BERLUSCONI RENUNCIA HOY Y YA HAY NUEVOS ROCES POR EL CANDIDATO A PRESIDENTE
Tras la elección el sábado de los presidentes de ambas Cámaras, que recayeron en dos ex sindicalistas, el democristiano Franco Marini (Senado) y el comunista Fausto Bertinotti (Diputados) —ambos dirigentes de la coalición de centroizquierda del líder de la Unión, Romano Prodi—, la dimisión del gobierno Berlusconi es una formalidad.
De inmediato se abre un escenario complicado porque prácticamente se yuxtapone la formación del nuevo gobierno de Prodi como primer ministro con la elección del presidente de la República. En Italia llaman a esta coincidencia el “embotellamiento institucional”.
Ciampi fue elegido el 13 de mayo de 1999 por un mandato de siete años que vence el 18 de este mes. El gran conflicto en estos momentos es el nombre del nuevo jefe del Estado.
Berlusconi dijo ayer que la alianza de centroderecha, flamante oposición, presentará una “rosa” de candidatos que en realidad son “de bandera”, todos del área berlusconiana. Como florece la hipótesis de nombrar a un dirigente de la coalición de centroizquierda —concretamente el ex comunista y ex primer ministro Massimo D’Alema, presidente de los Democráticos de Izquierda—, Berlusconi dijo que no acepta esta candidatura. “No, porque sería una dictadura de la Unión, que ya acaparó a los presidentes de las dos cámaras”.
El premier agregó que no abandonará la lucha política porque “sería como traicionar a los italianos que me han dado su confianza”. Y agregó: “El nuestro ha sido el mejor Gobierno de la República. Mi sueño es crear el gran partido único de los moderados, incluso porque así ayudaré a construir un partido de democráticos en la izquierda”.
En Italia las fuerzas políticas han tendido siempre a concertar la elección del presidente de la República en torno a figuras aceptadas por una vasta mayoría. Pero el clima político que se vive en Italia desde hace demasiado tiempo es de fuerte contraposición entre las dos grandes coaliciones. Un clima que se ha exasperado mucho más en la campaña electoral y al conocerse los resultados, en los que la alianza de centroizquierda venció por muy pocos votos de diferencia.
Berlusconi sigue afirmando que los resultados proclamados por la justicia electoral son irregulares, lo que aumenta el enfrentamiento y los enconos.
Romano Prodi dijo ayer que en dos o tres días tendrá listo su gabinete ministerial y que espera la convocatoria del presidente Ciampi al Palacio del Quirinal. He aquí otro problema. Prodi prefiere que Ciampi le encargue la formación del nuevo gobierno de inmediato, en lo posible el viernes próximo. Pero los tiempos son muy estrechos porque el debate parlamentario y los votos de confianza en la Cámara de Diputados y el Senado deberían producirse antes del sábado 13, cuando se pondrá en marcha el mecanismo de elección del presidente de la República.
Berlusconi quiere que Ciampi encargue a Prodi la formación del nuevo gobierno después de la elección presidencial. Y dentro de la alianza de Prodi parece prevalecer una variante: que el presidente Ciampi adelante su dimisión a este viernes y se apure la consagración de su sucesor para apurar también la creación del nuevo Ejecutivo encabezado por Prodi.
Todas estas idas y vueltas esconden maniobras de alto vuelo en la patria de Maquiavelo. Prodi ha ofrecido a Massimo D’Alema que sea el canciller del nuevo gobierno. Pero D’Alema ambiciona la presidencia, que obviamente es mucho más importante. Por eso él también quiere, como Berlusconi, que primero se elija al nuevo jefe del Estado.
Es una especial Asamblea la que vota por la designación del presidente italiano. Está integrada por 1010 grandes electores. La forman los diputados, los senadores y un grupo de delegados regionales. Desde hoy las maniobras se harán febriles y entre los candidatos figura la reelección del mismo Ciampi, que para muchos sería la solución menos traumática. Pero hasta ahora Ciampi, que ha cumplido 85 años, no se ha declarado disponible.
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