía tenerlo todo como atractiva rubia, hija mayor de una familia acomodada y descendiente de inmigrantes alemanes. Según su testimonio ante el tribunal que la juzga en San Pablo, que comenzó a juzgar el caso esta semana, su padre la maltrataba y se negaba a aceptar su noviazgo con Daniel Cravinhos, de 25 años, un muchacho humilde de la región paulista.
Al ser interrogado por los jueces, Cravinhos contó que había sido persuadido por su novia Suzane de golpear hasta matar a Manfred y su madre, Marisa, una psicóloga de 50 años, mientras dormían en su cuarto, con una barra de hierro.
“Ella dijo que los odiaba y que quería verlos muertos”, dijo el joven, a quien la chica supuestamente reveló que era sexualmente abusada por su padre y que su madre la golpeaba. “Quedé impactado”, comentó.
Suzane, Daniel y su hermano mayor, Christian Cravinhos, están acusados del asesinato, pero Daniel afirmó ante los jueces que él mismo había matado a la pareja a nombre de la chica.
Afirmó que, por una indicación de Suzane, había intentado probar un arma en el cuarto de los padres —tres meses antes de que consumaran el asesinato— para ver si el arma era muy ruidosa. La idea de usar armamento de fuego para el crimen fue prontamente descartada.
El joven agregó que la chica los había dejado entrar a la lujosa residencia y que llegaron hasta el cuarto donde los padres dormían. Daniel dijo que había golpeado a cada uno de los padres “cuatro a seis veces” en la cabeza y que luego los había cubierto con bolsas plásticas negras para que el hermano menor de Suzane —Andreas, quien estaba en un café cibernético en ese momento— no los viera.
Ante otra pregunta de los jueces que lo interrogaban, Daniel aseguró que el padre de Suzane la había amenazado con desheredarla de una fortuna estimada en unos 954.000 dólares, si la chica no daba por concluida su relación con él.
Tras dejar a Andreas en el café, Suzane retornó a su hogar, permitió ingresar a Daniel y a su hermano Christian al dormitorio de los Richtofen. Luego los tres saquearon la biblioteca para simular un robo y Daniel y Suzane fueron a un motel a fin de fabricar una coartada. Después recogieron a Andreas y llamaron a la policía para denunciar los asesinatos.
Al hablar ante el tribunal que los juzga, Suzane aseguró que fue convencida por Daniel de planear el asesinato. “El era como Dios para mí”, dijo a la corte. Los testimonios hasta ahora son por separado, pero los jueces no descartan un careo entre los procesados.
Las quejas de la joven hacia sus padres, sin embargo, han sido rebatidas por su hermano menor Andreas von Richtofen, quien permaneció al margen del crimen. Según el joven, Suzane no sólo nunca mostró remordimiento por el homicidio, sino que descartó las versiones que dio al tribunal el lunes de que era maltratada por su padre. “El era un hombre generoso y nunca nos golpeó”, dijo el joven Andreas a los jueces. Agregó que nunca vio a su hermana llorar después del crimen. “No creo que ella lamente lo que hizo”, comentó con rostro preocupado.
La policía ha dicho que Daniel y Christian Cravinhos confesaron el asesinato y que Suzane von Richtofen admitió haberlos ayudado. Los tres encaran cargos por homicidio, mientras los fiscales dicen que buscarán el castigo máximo de 60 años de prisión: es decir 30 años por cada asesinato. Los tres fueron detenidos un mes después del crimen, en noviembre de 2002. El fiscal Roberto Tardelli dijo que para el Ministerio Público los tres jóvenes cometieron el crimen, posiblemente para dividir la herencia de Suzane.
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