BIELSA Y CONDOLEEZZA RICE MIDEN LA SOLIDEZ DE LA RELACIÓN BILATERAL
No será la primera vez que se vean, pero sí la inauguración de su diálogo como pares a cargo de las relaciones exteriores de sus países. El canciller Rafael Bielsa volará mañana desde Turquía —vía Francfort— para reunirse el jueves con Condoleezza Rice en el Departamento de Estado, en Washington.
Bielsa, dicen sus escuderos prepara más su oídos que su discurso. Es buen momento —dicen— para calibrar no sólo si la línea directa que existía con Colin Powell se mantendrá con su sucesora y mujer fuerte de la Administración Bush sino, también, adónde pone EE.UU. la lupa.
No se esperan sorpresas pero está claro que dos cancilleres no se reúnen para intercambiar meras cortesías. Tras su gira planetaria inaugural, Rice comenzó a recibir cancilleres latinoamericanos. El chileno Ignacio Walker estuvo primero en la fila. No reportó ninguna.
En el caso de Argentina, es predecible que el diálogo arranque en la salida airosa del default. Felicitaciones norteamericanas, alguna pregunta y agradecimientos criollos por los apoyos en organismos internacionales de crédito y en el G7, serán de rigor. ¿Y el post default? Aquí habrá especial curiosidad nacional.
La participación de Argentina en el Consejo de Seguridad durante el bienio 2005-2006 encontrará a ambos países militando entre los reticentes a ampliar ese cuerpo, sobre todo sin un “amplio consenso”. El desempeño de cascos azules propios en la misión en Haití (MINUSTAH) trazará otra coincidencia en lo multilateral. Pero Bielsa deberá recordar que sin el financiamiento prometido para reconstruir el estado haitiano todo se puede desmadrar sin elecciones.
En cambio, la cuestión de la Corte Penal Internacional, que EE.UU. ha decidido ignorar es un punto de disenso; así como las inmunidades amplias que reclama para sus nacionales. Bielsa y Rice deberán delinear un desfiladero común en esa brecha insalvable, para que ambos países puedan retomar en 2006 los ejercicios militares conjuntos que debieron suspender el año pasado y que Donald Rumsfeld se mostró interesado en reanimar.
La “confiabilidad” —más allá del desconcierto que solemos provocar a EE.UU— ya se mide por los actos. Desde la asunción de Kirchner, Argentina ha cumplido con lo que se esperaba de ella frente a las turbulencias de la región: el apoyo al boliviano Carlos Mesa, el apaciguamiento de los roces entre Venezuela y Colombia o ante los chisporroteos de Hugo Chávez con EE.UU.
Si Cuba aparece en el menú, fuentes diplomáticas consultadas por Clarín admitieron que la referencia a la predecible abstención en la ONU a condenar la violación de los derechos humanos será breve, lacónica.
Si los vientos parlamentarios soplan benignos, Bielsa podría llegar a la cita con la ratificación parlamentaria de los convenios antiterroristas de la ONU y la OEA varados por falta de quórum. Así podrá hablar más cómodo del capítulo referido al control en la Triple Frontera o la tensa relación con Irán en relación con los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA.
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