BLAIR DECIDIÓ APOYAR LA GUERRA DE IRAK OCHO MESES ANTES DEL ATAQUE
A cuatro días de las elecciones generales, el primer ministro británico, Tony Blair, se vio hoy obligado a defender su integridad, cuestionada tras la filtración de un documento oficial sobre su polémico apoyo a la guerra de Irak. El espectro de la guerra, que ha provocado una caída en picado de la popularidad del líder laborista, volvió a irrumpir esta mañana en la campaña electoral y sirvió a los partidos de la oposición para volver a cargar contra la credibilidad del primer ministro.
Según el documento publicado hoy por el diario británico, el primer ministro británico, Tony Blair, que aspira a un histórico tercer mandato, decidió apoyar el plan del presidente de EEUU, George W. Bush, para forzar un cambio de régimen en Irak ocho meses antes de la guerra.
El legajo, sellado con la advertencia “secreto y estrictamente personal”, se refiere a una reunión celebrada en Downing Street (despacho oficial del primer ministro) en julio del 2002, en la que Blair planteó la posibilidad de “un cambio de régimen” en Irak.
“Este documento es extremadamente sensible. No deberían hacerse más copias. Sólo debería mostrarse a quienes tengan la verdadera necesidad de conocer su contenido”, se lee en la transcripción de la reunión.
Según el diario, los papeles prueban que Blair se comprometió en secreto con Bush a respaldar el derrocamiento por la fuerza del dictador Saddam Hussein, pese a ser advertido por el fiscal general británico, Peter Goldsmith, de la posible ilegalidad de esa acción.
La filtración del texto se produce en un momento crítico para el primer ministro, ya que faltan sólo cuatro días para las elecciones generales y la oposición utilizará esto seguramente para poner en duda su integridad.
En el documento, el mandatario británico afirma que “si el contexto político es el apropiado, la gente apoyaría un cambio de régimen en Irak”. Blair argumentó que la cuestión fundamental es analizar “si el plan militar funcionaría y si tenemos la estrategia política para hacer que el proyecto militar funcione”.
La estrategia política pasaba por demostrar que las armas de destrucción masiva del Gobierno de Bagdad suponían una amenaza tan grave que hacía necesaria una intervención militar.
Al día siguiente de la reunión, el jefe del Ejecutivo compareció ante la Cámara de los Comunes y afirmó: “No hemos llegado a la fase de acción militar…No hemos adoptado ninguna decisión”.
Además, pocos días antes del inicio de la guerra en Irak, el 20 de marzo del 2003, Blair sostuvo que Saddam Hussein aún podía evitar la contienda si cumplía con las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Pese al Primero de Mayo (también es un día festivo en el Reino Unido), Blair se embarcó hoy en una frenética ronda de entrevistas en radio y televisión para responder a la filtración y defender su integridad.
En declaraciones a la cadena pública BBC, el primer ministro rechazó la idea haber decidido atacar Irak en julio de 2002, ya que “después de la reunión (en Downing Street) volvimos a la ONU para darle una última oportunidad” a Saddam Hussein. El mandatario laborista argumentó que, “si Saddam se hubiera adherido a la resolución de la ONU, todo habría acabado, pese al hecho de que su régimen era el más espantoso”.
“¿Por qué en las dos últimas semanas de la campaña electoral, los conservadores y los liberal-demócratas (tercer partido británico) quieren hablar sobre Irak?”, se preguntó el jefe del Ejecutivo.
Pese a la sombra de la guerra, cuatros sondeos de opinión publicados hoy en este país otorgan una ventaja a Blair de entre ocho y tres puntos frente a Michael Howard, su máximo rival político. Pero el propio primer ministro no da por ganados los comicios y, en una entrevista divulgada hoy por otro diario británico, admite que la polémica de Irak puede costarle muy caro.
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