BIELSA ENFRENTA SU MOMENTO MÁS DIFÍCIL
Acaso las broncas y fastidios que expresó, a los gritos, ahí entre las cuatro paredes del vestuario del nuevo estadio Ciudad de La Plata, no le provocaron tanto dolor como los dardos que recibió de parte del público. Será porque está acostumbrado a decirles las cosas con suma vehemencia a sus dirigidos, y porque está desacostumbrado a sentir de cerca una reprobación masiva tan fuerte.
“Tuvimos 28 minutos y medio espectaculares. Después parecimos un equipo de la D…”, les recriminó a los integrantes del seleccionado doméstico. Furioso, insistió en el entretiempo: “Usted, Clemente, sube; y usted, Domínguez, se queda”.
—Pero yo, por mis caracterís…
—¡Usted se queda, carajo! ¡Acá el que decide soy yo!
Marcelo Bielsa es así. Los jugadores lo saben y pese a este tipo de diálogos, lo siguen valorando. Por su capacidad de trabajo pero también por ser frontal, sincero, le pese a quien le pese.
El tema es que, más allá de las cuestiones estrictamente futboleras y relacionadas con el 2-2 en el amistoso con Uruguay, al entrenador le dolió la actitud del público. Tiene bien claro Bielsa que su relación con el presidente de la AFA, Julio Grondona, transita por un camino de ripio. De hecho, no se dirigieron la palabra el miércoles a la noche y hasta hubo un instante de tenso silencio cuando el mandamás del fútbol argentino visitó la intimidad del plantel. Lo que no tenía tan claro el técnico, en cambio, era su actual relación con el público. Sencillamente porque, después del fracaso en el Mundial, la Selección no se había presentado en suelo argentino. Por eso dice que tendrá que acostumbrarse…
El entrenador, que fue silbado antes del partido e insultado después, se sintió maltratado (“No soy indiferente al maltrato”) porque no se reconoció el buen juego del equipo en la media hora inicial del encuentro (“uno de los mejores momentos que tuvo Argentina bajo mi conducción”) y porque, en definitiva, “tengo que asumir que los peores momentos del equipo se vinculan conmigo. Supongo que tendré que acostumbrarme. De todas maneras nunca fui especialmente reconocido por el público”.
El martes 8, enojado, dijo: “Mi autoridad tiene un límite” al referirse a la temporaria exclusión de Javier Mascherano y Luis González de la nómina para el partido de anteayer. La renovación de su contrato con la AFA, tras el Mundial, sigue siendo un tema caliente. El lunes volvió sobre lo mismo: “A mí me ofrecieron dirigir a la Selección, no fui yo el que lo pedí”. Se le señaló, entonces, que resulta sintomático que Julio Grondona no diga lo mismo. Y respondió: “Puede ser sintomático… Yo le cuento lo que sucedió”.
No extraña, por todo esto, que hoy Bielsa diga: “Ultimamente son todas dificultades, pero se trata de fortalecerse en la adversidad y de hacer lo posible para que el equipo se independice del trato que yo recibo”. Al margen del amistoso que se gestiona para el 20 de agosto en Europa, se vienen las Eliminatorias. Bielsa dice que para curar todos los males hay que ganar. A esta altura, ni los triunfos por sí solos parecen garantizar su recorrido en paz hacia Alemania 2006.
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