BOCA LO GRITÓ EN EL ÚLTIMO MOMENTO
La revancha de los octavos de final se jugará el próximo miércoles en la Bombonera.
Nadie lo esperaba. A diez minutos del final Boca, por más que tenía el dominio territorial y la pelota, no encontraba la puerta para entrar. Iba y chocaba contra su propia impotencia y también contra el cansancio del Sporting Cristal. Pero primero metió ese remate cruzado de Calvo y ya sobre la hora, el mellizo Guillermo metió un remate inatajable. Así, entonces, los de Bianchi se llevaron la victoria que los deja, de cara a la revancha, con un pie adentro en los cuartos de final.
Vaya primer tiempo. Raro, por cierto, desde donde se lo mire. Porque arrancó a uno por hora, con mucho estudio de por medio y de golpe todo explotó. Ahí hubo de lo que uno quisiera ver. Goles, emoción, asombro y, fundamentalmente, vértigo en ambas áreas.
Conviene ir por partes y decir que arrancaron para dormir a propios y extraños. Tanto se cuidaron que en el análisis global del cuarto de hora inicial cuesta encontrar situaciones de peligro netas. Incluso los arqueros casi ni participaron del juego.
Boca, dentro de este panorama, daba la sensación de querer un poco más. Cagna, en su rol de lanzador, trasladaba demasiado y los delanteros, Tevez y Guillermo, se pasaron la noche entera tratando de encontrar espacios entre los defensores locales.
Parecía que a los de Bianchi se les simplificaría el camino después del golazo de Tevez. Más allá de la definición, la jugada en sí obligó al aplauso largo. Es que Cagna hizo una pared con Clemente y el lateral despachó el centro atrás. ¿Quién venía por el medio? El Apache, que eligió el rincón y le dio con categoría.
A esa altura, estimulado por la diferencia, Boca se floreaba. Tocaba e incluso hasta se tomaba la licencia para hacer algún que otro lujo. Vargas iba y le ganaba las espaldas a sus rivales. Pudo tranquilamente llegar el segundo, pese a que de a poco empezó a recular y en medio de una desatención defensiva, Bonnet se elevó ante el estatismo de Perea y metió un cabezazo al segundo palo.
Todavía duraban los festejos cuando Quinteros sacó un derechazo de 25 metros que bajó de golpe y se le clvó arriba a Caballero. Nadie lo entendía. Es que un rato antes Boca era amo y señor y, casi sin darse cuenta, se fue en desventaja a los vestuarios.
Era injusto el resultado y más por al actutud de Boca en el segundo tiempo. Que sin jugar bien y a veces hasta repitiendo la fórmula de ataque, arrinconó a un rival que no daba señales de vida. Ganaba y no hacía pie. ¿Cómo se explica? Difícil. Pero los e Bianchi, pese a su insistencia, no podían meterla. Hasta que Calvo entró a la carrera y su derechazo cruzado casi rompe la red. El empate era un negocio fenomenal, pero en el último intento Guillermo Barros Schelotto (en su cumpleaños 31) la mandó adentro. Triunfo y la clasificación a cuartos que quedó en bandeja.
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