BOCA LE GANÓ 2 A 0 A SANTOS Y VA TRANQUILO A LA REVANCHA
Boca dio un paso, un gran paso hacia su objetivo. ¿Definitivo? No parece. Por varias razones. Fundamentalmente porque enfrente tiene (y tuvo, claro) a un rival, Santos, que no es cualquier cosa. Juega bien en serio y más allá de que se fue de la Bombonera con una derrota dura, de dos a cero, hay que respetarlo porque en cualquier momento puede lastimar. De hecho, esta noche no mereció irse con dos goles abajo. Por lo que hizo y también porque Boca nunca lo pasó por encima. Incluso, cuando llegó el segundo gol, todos en el estadio tenía la sensación de que llegaba el empate. En fin, ganó Boca y ahora le tiró encima la responsabilidad a Santos. Que no es poco, por cierto.
Se presentó complicado el partido para Boca. Fundamentalmente porque arrancó siendo un equipo largo, sin comunicación entre líneas. Cada uno hacía la suya. Delanteros por un lado, volantes por otro y lejos de todos, los delanteros. Así, claro, no había forma de llegar ni de armar algo serio. Para colmo, la cancha estaba muy rápida y los jugadores no lograban dominar la pelota. Tevez, sin la luminaria de otras noches, no pudo sacarse de encima la marcación y obligó a que el mellizo Guillermo se tirara unos metros para tomar la conducción. Delgado, muy recostado sobre la izquierda, tampoco tuvo en el arranque el protagonismo que necesitaba su equipo.
Fue una media hora en la que Santos la pasó de lo más bien. No llegó, es cierto, pero el cero a cero le daba tranquilidad e incluso lo animaba a ir por más. Pero el partido, durante ese lapso, se jugó lejos de los arcos. Hasta que Delgado hizo una de las suyas. Arrancó con la pelota casi en el lateral, amagó un par de veces y enfiló hacia el medio. Todos esperaban (también él, seguro) que iba a llegar el centro al corazón del área. Pero el Chelo, tan discutido como importante en paradas difíciles, sacó un derechazo bajo, sorpresivo, que se le metió junto a un palo al arquero. ¿Qué hizo Delgado? Corrió cuarenta metros y se abrazó con su amigo del alma. Ni más ni menos que Juan Román Riquelme, quien estaba camuflado en el túnel.
Gol, en el peor momento de Boca. No porque la pasara mal en su arco sino porque le falta caudal del juego y tenía muchos problemas en los traslados. Para colmo, ofensivamente generaba poco. Sólo los centros cruzados que sacaban a la luz los problemas defensivos rivales. En una de esas pelotas cruzadas, Schiavi quedó a metros del arco y le dio con un caño. Era gol, pero el arquero la encontró en la línea del arco.
En el cuarto de hora final del primer tiempo se vio el mejor Boca. Ambicioso, ganador, seguro. Ahí hasta pudo ampliar la diferencia, más allá de que Santos no se quedó atrás y tuvo una chance en los pies de Robinho, ya en el descuento, que increíblemente definió mal.
En el segundo tiempo, Boca se tiró atrás. Un poco por decisión propia y otro poco porque su rival se adelantó diez metros. Y se dio un partido fuera de la lógica. Porque en Buenos Aires, el que atacaba era el Santos. Quería el empate y, vale decirlo, por momentos lo merecía. Pero llegó esa jugada rara, la más rara de todas, que se transformó en el segundo gol. Delgado, en un tiro libre común y corriente, le dio combado buscando una cabeza salvadora y la pelota, luego de picar muy fuerte, se metió. Gol y la diferencia perfecta para llegar a la revancha con tranquilidad.
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