BOCA FUE SUPERIOR Y SUPERÓ A RIVER 2 A 0
Siempre se dice que los Superclásicos son partidos con mucha tensión y donde el fútbol sólo aparece de a ratos. Esta vez, la historia fue distinta. Boca ganó con una superioridad evidente sobre un River demasiado flojo y al partido le terminaron sobrando unos 40 minutos. Y, para colmo, el equipo de Bianchi agregó a su potencia y concentración habituales ese toque de distinción que suele tener su clásico rival. Lo que se dice una victoria completa, que no fue por más goles porque faltó la contundencia que tal vez hubiera aportado el gran ausente, ese Carlitos Tevez del que tanto se había hablado en la semana.
Todo comenzó a puro nervio, con mucha presión de los dos cuando el otro tenía la pelota. Y la primera clara fue a los 7 minutos para Boca, que estuvo muy cerca del gol cuando apareció una de las habituales dudas de la defensa de River. Iarley, en uno de sus mejores partidos para el equipo de Bianchi, recibió muy solo un centro en el área, la bajó, Rojas y Ameli no llegaron a rechazar bien y Barijho la cruzó al medio ante la salida de desesperada de Costanzo, pero no llegó nadie para empujarla al gol.
River manejaba bien la pelota de mitad de cancha para adelante. Sin embargo, le faltaba profundidad. Después, sus problemas se acentuarían.
Boca, mientras tanto, mantenía su concentración de siempre para marcar y para golpear arriba al rival en cuanto se descuida. Y casi lo tuvo también a los 12, en una muy buena de Iarley, que dejó solo a Barijho ante Costanzo. El delantero adelantó demasiado la pelota y permitió la salida del arquero, que tapó muy bien abajo. Era otro aviso para la última línea del equipo de Pellegrini.
A los 15, Barijho, que se lesionó en una de las primeras jugadas del partido, no pudo más y fue reemplazado por Colautti.
Y Boca empezó a ahogarlo a River. Con la presión en la mitad de la cancha pero además con el aporte de Perea y Clemente Rodríguez empujando desde los laterales, el buen juego de Iarley y Donnet y la inteligencia del recién ingresado Colautti. Donnet, precisamente, estuvo muy cerca de llegar al gol a los 19, luego de una subida de Clemente por la derecha. A Boca le faltaba muy poco para ponerse arriba.
River recién preocupó con una aproximación al arco de enfrente a los 24, pero el tiro de Cavenaghi, desde un costado, se fue muy desviado.
A los 28 Boca volvió a llegar a fondo. Colautti se la bajó de cabeza a Iarley, que se la tocó por arriba a Costanzo pero demasiado fuerte y la pelota se fue por arriba del travesaño. Y un minuto después Colautti no pudo pararla cuando estaba solo de cara al arco. La preocupación de Boca ya empezaba a pasar por aquella vieja frase futbolera que dice que los goles que no se hacen en un arco se sufren en el propio.
Pero a los 37 pudo finalmente concretar su superioridad. Fue a través de uno de sus mejores jugadores, Sebastián Battaglia, que le sumó un gol a su enorme actuación de la primera mitad. Después de un centro, Battaglia apareció solo para cabecear en el área y poner la pelota abajo, lejos de Costanzo. El festejo ya tenía dueño completo y no podía ser más justo.
Todavía hubo tiempo para que River tuviera que agradecer que el resultado fuera sólo de 1 a 0 en contra al final del primer tiempo. Mientras desde la tribuna bajaba uno de los cantos más hirientes que puede recibir un jugador (“Y pongan huevos…”), Boca seguía con su paseo en la cancha. Hubo tres claras de Colautti, la mejor una a la salida de un corner en la que el pibe remató desde el borde del área chica y Costanzo manoteó para que pegara en el palo. No fue gol de milagro.
Al final del primer tiempo, Boca tenía todo para alegrarse, salvo que no pudo rematar un partido que aparecía demasiado fácil. Claro que del otro lado, del de River, la única esperanza era que sería muy complicado jugar peor en los 45 minutos finales.
Desde los vestuarios, River salió con cirugía mayor: entraron Montenegro y Lucho González por Mascherano y Coudet. Y ya a los 25 segundos River tuvo la más clara de todo el partido, en una salida desesperada de Abbondanzieri en la que Montenegro capturó el rebote pero le pegó demasiado por arriba.
Montenegro entró con ganas de dar hoy todo lo que no había podido jugar hasta ahora en River. Ilusionó con un par de arranques y le dio al equipo en ese primer momento una chispa que no había tenido en el primer tiempo. Boca en cambio se quedaba muy atrás y ponía sus cañones en aguantar y liquidar con algún contraataque.
Y el segundo de Boca llegó en una jugada inexplicablemente tonta para lo mucho que estaba en juego. Iarley le robó a los 7 minutos la pelota a Rojas en un lateral, llegó al área, hizo un par de enganches y con un tiro al primer palo quebró la resistencia de Costanzo. Era el 2 a 0 y el delirio absoluto para la tribuna visitante.
En River no aparecía nadie para cambiar la historia. Cavenaghi tuvo a los 15 una muy clara para descontar, que hubiera puesto de vuelta a su equipo en el partido. Pero su toque suave ante la salida de Abbondanzieri se fue por un costado y no llegó a empujar Husain, que llegaba por el medio.
Pellegrini trató de encontrar otra vez las respuestas en el banco e hizo ingresar a Maxi López por Darío Husain. Pero fue poco lo que pudo hacer el pibe en medio de un equipo desconcertado.
En Boca aparecían todos. Y el brasileño Iarley tuvo su consagración, en una tarde en la que manejó los hilos del equipo y enloqueció a una defensa de River que nunca supo cómo pararlo. Atrás, Perea puso todo y fue uno de los puntos más firmes. Y Cagna paseó su experiencia para manejar los tiempos.
A unos veinte minutos del final, mucha gente de River empezó a dejar el estadio, como muestra de la impotencia que se transmitía desde adentro del campo y que se reflejaba afuera. Para colmo, desde la tribuna visitante viajaba la inevitable cargada y el recordatorio de que la gloria internacional de Boca todavía puede crecer este año (“El que no salta, no va Japón”). Muchos de los de River que se quedaban en el Monumental, insultaban al técnico Pellegrini.
Después hubo tiempo para un tiro de Lucho González que parecía que era el descuento, pero que pegó en el palo. Estaba visto que no era la tarde de River.
El Boca de Bianchi recibió el final del partido con satisfacción. Porque volvió a dar un paso de gigante para llevarse este Apertura. Y porque ganó en una de las pocas grandes canchas del mundo en las que todavía no había podido saborear la victoria. Para una tarde de clásico, no es poco.
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