BLAIR LOGRÓ UN HISTÓRICO TERCER MANDATO
Tony Blair entró ayer en los libros de historia como el primer líder laborista en ser reelegido para un tercer mandato en Downing Street, pero con un número de “votos castigo” lo suficientemente alto como para poner en duda la fortaleza y duración de su liderazgo. Bajo el espectro de la guerra en Irak, el oficialismo habría visto caer el número de sus bancas de 412 a 356, con lo que tendría una mayoría parlamentaria de sólo 66 escaños, de acuerdo con una encuesta a boca de urna difundida anoche por las dos principales cadenas de televisión: BBC y ITN.
Al revés de todas las predicciones, los conservadores habrían aumentado sus escaños de 166 a 209 escaños, pero ese marcador está lejos de reflejaruna recuperación por parte del principal partido de oposición. Entre los tories victoriosos, se encontraba anoche el ex titular del Foreign Office sir Malcom Rifkind.
De acuerdo con el mismo sondeo, en términos porcentuales, el partido de Blair habría obtenido el 37% de los votos, contra el 33% de los conservadores. Con el 22% de los sufragios, los liberales demócratas, que aspiran a romper el tradicional bipartidismo tory-laborista, también habrían incrementado considerablemente su base electoral, pero, al cierre de esta edición, no estaba aún en claro si este avance -a raíz de la ausencia de un sistema electoral proporcional- se traduciría en un gran número de asientos.
Las estimaciones en boca de urna otorgaban a Charles Kennedy y sus seguidores entre uno y tres nuevos escaños. Su táctica de “decapitación”, destinada a remover figuras clave del oficialismo y de los tories parece, sin embargo, haber logrado el efecto deseado al obtener el asiento de, por lo menos, un miembro del gabinete, la ministra de Inmigración, Barbara Roche.
La “pesadilla amarilla” de Tony Blair, aquella que predecía el ingreso de Michael Howard “por la puerta de atrás” en Downing Street, a raíz del avance de los liberales demócratas, no se concretó. Pero no caben dudas de que el respaldo dado al partido de Kennedy en varios distritos considerados “marginales” dio una crucial ventaja a los conservadores.
Gordon Brown, el hombre que todo el mundo ha comenzado a reconocer como el nuevo primer ministro “de facto”, fue reelegido con una amplia mayoría en el distrito escocés de Kircaldy. “Prometo que escucharemos y aprenderemos de los resultados nacionales -sostuvo sobriamente el ministro de Economía al conocerse, anoche, su propia victoria-. Mantendremos y mejoraremos nuestra estabilidad económica y construiremos una Gran Bretaña más justa, donde todos los niños podrán crecer sin sufrir distinciones de clase social.”
Para tranquilidad de Downing Street, el canciller, Jack Straw, también fue reelegido en su distrito de Blackburn, con una mayoría ligeramente reducida por la campaña lanzada en su contra por la comunidad musulmana local.
La tasa de participación nacional habría sido mayor que el 59 por ciento registrado en 2001, pero la cifra definitiva se conocerá hoy porque -en forma inusitada- hasta seis millones de ciudadanos se registraron para votar por correo, y no se sabe si todos cumplieron con su deber cívico.
Esta ha sido, sin duda, una de las elecciones más reñidas en los últimos veinte años. Tal fue el grado de incertidumbre hasta el final que, por primera vez de lo que se tiene memoria, los dos principales partidos rompieron la “norma de caballeros” de no hacer campaña el día de los comicios.
El viceprimer ministro John Prescott envió e-mails rogándoles a los afiliados a su partido que se acercaran a las urnas, mientras que Michael Howard hizo cientos de llamadas desde el centro de comunicaciones del Partido Conservador. En las filas laboristas, la reducción de su enorme mayoría parlamentaria dejó a muchos anonadados y en busca de explicaciones. “No sé qué decir; esperemos a ver los resultados finales”, sugería el jefe de la campaña, el ex ministro de Salud Alan Milburn.
“Tengo la mala sensación de que es el temor a la inmigración lo que ha ayudado a los conservadores”, señaló la ministra de Medio Ambiente, Margaret Beckett.
Howard, más allá de concentrar su campaña en acusar a Blair de “mentiroso”, desató un verdadero debate nacional sobre el tema de la inmigración al acusar al gobierno de haber perdido el control de sus fronteras.
El factor Irak
El ministro de Defensa, Geoff Hoon, desestimó que la guerra en Irak hubiera tenido un papel preponderante en los resultados. “Ha sido un factor mucho menos importante de lo que anticipaban los medios”, indicó. Pero pronto fue refutado por Robin Cook, el ex titular del Foreign Office que renunció a su posición en el gabinete por considerar “ilegal” la ofensiva para derrocar al régimen de Saddam Hussein, quien sostuvo: “No caben dudas de que Irak ha jugado un papel crucial en la pérdida de muchos asientos laboristas. Es ridículo negarlo”.
Blair pasó ayer toda la jornada con su esposa, Cherie, y sus hijos, en su distrito de Sedgefield, el tradicional feudo laborista del norte de Inglaterra donde hace cuatro años obtuvo una mayoría de más de 17.000 votos. Al igual que en el nivel nacional, esa cifra se vio reducida, en su caso por la candidatura del padre de un soldado muerto en la guerra de Irak, Reg Keys, que obtuvo más de 5000 votos.
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