BIBLIOTECA GASTRONÓMICA PARA EL CONGRESO DE LA LENGUA
Como entrada, una sopa de manzanas acompañada de una copa helada de Sauvignon Blanc, especial para la ocasión. Después un manchamanteles —lomo de cerdo con salsa de banana, ananá y especias— y de postre, un soufflé de castañas bien doradas. Si no se adivinó el libro al que pertenecen estas recetas, al menos se podrá deducir —por los ingredientes americanísimos de los platos— que se trata de un escritor de este lado del mundo hispano. Son de Intimas suculencias el libro de la mexicana Laura Esquivel.
A modo de biblioteca para el paladar varios restaurantes rosarinos, junto con la Secretaría de Cultura, presentarán esta oferta gastronómica a quienes lleguen a Rosario a partir del 17, al III Congreso de la Lengua Española.
Los platos y postres fueron extraídos de novelas, cuentos y poemas de escritores de habla española, como Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Manuel Vázquez Montalbán y José Hernández.
Para beber, dos bodegas presentarán etiquetas con el logo del Congreso. Se trata de un Sauvignon Blanc, un Cabernet Sauvignon y un Malbec de Familia Zuccardi y de Trapiche.
Quien prefiera a Isabel Allende podrá optar como entrada por una ensalada de apio (que aparece en su libro Afrodita), como principal por tallarines con alcauciles y como postre por “Carlota de los amantes”, que se prepara con chocolate, nueces molidas, café negro concentrado y cognac.
La coordinadora del proyecto “La lengua en la mesa”, Gabriela Gasparini, explicó que hubo que desarrollar algunos platos porque estaban sólo mencionados en los libros, sin receta precisa y en eso trabajaron chefs de la Escuela Gato Dumas.
En el caso del escritor Manuel Vázquez Montalbán, el menú “Pepe Carvalho” tiene berenjenas al estragón, tortilla en escabeche y bacalao al roquefort. Cada restaurant tiene la libertad de crear nuevos platos que estarán disponibles hasta fin de mes.
Hay ofertas variadas, desde menúes de 7 pesos, pensados para tentar conferencistas en bares cercanos a la sede del Congreso o en restaurantes céntricos.
Para vestir las mesas se diseñaron manteles individuales con poemas que hablan de comidas y bebidas para que la gente lea mientras come. Entre otros, hay poemas de Neruda, de Miguel Angel Asturias y la Sopa del cuarto de hora, de Raúl González Tuñón.
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