BLUMBERG VA A LA PLAZA EN MEDIO DE UNA PULSEADA CON EL GOBIERNO
En medio de un convulsionado clima político, en el que la tensión lejos de mermar se agudiza a medida que se acerca el acto, Juan Carlos Blumberg desembarcará hoy por primera vez en Plaza de Mayo para exigir mayores medidas de seguridad, en lo que será una clara pulseada contra el Gobierno.
Se trata de la cuarta convocatoria del ingeniero desde que el 23 de marzo de 2004 un disparo cruzó la cabeza de Axel y terminó con su vida después se estar secuestrado durante seis días en una casilla de Moreno.
La organización, acostumbrada a quedarse con la foto de tapa de todos los diarios en cada uno de los actos, esta vez deberá librar una dura batalla para apoderarse de la exclusividad de ese espacio. Ayer a la tarde, después de un debate que duró más de una semana, la Federación Tierra y Vivienda (FTV), que lidera el funcionario-piquetero Luis D’Elía decidió activar una contramarcha.
El acto se hará a las 18 frente al Obelisco, a poco más de mil metros de la citación de Blumberg, prevista para una hora más tarde. Junto con D’Elía y otros grupos de piqueteros oficialistas estará otro de los artífices de la manifestación, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. La iniciativa, que cuenta con el visto bueno de la Casa Rosada, persigue el objetivo de repudiar las “propuestas represivas” y de “defender” al presidente Néstor Kirchner.
Mucha agua ha corrido debajo del puente desde aquel 1ø de abril de 2004, cuando Juan Carlos Blumberg convocó en el Congreso a 150 mil personas para reclamar por la inseguridad. El crimen de Axel estaba muy presente y la conmoción social no daba lugar para gestos de desagrado. Pero al poco tiempo el panorama comenzó a cambiar y si bien hubo gente que se encolumnó detrás de los proyectos del ingeniero también surgieron organizaciones de derechos humanos y sectores garantistas que advirtieron sobre el peligro de plasmar en leyes sus iniciativas. La polémica no pudo impedir que en el Congreso —con Blumberg mirando todo desde el palco— se endurecieran las leyes para intentar bajar los índices del delito algo que, en rigor, no sucedió.
Las dos marchas que siguieron fueron consideradas en el Gobierno como una estocada, más allá de que se hicieron frente al Congreso y a los Tribunales y nunca tan cerca, como ahora, de las narices del Ejecutivo. Quizá por eso la de hoy está envuelta en una fuerte politización.
Pese a que en el palco no habrá ningún político, en la Plaza se verá a los líderes del PRO, Mauricio Macri y Ricardo López Murphy —ambos prometen ir como ciudadanos y caminar entre la gente—; a la titular de Unión por Todos, Patricia Bullrich; al piquetero y líder del Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados, Raúl Castells; a referentes de organizaciones no gubernamentales y a representantes de colegios católicos.
En un escenario ubicado en la mitad de la Plaza, de espaldas a la Casa Rosada y de frente al Cabildo, Blumberg leerá un petitorio que rechazará el proyecto de reforma del Código Penal que impulsa el Gobierno (ahora congelada), pedirá la implementación del juicio por jurados, la urbanización de villas y la baja de edad en la imputabilidad de menores. Y se insistirá con la creación de un FBI argentino, una idea que causa aversión en los organismos de derechos humanos.
Por temor a que tanta gente movilizada ocasione algún incidente, el propio Kirchner le ordenó anoche al Ministerio del Interior y a la Policía Federal que no difundan detalles del operativo de seguridad. “Es para no avivar a posibles infiltrados”, adujeron. Se sabe que, antes de confirmarse la contramarcha, la Federal había dispuesto que trabajen más de mil hombres, lo que hace suponer que en las últimas horas se rediseñó el operativo y se dispusieron más efectivos.
Es que en las oficinas de la Fundación Axel se cree que la concentración será similar a la que llevó a Blumberg a convertirse en un referente social. “La infraestructura está pensada para 200 mil personas”, revelaron sus hombres de confianza, que ayer a la tarde estuvieron en el despacho del jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, para acordar detalles que tenían que ver con la luz, el sonido y el escenario.
Este contenido no está abierto a comentarios

