BOCA DEFENDIÓ LA PUNTA CON MUCHA AUTORIDAD
Boca salió a jugar como si nada. Relajado, muy metido en lo suyo, se aferró desde el vamos al estricto planteo que hizo Bianchi. presión, presión y más presión. Esa fue la consigna que rápidamente le dio buenos resultados. Porque Independiente, en medio de la presión, salió a jugar con audacia, lejos de su arco y mirando el arco de enfrente por sobre el propio. Conclusión: terminó entregando muchos espacios en el fondo y ahí Boca fue letal.
El ida y vuelta que se vio en los primeros minutos hizo imaginar un clásico para el aplauso, bien jugado y plagado de audacia. Sobró emotividad en esa primera media hora en la que, es cierto, también hubo imprecisiones de uno y otro lado.
Pudo convertir el local, cuando el chiqutín Manso sacó desde fuera del área un zurdazo alto que Abbondanzieri manoteó hacia un costado. En la ráplica, llegó Boca: Donnet, con muchos espacios por delante, corrió treinta metros con la pelota y apenas pisó el área remató bajo, cruzado, y casi termina adentro.
A esa altura, la paridad estaba instalada y el peligro se repetía en los arcos. Pero siempre daba la sensación de que Boca tenía bien claro lo que quería. No extrañó, entonces, que Barijho, de una racha implacable, se anticipara a toda la defensa para marcar el gol, cuando se jugaban 18 minutos de la etapa inicial.
En medio de la desesperación, Independiente se adelantó diez metros. Quiso tapar la salida y lo único que logró fue abrirse en defensa. Iba y ganaba Donnet por la derecha. Barijho, sin marcas, arrancó a todo tranco y no había manera de frenarlo. Todo, pero todo, era de Boca.
Así llegó el segundo. Fórmula repetida. Desborde por derecha de Donnet, nadie en la marca, centro atrás como dicen los libros y, cuándo no, apareció Barijo para cambiarle la dirección a la pelota.
El partido, claro, se hizo bárbaro. Porque Independiente, con las manos atadas y expuesto al cachetazo, se fue a la carga barraca. Para qué. Boca, en lugar de replegarse y esperar, prefirió salir rápido por los costados. Cangele, sin marcas y con todo el tiempo del mundo, la empujó debajo del arco para el tercero, momentos antes de que terminara un primer tiempo bien movidito.
A Independiente no le quedaba otra que jugársela. ¿Tenía resto para intentar la hazaña? No, sinceramente. Para colmo, los ataques de Boca tenían siempre olor a gol. Llegó el cuarto, otra vez del implacable Barijho, y a esa altura los hinchas deliraban, al canto de que “vamos a salir campeones.” Independiente, desamparado, se limitó a empujar y así llegó el descuento a través de Caggiano.
Fue todo de Boca, entonces. Que anda y anda.
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