BOCA INTENTÓ EL MILAGRO PERO PERDIÓ POR NOCAUT
No hubo milagros inesperados: se terminó la Copa Sudamericana para Boca. Un torneo al que le dio la espalda muy pronto y al que Bianchi calificó de “poco serio”, a pesar de que mandó a Colombia cuatro suplentes menos y a uno (Pablo Jerez) lesionado. Y terminó con una imagen que no tiene nada que ver con el Boca de los últimos tiempos: goleado, humillado, vapuleado, bailado. Y con una de las derrotas más abultadas en la era Bianchi. Porque enfrente tuvo a un equipo que jugó con total responsabilidad y, cuando pisó el acelerador, lo pasó por arriba. Es cierto, Boca apuesta a River, al Clausura y al Milan. Pero a nadie le debe gustar que termine con esta imagen poco feliz.
Tres adjetivos resumen el primer tiempo: atractivo, intenso, emotivo. Y Boca pasó en un minuto de la noche soñada a la noche más profunda. Porque, más allá de que arrancó mal por la presión inicial de Nacional, fue el conjunto que anoche dirigió Carlos Veglio el que abrió el juego de la ilusión con un golazo de Javier Villarreal, quien colgó del ángulo derecho de Velásquez un derechazo desde 28 metros. Pero el cuadro colombiano ni siquiera lo dejó respirar porque, en la jugada siguiente, y tras varios rebotes, Caballero salvó un mano a mano y Edixon Perea empujó el 1-1 (aunque Rezende se lo dio a Carmelo Valencia).
Antes y después de ese minuto decisivo, Nacional le metió toda la presión a Boca. Más allá del afecto que sienten los colombianos por los colores azul y amarillo por el pasado exitoso de compatriotas de la talla de Córdoba, Bermúdez y Serna, Boca se sintió bien visitante en el Atanasio Girardot. Empujado por su gente, Nacional lo atoró, le quitó la pelota (la mayor parte del tiempo estuvo en poder de los de camiseta verde y blanca) y, cuando la tuvo Freddy Grisales, fue baile, incluso con algunos lujos que terminaron en el ole de la tribuna. Toque, amagues y gambetas formaron parte del repertorio de Totono, bien secundado por Hurtado, artífice del segundo gol.
Este Boca mostró muy rápido que es un equipo que no tiene rodaje y que tuvo una defensa en línea de tres improvisada, armada de apuro, que evidenció muchos desacoples. Por el lado de Pablo Alvarez (muy nervioso; pocas veces paró a alguien). Y por el de Luis Perea, quien dio muchas ventajas: tuvo problemas en la marca, el perfil cambiado en los cierres y quedó a contramano en el 2-1 colombiano. Que nació en un error de Cangele —perdió la pelota en ataque— y terminó con una gran definición de Grisales.
Pero Boca no sólo tuvo problemas atrás. También le costó generar fútbol. Porque, a pesar de Villarreal (corrió, estuvo enchufado y se mostró como un buen lanzador), le faltó el conductor. Falló Fabbro, que fue intrascendente. Caneo estuvo más preocupado por darle una mano a Luis Perea. Y tanto Estévez como Cangele debieron bajar mucho para tomar contacto con la pelota y trasladarla muchos metros hasta el área colombiana.
En el segundo tiempo, Nacional lo dejó venir a Boca, que mostró una tibia reacción. Pero, por más que capturó la pelota, no supo administrarla y nunca llegó a ser protagonista. Cuando el local recuperó la clase de Grisales, la chispa de Hurtado y la voracidad de Edixon Perea, terminó aplastando a Boca. Y los goles de Hurtado y de Giraldo (había entrado un minuto antes) terminaron redondeando la goleada y encendiendo la fiesta de todo un estadio que gozó como nunca frente al campeón de América…
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