BENEDICTO XVI DIJO QUE SEGUIRÁ EL DIÁLOGO CON OTRAS RELIGIONES
Con señales de cansancio por el ajetreo de los últimos días, Benedicto XVI celebró ayer su primera misa pública como nuevo Papa en el altar de la Capilla Sixtina y trató de aliviar los recelos de quienes temen un pontificado autoritario y ultraconservador. El Papa Ratzinger aseguró en el sermón que luchará por la unidad de los cristianos, el diálogo entre las religiones, la aplicación de las reformas aprobadas por el Concilio Vaticano II y en favor de los jóvenes.
El flamante Pontífice, elegido el martes en el Cónclave tras sólo cuatro votaciones, dijo que se sentía inspirado más que nunca “por mi venerado predecesor Juan Pablo II”. “¡Me parece sentir su mano fuerte sosteniendo la mía; me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar sus palabras dirigidas directamente a mí: ‘No tengas miedo!'”, agregó en su homilía, pronunciada en latín, como es habitual en estos oficios.
El hasta hace dos días cardenal Joseph Ratzinger, guardián de la pureza doctrinaria católica durante el largo papado de Juan Pablo II —quien murió el 2 de este mes—, comenzará oficialmente su pontificado en una ceremonia que tendrá lugar el domingo por la mañana. En Roma ha comenzado una gran movilización de las estructuras de la Protección Civil porque el responsable, Guido Bertolaso, estimó ayer que “debemos prepararnos para el arribo de hasta medio millón de fieles para la celebración en la plaza de San Pedro”.
Gobernantes y líderes religiosos asistirán a la ceremonia, entre ellos el presidente argentino Néstor Kirchner. Pese a los esfuerzos físicos que realizó en las últimas semanas como Decano del Sacro Colegio de Cardenales, Benedicto XVI se ve en buen estado. “Su estado de salud es muy bueno para un hombre de 78 años”, dijo un colaborador.
En 1991 el entonces cardenal Joseph Ratzinger sufrió un pequeño derrame cerebral que obligó a internarlo, pero del cual se repuso perfectamente. Aquella fue la primera oportunidad en la que Ratzinger le pidió a su amigo Karol Wojtyla que le permitiera renunciar a su cargo de Prefecto para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, y regresar a Alemania para seguir estudiando teología y escribir nuevos libros.
Pero el entonces Papa le dijo que no. Como el cardenal Ratzinger se restableció sin problemas, siguió en el cargo hasta la muerte de Juan Pablo II.
La homilía de Benedicto XVI estuvo dirigida a los 114 cardenales que tomaron parte de su elección en la misma Capilla Sixtina donde se realizó la ceremonia de adiós al Cónclave y a un grupo de cardenales que no votaron por ser mayores de 80 años. El Papa Ratzinger elogió varias veces a Juan Pablo II y dijo que Wojtyla dejó “una Iglesia más valiente, más libre, más joven”.
A continuación dijo: “Quiero afirmar con fuerza la voluntad de proseguir con la tarea del cumplimiento del Concilio Vaticano II en el curso de mis predecesores y en fiel continuidad con la tradición bimilenaria de la Iglesia”.
También aseguró que al iniciar su ministerio asumía “el compromiso primordial de trabajar con todas las fuerzas por el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los que siguen a Cristo”. Reconoció que para promover “la causa fundamental del ecumenismo” son “necesarios hechos concretos”.
“Sobre la senda de sus predecesores, este Papa está plenamente determinado a cultivar cada iniciativa que pueda aparecer para promover los contactos y el acuerdo con los representantes de las diversas iglesias y comunidades eclesiásticas”, dijo Benedicto XVI para recordar enseguida el fervor con el cual el mundo entero siguió los funerales de su antecesor.
“Con esta convicción —continuó el Pontífice— me dirijo a todos, incluso a aquellos siguen otras religiones o que simplemente buscan una respuesta a las preguntas de la existencia y no la han encontrado. A ellos me dirijo con simplicidad y afecto para asegurarles que la Iglesia quiere continuar teniendo un diálogo abierto y sincero”.
Cuando era el guardián de la pureza doctrinaria de la Iglesia, el nuevo Papa publicó con el apoyo de Juan Pablo II en el 2000, año del Jubileo, un documento llamado “Dominus Jesus”, que provocó reacciones tormentosas porque fue acusado de acentuar los enfrentamientos con las otras religiones, sobre todo cristianas, y torpedear el delicado diálogo ecuménico. El texto enfatizó el primado del Papa, que debe ser reconocido por las otras confesiones cristianas, y el principio de que la salvación solo proviene de la verdad de la Iglesia católica.
El nuevo Papa dedicó el resto de la jornada a adaptarse a su nuevas responsabilidades. Tras la misa, visitó en el Palacio del ex Santo Oficio a sus colaboradores en la Congregación para la Doctrina de la Fe, que lo acogieron con aplausos.
Después fue hasta los aposentos papales, en el tercer piso del Palacio Apostólico, donde hasta su muerte residió Juan Pablo II. El Pontífice retiró las cintas y sellos de las puertas, tal como prevén las normas de la Santa Sede y se sentó en el sillón papal en el estudio de trabajo.
Joseph Ratzinger no residirá allí por ahora porque los aposentos papales serán reestructurados. Mientras tanto, Benedicto XVI decidió continuar habitando el apartamento del 2ø piso destinado al Papa en el hotel de Santa Marta, donde se encuentran también los otros 114 cardenales que participaron del Cónclave. Con ellos cenó anoche.
Por la tarde, el Papa salió del Vaticano y caminó unos 100 metros hasta el edificio donde residió estos años. Alrededor de mil sorprendidos vecinos se juntaron para aclamarlo y el Pontífice les dijo que se sentía emocionado por su elección. Después subió a pie cuatro pisos hasta su apartamento para retirar sus efectos personales. Al bajar, siempre caminando por las escaleras, Ratzinger se encontró con Darío Castrillon Hoyos, colombiano, y con Pio Laghi, italiano, dos cardenales que tienen sus apartamentos en el mismo edificio.
Afuera lo esperaba la multitud y un lujoso Mercedes Benz negro de la flota pontificia que lo llevó de vuelta al Vaticano.
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