BIELSA: "VAMOS A ATACAR CON SEIS JUGADORES"
Lima está tibia y está de mediodía. Y también está de fútbol y está de emociones. Está de fútbol al principio, cuando Marcelo Bielsa hace precisiones sobre la Selección Argentina y avisa que en la final de la Copa América del domingo frente a Brasil algo puede cambiar en su equipo. Y está de emociones desde la mitad hasta la conclusión, cuando el entrenador va soltando percepciones sobre el grupo que dirige y sensaciones —fuertes, no frecuentes, finamente percibidas— sobre su experiencia peruana, ya camino del final.
Lógico, inevitable, Bielsa arranca ante la prensa con un retrato de Brasil que insinúa alterar el retrato de Argentina: “Es un equipo que juega con dos atacantes centrales y un atacante que juega detrás de ellos, que es Alex. No sería conveniente que yo ignorara ese aspecto. Sería algo reclamado especialmente por los futbolistas”. Después enfatiza: “A un futbolista no hay que darle una tarea que no está especialmente habilitado para hacer”. Un periodista argentino lo escucha y sopla despacito: “¿Habrá cambios?”. El técnico continúa respondiendo y está claro que, porque faltan días y porque no es su práctica, no definirá aún cómo ordenará a sus futbolistas. Pero un ratito más adelante avisa: “Vamos a atacar con seis jugadores, eso no lo vamos a abandonar. Es una prueba suficiente de protagonismo y de reconocimiento de nuestro estilo. Pero vamos a defender con un jugador más que el que ellos ponen para atacar. Si no procediera así, yo me equivocaría”. El mismo cronista se repite pero omite la pregunta. Ahora afirma: “Habrá cambios”.
“Argentina y Brasil son los dos mejores equipos del torneo”, sostiene Bielsa, tras rechazar favoritismos porque “ese es un juego que sobrecarga de responsabilidad a uno y libera al otro”. Y cierra: “Las obligaciones surgen del sentimiento de querer ganar. Me gusta ganar como a cualquiera que compite”.
Alguien le recuerda a Bielsa que, un día antes, muchos jugadores le dedicaron más de un reconocimiento al explicar por qué están en la final. El técnico asegura que los méritos de un grupo son del grupo y no de su entrenador, alguien que tiene otro rol porque “administra ilusiones”. Pero asume que “el respeto que uno se gana, sin hacer concesiones para ganarse simpatías, sirve para mantenerse estable cuando hay turbulencias”.
Podría ser ese tributo de su plantel el saldo más dulce para el técnico en lo que va de la Copa. Pero no. Cuando se lo interroga sobre eso mismo, no resalta ni partidos ni figuras ni golazos. Elige otra cosa: “Lo mejor de la Copa América fue el contacto con la gente del norte de Perú. ¿Vio a Tevez como lo quieren? Como reconociendo su condición de pueblo. Su contacto con los jugadores es como volver a las fuentes. Los quieren, los idolatran sin saber, ignorando para qué marca publicitan y qué intereses comerciales han asumido representar. Los quieren sólo por lo que les muestran en el campo”. Bielsa, tantas veces estigmatizado como frío, como duro o como distante, lo afirma transfiriendo la sensación de un hombre que encontró algo que sólo puede llevarse en el corazón. Es lo último que dice mientras Lima todavía está tibia y está de mediodía, como anunciando más fútbol y también más emoción
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