BOCA LO DIO VUELTA DE LA MANO DE PALERMO
¿Quién imaginaba algo así? Porque en la previa, en esas imperdibles charlas futboleras, las apuestas pasaban por cuántos goles iba a hacer Boca ante el modesto Huracán de Tres Arroyos. Que dos, que tres, que cuatro… Todos los caminos conducían, la lógica así lo indicaba, a una diferencia abismal en La Bombonera. Pero el fútbol, se sabe, vive de los imprevistos. Veamos, si no. Apenas se jugaban cinco minutos y Gabriel González entró muy suelto de cuerpo al área, con su marcador que lo seguía a un campo de distancia. Encaró y definió bajo, de cachetada, entre las piernas de Abbondanzieri.
Gol, sorpresa y lógicas miradas de incredulidad. El nerviosismo de los hinchas se trasladó a los jugadores. Más después del hiriente cantó que sonó a mensaje de alerta: “Y pongan huevo, la p…”, caía desde las tribunas cuando apenas se jugaban diez minutos.
Ni hablar que se multplicaron las caras de preocupación después de las pelotas cruzadas que iban y venían adentro del área de Boca, sin que ninguno de los defensores acertara en la salida.
En ese cuarto de hora inicial se vio el peor Boca desde que Brindisi está al frente del equipo. Errores defensivos (muchos, muchísimos), falta de comunicación entre las líneas y nula presencia de los delanteros.
Boca, en realidad, no tenía claro qué quería. Atacaba casi por obligación y sus intentos frontales dependían de alguna genialidad de Tevez, quien se tiraba unos metros atrás para obligar a que salieran a tomarlo lejos. Esto lo hizo muy bien, pero no había nadie que se le acercara. Guglielminpietro jugaba casi pegadito al lateral izquierdo y de ahí no se movía. Palermo, en lugar de moverse en el corazón del área, justamente donde él más lastima, se tiraba a los costados para tirar centros inofensivos.
Boca tuvo lo suyo, momentos antes de los 35 minutos, cuando Ormazábal se mandó por el callejón del ocho y su remate salió apenitas afuera.
Lo increíble se vio en el minuto 43. Boca, a esa altura, era un cúmulo de voluntades, no más que eso. Izquierdo salió rápido, levantó la cabeza y los defensores seguía atornillados. La pelota vino al medio, Zapata tuvo tiempo de recibir, acomodarse y tirar a colocar. Se fue por arriba, junto a un ángulo.
No todo terminó en ese olvidable primer tiempo para Boca. Izquierdo metió un pase en profundidad, González tardó una vida en cortar y García, solo, remató bajo: Abbondanzieri dio un paso adelante y la desvió con las uñas.
Brindisi, muy molesto con el rendimiento del equipo, hizo algo inusual en el segundo tiempo: de entrada mandó a Matellan, Cascini y Cangele. Gastó de prepo los tres cambios. Y Boca siguió igual, más allá del atrevimiento de Tevez, quien abría espacios por la derecha pero sus compañeros no cerraban no todo lo que él fabricaba.
El partido entró en un pozo. Porque Boca no sabía cómo hacer para idear algo distinto y Huracán de Tres Arroyos se conformó con la diferencia.
De golpe s eenchufó Palermo y la historia se dio vuelta. Primero, con un zurdazo de media distancia, seco y esquinado, que hizo mover la red. Y después con una entrada fulminante que desnudó el cansancio de los defensores visitantes.
Así, casi sin darse cuenta, Boca pasó de punto a banca. Pasó, igual, un lindo susto cuando Cascini se durmió y Caggiano cabeceó afuera con el arco vacío.
Llegó el final y el suspiro de todos. Triunfo (2-1) que vale, en definitiva, pero las dudas siguen dando vueltas.
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