BOCA HIZO CASI TODO PERO SÓLO PUDO LLEVARSE UN CERO
Los aplausos del final, los reconocimientos de una Bombonera repleta hacia un equipo que nunca dejó de buscar, dejaron la inequívoca sensación de que Boca está de pie. Es cierto, apenas empató sin goles, y de local. Pero de ninguna manera está resuelta la cuestión.
Anoche fue más y mejor que Once Caldas, que salió sin rubores a empatar. No pudo el equipo de Bianchi. Le faltó el gol, nada más y nada menos. Pero ya lo habían dicho sus jugadores después de haber eliminado a River. “A Boca nunca lo den por muerto” (Abbondanzieri). “No hay que menospreciar al campeón del mundo” (Barros Schelotto).
El jueves que viene, allá en Manizalez, se conocerá el nuevo campeón de la Libertadores. Mientras, entre tantos números ganadores que lleva cosechados el Boca de Bianchi, conviene traer al presente aquel empate de local con Palmeiras (2-2) en 2000, antes de ir a San Pablo, volver a empatar (0-0), y ganar en los penales en el Morumbí.
Once Caldas ayer se llevó algo que valoró como un triunfo, considerando lo poco que ofreció. De arranque hubo sólo un equipo en el campo. Boca. Que quiso y que buscó. Once Caldas respetó tanto pero tanto a su anfitrión, que renunció a atacar antes que Boca comenzara a presionar.
Y así, entonces, la pulseada quedó enfocada rápidamente en la zona del arquero Henao. El mayor pecado que cometió Boca, durante su dominio inicial, fue repetir la fórmula: insistió demasiado por la izquierda. Por la ruta de Clemente Rodríguez-Cagna, con centros para un Barijho que insinuaba más de lo que producía. Los pibes Alvarez y Ledesma, por el otro lado, aportaban más claridad. El tema era que intervenían poco en el juego.
El travesaño de Once Caldas le dijo no a Boca dos veces. Primero neutralizó un cabezazo de Barijho, después un derechazo de Ledesma. Más tarde, otro centro pasado de Cagna no fue conectado por Alvarez, que llegó como una locomotora. ¿Los colombianos? La cuestión era aguantar. Y hacer negocio. Agudelo era el único punta en el dibujo presentado por el técnico Luis Montoya. Pero en cuanto Boca tuvo su primer tiro libre, no quedó ni Agudelo cerca de Abbondanzieri.
En este contexto, el árbitro uruguayo Gustavo Méndez se preocupó esencialmente por sacar el partido adelante, no por conducirlo. Y se guardó las tarjetas para otra ocasión. Para el final del partido, cuando al fin repartió amarillas. Por eso durante la primera etapa Valentierra (lo lesionó Barijho en una jugada en la que el juez cobró infracción para el equipo argentino) fue reemplazado por Araujo.
Luego, en el complemento, aquella mejor producción de Boca por la derecha, con un Ledesma que se consolidó como figura, terminó de explotar con un Barros Schelotto mucho más activo. Y la pelota siguió cayendo, cada vez con mayor insistencia, en el área de Henao. Y se perdió el gol Barijho. Después Cagna, después Burdisso. Otra vez Barijho. Después Alvarez… Once Caldas se defendía como podía, ya no dependía de la firmeza de los centrales (Vanegas y Cataño) como había ocurrido en la primera parte. Ahora dependía de Henao. De la mala puntería de todo Boca. Y de cierta ayuda celestial que parecía proteger su arco.
Un bombazo de Soto, de contra, se fue apenas alto. Y, en el final, un tiro libre cerrado —también de Soto— dio en el travesaño luego del manotazo del Pato. Hubiese sido demasiado premio para Once Caldas llegar al gol. Hubiese sido demasiado castigo para Boca. Que tuvo todo menos el grito sagrado. Ahora, en la revancha, podrá contar con Vargas, Cascini y Tevez. El cero a cero no definió nada. Sólo que Boca quiso más y no pudo. Por ahora…
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