Boca dejó pasar su chance de ser único puntero
Algún embrujo o efecto electrizante parece haber quedado flotando en la Bombonera desde el increíble 5-4 de Independiente, como si un gol produjera un efecto contagioso. No importa si se juega muy bien o mal, si el desarrollo es trabado o el juego es fluido. Los goles se independizan del contexto e irrumpen con su poder transformador. En cuatro minutos, entre los 39 y los 43 del primer tiempo, hubo tres goles. Y por muy poco la cuenta no se estiró a cuatro si Orion no le tapaba la definición a Valeri en el contraataque que condujo Camoranesi. El vértigo se extendió al comienzo del segundo tiempo, con el cabezazo de Goltz (mala salida de Orion en un córner) para un 2 a 2 que ponía al cotejo en una montaña rusa. Quizá semejante caudal de emociones no se correspondía mucho con la poca claridad que habían tenido los dos en los últimos 25 metros, pero servía para romper ataduras, para que el partido se moviera más al ritmo del riesgo compartido que del cálculo.
Si bien Boca y Lanús tienen en sus agendas marcados con resaltador los compromisos por la Copa Libertadores, la importancia del encuentro quedaba demostrada desde las formaciones de los dos: ponían lo mejor, no se guardaban nada, salvo la ausencia forzada por un estado gripal de Maxi Velázquez. A Boca le interesa seguir en la discusión de los primeros puestos de un torneo que todavía se está armando y Lanús, por el plantel que tiene, no se podía permitir una derrota más tras las cuatro consecutivas que arrastraba.
Este Boca ya no es tan parejo y lineal como lo fue en el semestre anterior, el del título del Apertura. Por momentos conserva algunos tics de aquel equipo bien parado y con oficio, pero en otros se alarga mucho, deja espacios y se expone a sufrimientos que no eran habituales. La cuestión física no es un detalle menor. El trajín acumulado le pasa factura a un grupo con un promedio de edad más cerca de los 30 años que de los 25. Muchas veces, Boca vive al filo, cuando era normal verlo pisar tierra firme.
De Lanús casi siempre se espera un poco más de lo que termina plasmando. Para lo que es el medio local, tiene jugadores que más de un rival le envidiaría. Quizá le falta convencerse más de sus posibilidades, salir del papel de promesa, de amenaza que se queda en insinuaciones. Tiene momentos interesantes, pero no pega el estirón para pasar a una dimensión superior. Si se conforma con el empate de ayer, eso indica que sus ambiciones son recortadas. Porque hay que reconocerle el mérito de haber remontado un 0-2 que Boca había conseguido en dos minutos, pero en buena parte del segundo tiempo pudo haberse llevado el premio mayor de un triunfo. Boca ya se había descubierto en sus debilidades y debía afrontar la última media hora con uno menos por la absurda expulsión que provocó Clemente Rodríguez. Lanús había empezado a soltar más a Regueiro y Camoranesi para acompañar a Pavone, pero le faltó más decisión. Como a Schurrer desde el banco, que no arriesgó con algún cambio ofensivo para darle el golpe definitivo a un rival que estaba tambaleante.
Reapareció Riquelme y fue el mejor. Con su toque y panorama desahoga a un equipo al que no le sobra criterio. Este Boca ataca sin mirar tanto para atrás, como ocurría hasta hace poco. A los partidos ya no los estudia tanto, sino que los afronta con un aire más audaz, al menos en la Bombonera, donde pone no menos de cinco jugadores en situación de ataque. Ni eso ayuda a que Silva corte su larga sequía de gol, que compensa con movimientos colectivos que favorecen a los compañeros (por ejemplo, con el taco en el gol de Riquelme), aunque Boca lo sigue esperando como el hombre de área que sentencia resultados. Anoche luchó mucho, pero no estuvo cerca del gol, ése que encontró Mouche cuando quiso tirar un centro, y también Riquelme, que peleó en el área por esa pelota que le quedó para la definición.
Paradójicamente, con el 2-0 empezó el calvario de Boca porque enseguida descontó Pavone de cabeza ante una defensa desparramada. Del triunfo rápido Boca pasó a un empate no menos relampagueante. Después se aquietaron los dos. Boca porque no le quedó más remedio y Lanús porque le faltaron vitaminas.
La quinta amarilla de Rivero
El volante Diego Rivero será otra de las bajas que presentará Boca para medirse con Estudiantes. El Burrito llegó al límite de cinco tarjetas amarillas y su ausencia se agrega a la del defensor Clemente Rodríguez, que fue expulsado.
Una injusta expulsión para el DT
El entrenador de Boca, Julio Falcioni, por segunda vez fue expulsado por excederse de los 15 minutos que debe demorarse el reinicio del partido, tras el entretiempo. Lo llamativo e injusto fue que cuando al DT le comunicaron la decisión del árbitro Pezzotta, recién se cumplían 14 minutos y 40 segundos.
Rompió una doble racha
Con el empate, Lanús le puso fin a una doble racha negativa. Por un lado, Mariano Pavone rompió con los 313 minutos que acumulaba el conjunto del Sur sin convertir. El último era obra de César Carranza, ante San Martín (SJ). El empate le permitió, además, quebrar la serie de cuatro tropiezos consecutivos.
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