BOCA LO LIQUIDÓ A TALLERES EN UN TIEMPO
Los objetivos que Boca pone en juego están siempre un poco más allá. Se huelen al instante. Son su marca registrada. Boca sigue la marcha respaldado en su ortodoxo funcionamiento colectivo. No impresiona, no sorprende, pero impone condiciones. Apela, como es norma, a la solidaridad como estandarte. Y descansa en esa suficiencia positiva para encarrilar cada partido por el lado que más le conviene. Es un relojito. Normalmente le sale bien esa apuesta. Gana. Por ejemplo, repetido ejemplo, hace correr la pelota más rápido o apela a la pausa para descubrir algún hueco en zonas defensivas rivales. Con paciencia o con agilidad. Aprieta en forma casi descomunal a los rivales en la mitad de la cancha y perfora con paciencia cada obstáculo. Gana. Y es de uso y costumbre que le responden alternativamente las individualidades. En este choque con el puntero cordobés, sobresalió Burdisso cuando flaquearon Schiavi o Clemente Rodríguez. Y si Cascini y Villarreal andan imprecisos para el pase inicial, ahí está el chiquilín Cardozo para dar un sencilla clase de ubicuidad e inteligencia. ¿Guillermo Barros Schelotto aparece y desaparece? Surge Tevez. ¿Importan los oponentes? Por supuesto. Pero Talleres está desandando otro camino. Son dos equipos que viven realidades diferentes, aunque pelean por el liderazgo del Clausura. Y no se pueden comparar. Ni por el pasado ni por el futuro.
Boca le hizo sentir a Talleres, entonces, en donde se apoya su fortaleza de conjunto. Lo forzó en el medio de la cancha y con las apariciones vacías y alternadas fabricó situaciones peligrosas, con aroma a gol cerca de Gutiérrez. El imprevisto blooper de Abbondanzieri (cerca del final tapó un pelotazo frontal de Piriz Alvez) y el inmediato gol de carambola de Osorio, no lastimó la fe de Boca. Para nada.Especialmente porque al ratito una pifiada de Maidana le permitió a Tevez empatar y eso le quitó cualquier posible presión posterior. Y esa es mucha ventaja para este Boca de paso seguro y hambriento de éxitos.
Talleres fue fiel a los postulados previos de su entrenador. Arrancó y nunca renunció a discutir la pelota. Hasta el último segundo hizo eso. No se escondió para ver qué proponía Boca. Intentó cambiar ataque por ataque, fue un equipo digno. Modesto en su vuelo técnico, aunque con una estrategia ingeniosa; uso los envíos largos, cruzados, buscando las espaldas de Clemente, Burdisso o Schiavi. Y con la dúo Osorio-Piriz Alvez obligó al fondo de Boca. Trató también de hacer circular el balón con De Bruno primero y luego apostó a dividir la posesión de la zona central con el ingreso de Cappelletti, aunque ahí ya el partido fue de otro nivel, rutinario, con mínimas aristas atractivas.
Un tiempo duró la pulseada en serio, mano a mano. Boca marcó los ritmos, empujó a Talleres con las trepadas de Cardozo, las gambetas de Tevez, las apariciones de Calvo, la presencia de los volantes para ejercer superioridad numérica cerca del territorio de Gutiérrez. Y pese a que sufrió cuando el balón cayó en poder de Piriz Alvez y Osorio, estableció diferencias. En el juego y en el marcador. Lo fue dejando sin argumentos a Talleres, con ese andar tipo topadora.
Después se vio otra película. El esfuerzo de Talleres por acortar la distancia en el marcador. Los altibajos de Boca cuando no controla la pelota, pero nada cambió la perspectiva. Se le podrá achacar a Boca cierta displicencia. Como si economizara energías. Pero no es tan así. En un tiro libre desempolvó una maniobra de laboratorio ejecutada entre Guillermo, Tevez y Burdisso, que no terminó con la pelota en la red por los buenos reflejos de Gutiérrez. Boca es así. Da la imagen de estar dormido y de repente mete el estiletazo certero.
Convengamos, por otra parte, que no superó el examen el equipo cordobés. Pero se acepta que más allá del impulso ganador inicial, Talleres apunta a sumar, quedarse en Primera y luego si se le da, coqueteará con la vuelta olímpica. No conviene olvidarlo, reconociéndole el derecho a soñar. Boca maneja otros planes. Se sostiene erguido en el ámbito local y ambiciona como bien supremo la Copa. Con confianza y esencialmente con innegable suficiencia. Se nota que el equipo de Bianchi goza de todo crédito. Y que lo hace rendir. Fecha a fecha se ven las pruebas.
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