BIELSA DIRIGE EL ÚLTIMO ENSAYO ANTE URUGUAY
Suena raro. Un duelo con historia de Gardeles nacidos en una y otra parte de un río que divide, finales mundiales y olímpicas, tradición y epopeyas, con Centenarios desbordantes y viejas canchas argentinas repletas, se ha traslado. Como una sucursal de una multinacional, el fútbol globalizado ofrecerá un Argentina-Uruguay a orillas del Arno, en una Florencia amante de su cultura, pero no de estos espectáculos importados.
Será un partido de lujo por los apellidos, porque de uno y otro lado estarán los mejores apellidos de plaza, pero se jugará en un estadio que si los pronósticos a boca de urna no se vuelcan abiertamente contará con unos pocos en la tribuna. Feo de corado para un espectáculo único y dos estrellas de lujo. La Argentina que busca remontar la cuesta de los afectos perdidos tras el fracaso del Mundial, no encontrará a la distancia el reencuentro. Hasta es preferible algún silbido autóctono que el vacío de un estadio sin gente. Desde lo organizativo quedan dudas si la elección de una ciudad distante es buena, desde lo futbolístico será una gran oportunidad para ver si la Selección plasma en el campo lo que promete en el laboratorio.
Argentina será fiel a la tradición Bielsa. Mucho pressing alto, salida de los laterales y vocación ofensiva, con la posibilidad de ver jugar un rato a Saviola y a D’Alessandro, pero atención que enfrente Uruguay pondrá tal vez el equipo más fuerte de los últimos veinte años. Porque también estará su colonia europea. Puede ser un gran partido leyendo los nombres. Porque Argentina pondrá en la cancha el gran momento de Zanetti, pero enfrente en la misma posición, el DT Carrasco inventa a Guigou, un volante central. Si Argentina presenta una dupla central superlativa como Ayala-Samuel, los celestes ponen a Lembo-López. Si en el medio Argentina pone la marca de Almeyda, Uruguay responde con Abeijón y si los nuestros descansan en la creación de Verón y Aimar, los uruguayos colocan a Giacomazzi (anda bien en el Lecce) y Recoba que se juega la carta de volver a ser grande. Y arriba hay para despilfarrar. Porque los dos técnicos saldrán con tres delanteros, una rareza en medio del calor que no se aleja. De un lado se sabe lo que pueden aportar Crespo y López y será una ocasión para ver lo que ha crecido Milito. Pero del otro responden con Chevantón, Abreu y Forlán.
Un partido así no merecía jugarse en Florencia. Era el Río de la Plata el que divide y finalmente une y no el Arno cadencioso, tan extraño a estas paradas. Pero es este fútbol, el que por una moneda ya no destruye el deporte sino el último bastión que quedaba: la tradición.
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